viernes, 18 de febrero de 2011

GENERAL JOSÉ LAURENCIO SILVA

PRÓCER DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA.

 
54 heridas recibió en su cuerpo heroico aquel guerrero.  En Ayacucho fue ascendido a general por el Mariscal Sucre, como fue ascendida también La Coronela Manuela Sáenz, en el mismo campo de batalla. Acompañó a Bolívar hasta su último minuto, lo vio morir. Con una camisa de seda de José Laurencio Silva fue que velaron a Bolívar y lo llevaron al ataúd, porque él mismo vio que estaba rota la camisa de Simón  y José Laurencio Silva buscó la mejor que él tenía.

Retrato del General José Laurencio Silva.  
Por Martín Tovar y Tovar (1827 - 1902) fecha: 1874

José Laurencio Silva (Tinaco, Cojedes, 7 de septiembre de 1791 - Valencia, Carabobo, 27 de febrero de 1873) fue un militar venezolano de destacada participación en las guerras de independencia hispanoamericanas. General en jefe del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia y los años subsiguientes. En total participó en 17 batallas y combates menores, durante la gesta emancipadora. Fueron sus padres José Dalmacio Silva, un pescador y María Casilda Flores de oficio comadrona. En 1810 se enrola en el batallón núm. 9 del Tinaco, con el empleo de subteniente de milicias. Ese mismo, bajo las órdenes del brigadier Francisco Rodríguez del Toro, participa en la Campaña de Coro.

Terminada esta campaña, Silva queda en guarnición, entre Baragua y Siquisique. En 1811, con el general Francisco de Miranda toma parte en las acciones para reducir la disidencia realista de Valencia. Tras la perdida de la Primera República, Silva se tiene que ocultar en los bosques de Guárico y Cojedes, donde lleva a cabo actividades de guerrillas. En 1813, cuando Simón Bolívar pasa por San Carlos, decide unirse al Ejército Libertador con un escuadrón de caballería. El 31 de julio de 1813 combate en la batalla de Taguanes. Entre ese año y 1814 participa en casi todas las acciones tácticas libradas en ese lapso.

Prisionero en 1814, escapa y desarrolla actividades guerrilleras en los llanos de Cojedes. Por este tiempo se une al general José Antonio Páez en el Apure y toma parte en hechos de armas que acontecen en aquel teatro de operaciones; así como en los que se llevan a cabo en la Campaña del Centro (1818). Después de la batalla de Calabozo (12.2.1818) es ascendido a teniente coronel. En 1819 actúa en la Campaña de Apure y allí permanece al lado de Páez mientras Bolívar desarrolla su ofensiva sobre Nueva Granada. En 1821 recibe el despacho de coronel después de su actuación en la Campaña de Carabobo.

Con Bolívar marcha ese año al sur y combate en la batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822. Luego de un año en Guayaquil y Quito sigue con Bolívar hacia Perú donde toma parte en la campaña libertadora. El 6 de septiembre de 1824 combate en Junín y el 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho. En esta acción recibió 3 lanzazos, por lo que fue ascendido a general de brigada. Luego de esto regresa a Venezuela, donde en 1827 contrae matrimonio con Felicia Bolívar Tinoco, hija de Juan Vicente Bolívar Palacios. En ese mismo año fue destinado a la Comandancia General de Guayana. En 1829 fue ascendido a general de división, y en 1830 Bolívar lo nombró en Santa Marta como uno de sus albaceas testamentarios y fideicomisarios.

Regresa a Venezuela en 1831 y está activo durante la Revolución de las Reformas. A pesar de que ya estaba retirado de la vida pública, tiene actuaciones aisladas en 1846 contra Ezequiel Zamora y en 1849 se puso al mando de tropas que combatieron contra Páez, teniendo el llanero que capitular. El 16 de diciembre de 1851 recibe letras de invalidez. El 7 de marzo de 1855, es ascendido a general en jefe.  En 1859, combate a los federalistas en el occidente de Venezuela, y ese mismo año, después de algunos enfrentamientos con Ezequiel Zamora en Barinas y Portuguesa, renuncia al cargo militar que desempeñaba.

