sábado, 10 de septiembre de 2011

EL GENERAL JUAN GUILLERMO IRIBARREN


Los Iribarren, se establecieron en Araure desde los principios del siglo XVIII y el apellido  se encuentra en documentos de la época relativos a la Villa. Don Pedro Rodas, autor de un importante trabajo titulado Noticias y documentos relativos a la ciudad de Araure, publicado en 1903, registra que el 04 de Marzo de 1712 Don Juan Clemente del Valle al hacer una donación de una parte importante de sus tierras a la Virgen del pilar, presenta el documento correspondiente ante el escribano Juan Francisco Iribarren.

Juan Guillermo, nació en Araure (Edo. Portuguesa), el 25 de Marzo de 1797, hijo de Juan Bautista Iribarren, natural de Navarra, administrador de la Real Hacienda en Araure, y de Juana Goyena de Xuarez, natural de Araure y casados en la Iglesia Nuestra Señora del Pilar en junio de 1794.  Las primeras enseñanzas las recibe en el seno del hogar y a los 11 años, junto con su hermano José María ingresa en el Colegio Seminario Tridentino de Santa Rosa de Lima, en Caracas. Presencia los acontecimientos del 19 de abril de 1810.

En 1814, abandona el Seminario y se incorpora a las fuerza patriotas comandadas por José María Rodríguez con quien hace su bautizo bélico en la defensa de Ospino el 2 de febrero de 1814. Participa en las siguientes acciones: San Carlos, Valencia (1814); acompaña al general Rafael Urdaneta cuando éste reorganiza el ejército patriota en Humocaro Bajo. Auxilia, con las fuerzas de Urdaneta a Andrés Linares (17.9.1814), emigra a la Nueva Granada pasando por los llanos de Casanare con Miguel Antonio Vásquez, y forma parte del ejército de Apure que comanda José Antonio Páez. Pelea en la Trinidad de Arichuna (1815), Los Cocos y El Yagual y por su actuación en esta última batalla es ascendido a capitán.

El 28 de enero de 1817 participa en la batalla de Mucuritas siendo designado por Páez para comandar un cuerpo especial para operaciones en Barinas y Casanare. El 20 de abril del mismo año, con una unidad de dragones (caballería) vence al coronel José Navas en el combate de Banco Largo. Como recompensa, el general Páez le impone una condecoración, cuya presea (un escudo de oro) lleva grabadas las palabras «Arrojo Asombroso» y le da el despacho de primer comandante.

La trascendencia del triunfo estaba dada por el hecho de que la ocupación de este sitio permitía establecer el contacto del ejército republicano con las comarcas barinesas. En 1818 alcanza el grado de coronel y participa junto con Simón Bolívar en la Campaña de los llanos; en octubre Bolívar lo nombra miembro de la Orden de Libertadores. Ese año Guillermo Iribarren se casa en Cunaviche de Guayana con Candelaria Arana.

El General Juan Guillermo Iribarren
El 27 de mayo de 1819, es nombrado vocal de la junta de guerra que se reúne en la aldea de Setenta para decidir sobre la libertad de la Nueva Granada, allí se produce la deserción de un apreciable grupo de soldados del escuadrón de Iribarren. El incitador es un capitán de apellido Pérez, y el coronel Iribarren no tiene participación en este suceso. Superada esa crisis, sigue a la cabeza de su escuadrón bajo las órdenes del general Páez durante el 1820, en el ejército de Apure y participa en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821; apenas concluida ésta, el Libertador le encomienda perseguir a los dispersos del ejército español que huían hacia los llanos. Nuevamente a las órdenes de Páez se halla en el sitio de Puerto Cabello, y combate en la acción de Naguanagua (12.8.1822). En 1824 inicia una nueva faz de su carrera al ser nombrado comandante general del cuarto distrito militar de Venezuela. En 1826 no participa en el movimiento separatista de La Cosiata y mantiene su distrito al margen de los hechos.

ACTUACIÓN EN LA GESTA EMANCIPADORA

Según Morales Marcano, al referirse a Juan Guillermo Iribarren dice "el verbo de la libertad había encarnado en nuestro patricio educando; y aquilatándose su espíritu en la gestación misteriosa de la idea democrática que lo poseía faltaba sólo una ocasión propicia a la explosión del aliento marcial que le impulsaba al campamento de los libres, y cuyas manifestaciones en los asuetos de la vida claustral del seminario, consistía en simulacros de batallas que formaba, con sus jóvenes cofrades y que resolvía en catástrofe para las armas reales y triunfos de Bolívar"

(1814)  "En el curso de la peregrinación de su noviciado militar hizo sus primeras armas a la orden del General Rafael Urdaneta". "El Comandante Miguel Antonio Vargas fue designado por Urdaneta para organizar en Casanare un cuerpo de caballería, se ha dicho que Juan Guillermo Iribarren estaría en este grupo. Ya el 2 de Febrero, esta combatiendo en la defensa de la plaza de Ospino, a las órdenes del eminentísimo Comandante José María Rodríguez, español que con tanto arrojo lucho a favor de la causa emancipadora y cuyos hombres según la memoria de Urdaneta eran "modelos de bravura y de constancia en la adversidad" Según Boletín Oficial, dado en el Cuartel General republicano, en Valencia, el 17 de febrero, y publicado en la Gaceta de Caracas.

Dice así este documento: "El 2 del corriente se presentó delante de la villa de Ospino el Teniente Coronel Gogorza, con trescientos infantes y cien caballos, para auxiliar los doscientos hombres del Batallón de Barlovento, que al mando del capitán José María Rodríguez sostenían la plaza, sitiada desde el día primero por el canario Yánez, a la cabeza de doscientos fusileros y setecientos caballos. Un combate sangriento se empeñó entre ambos cuerpos; pero al cabo de una hora fue derrotado completamente el enemigo, con pérdida de la mayor parte de su gente, y entre ellos el mismo Yánez"

(6-10-1816) Batalla