Aquí es necesario contextualizar la situación de Venezuela para la época. Después de la guerra de independencia,  pasan los años, el pueblo engañado y traicionado,  la oligarquía se adueñó del poder, la república oligárquica se instaló, subordinada a poderes imperiales, los ricos se hicieron de las mejores tierras, de las riquezas, de las minas, y el pueblo que fue el que hizo la guerra de independencia y el que más sacrificó, quedó peor que antes, esclavos empobrecidos. Y fue así como se alza  de nuevo el pueblo y surge un nuevo líder: Ezequiel Zamora. Y viene la Guerra Federal y cuando Zamora derrota al ejército burgués en Santa Inés, la goda caraqueña y valenciana recurre a José Laurencio Silva, para que detenga al general Zamora y al Ejercito del pueblo Soberano, que luchaba por reivindicaciones sociales, entre ellas la repartición de la tierra al que la trabaja y  la consigna de hombres libres.

José Laurencio, monta a caballo y va y cruza su Tinaco y entra a su llano, se vuelve otra vez centauro. Pero él va pensando y cuando llega a las orillas del Río Guanare, del otro lado Zamora y el ejército del pueblo y él de este lado, con el ejército que también estaba formado por hombres del pueblo, pero en defensa de los ricos, de la oligarquía. Pasó de madrugada el río José Laurencio, cruzó el río en una pequeña embarcación con 4 o 5 soldados, se entrevistó con Zamora en el monte, conversó con Zamora antes del amanecer. Cuando salía al sol, vuelve a pasar el río hacia  la ribera norte, llamó a su estado mayor y se replegó. No quiso pelear contra el pueblo.

¡Ah!, la goda en Caracas y los periódicos, lo llamaron ¡cobarde!, ¡cobarde! Y le abrieron juicio y cuando fue al tribunal peló por el pecho y dijo: “¿Cobarde yo? Esta fue en Junín, esta fue en Ayacucho, esta fue en Carabobo. ¿Cobarde yo?”. Ese es el pueblo. Y así se retiró de la vida militar y pública José Laurencio Silva.  Luego de esto trabaja en algunos empleos de tipo administrativo hasta que decide retirarse de manera definitiva a la vida privada y se residencia en Valencia.


LA ANÉCDOTA DEL BAILE DE SIMÓN BOLÍVAR CON JOSÉ LAURENCIO SILVA.
Sin precisar si fue ingenuidad, ignorancia o imposición de la iglesia católica lo que motivaba a nuestros antepasados a celebrar los días destinados a los santos, (citemos el ejemplo de que siendo San Simón el 28 de octubre y San Antonio el 13 de junio), creían que eran esas fechas y no otras, las del onomástico de cada uno de los libertadores, y festejaban consecuentemente, a cada uno de ellos todos los años.
Coincidió entonces, que la visita anunciada del Libertador Simón Bolívar a la Villa Imperial de Carlos V (Potosí - Bolivia), fuera precisamente un 28 de octubre. Lo cual motivó un gran despliegue de recursos, la ciudad entera se engalanó para honrar la presencia de tan ilustre personalidad. La noche del 27 se iniciaron los festejos con bailes populares en la Plaza del Regocijo, danzas incásicas, fuegos artificiales e iluminación general de las fachadas. Se ofreció al Libertador una hermosa serenata ejecutada con instrumentos de cuerda y luego con la música de la Banda Militar Húsares de Colombia.
La aurora del día 28 fue saludada por descargas de artillería, y luego hubo un paseo matinal alegre y alborotado. A las 9 de la mañana se celebró una misa en la Iglesia de la Compañía de Jesús, el celebrante fue el capellán de Bolívar, y lo acolitaron los curas Calero y Juan de la Cruz, predicó el R.P. Castro de la Iglesia de San Francisco. Los empleados de la Casa de la Moneda y Banco de San Carlos ofrecieron un gran banquete en los salones más elegantes de dicho edificio. Cómo fueron los preparativos y los aspectos culinarios es otra historia, pues lo que se pretende en este relato es recordar detalles que algunos historiadores pasaron por alto en diferentes biografías hechas del Libertador.

Organizada la fiesta de gala, como se la llamaría ahora, en instalaciones de las Arcas Reales, donde además se improvisó un anexo para que pudieran reunir cómodamente por lo menos doscientas parejas, ahí estuvo Simón, ataviado no con sus galas militares sino vestido de "civil" como dirían hoy los militares, es decir, vestía un elegante frac de paño negro de corta levita, medias de seda, zapatillas de charol con hebillas de oro, corbata blanca, el consabido calzón corto de paño y por única condecoración la medalla de Washington obsequiada por el Presidente de Estados Unidos. Si mucho impactó su vestimenta, mucho más lo hizo su aspecto personal, pues por vez primera se había quitado las patillas y los bigotes. Bolívar no era un hombre de modales refinados, sin embargo la habilidad que tenía para manejar las Relaciones Humanas en el lugar donde se encontrare y con quien fuere, es por todos muy conocida. Es así, que en la mentada fiesta hizo lo suyo, conversó con todas las damas, con algunas mayor tiempo que con otras, en especial con la esposa del Gral. Quintana, bailaron juntos casi dos horas al son de la orquesta de piano y violines; cuando se produjo el primer descanso de los músicos, de inmediato sonaron los acordes de los Húsares de Colombia, cuyo ritmo contagioso entusiasmó hasta al más indiferente.
Mientras recorría el salón, pues, dicho sea de paso, no permaneció sentado ni un solo momento, el Libertador se percató de la presencia del Gral. José Laurencio Silva, cuyo color aceitunado de su piel lo hacía confundir con el personal de servicio es decir con los esclavos vestidos de libres, quienes oficiaban de garzones o saloneros. Silva estaba turbado pues ninguna de las elegantes damitas le concedió el honor de bailar una pieza, el desaire era muy notorio, tanto que Bolívar, decidió remediar ese mal momento pasajero como todo nubarrón.
Su excelencia esta ahora en medio de la sala, levanta la voz, hace una reverencia y dice:

“Señor José Laurencio Silva... Ilustre prócer de la independencia Americana, Héroe de Junín y Ayacucho, a quien Bolivia debe inmenso amor, Colombia admiración, Perú gratitud eterna, saben que el Libertador quiere honrarse en bailar ese vals con tan distinguido personaje”, dirigiéndose a la orquesta ordenó: Tocad un vals y caminando donde estaba asombrado José Laurencio Silva lo reverenció, ¿me concede el honor General?; y salieron al centro de la sala, el murmullo era unísono y valsearon como buenos amigos, recordando quizás las veces que lo hicieron en los campamentos de Apure, en el reposo de las campañas guerreras, al son del Arpa y las Maracas, así valsearon hasta que los aplausos de la numerosa concurrencia opacaron la orquesta.

Ilustración: José Ignacio Cabrujas
Este gesto solidario del Padre de la Patria Simón Bolívar, se aprecia el reconocimiento de los méritos de uno de los tantos héroes que hicieron posible la Independencia de Venezuela y Latinoamérica, al igual que su identidad y amor por la música nuestra. 


HOJA DE ASCENSOS MILITARES


DISTINCIONES: Obtuvo las jerarquías militares de su tiempo, logradas así:
1810 – Es Subteniente de Milicias en el Batallón Nº 9 de Tinaco, luego renuncia a ese grado militar y se incorpora a la Compañía de Cazadores de Aragua como Sargento Primero.
1813 – En el mes de septiembre es elevado a Teniente.
1814 – Después del sitio de San Mateo, será vivo y efectivo Teniente Veterano.
1817 – Se le asciende en Mucuritas, en el campo de batalla, a Capitán de Ejercito. 
1818 – Cerca de Calabozo el Libertador Simón Bolívar, lo eleva a Teniente Coronel.
1824 – Es proclamado, por el Mariscal Antonio José de Sucre, como General de la Brigada del Perú y Colombia. El mismo año 24 recibirá el despacho del Perú y el 25 de Colombia.
1828 – Después de someter a Guayana que se alza contra el orden Constitucional fue ascendido a General de División.
1855 – El Congreso Nacional le concede el grado de General en Jefe de los Ejércitos de la República.
Obtuvo las más altas condecoraciones que se les imponían a los Libertadores y héroes de Venezuela y América.
El Libertador Simón Bolívar le designo Albacea Tertamentario junto con Pedro Briceño Méndez, Juan de Francisco Martín y el Dr. José María Vargas.

Muere el aguerrido general Patriota el 27 de febrero de 1873, en Valencia, cargado de laureles, dejando una estela de excelente ciudadano, insigne militar, leal amigo de Bolívar y ejemplar ciudadano. Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional el 16 de diciembre de 1942.

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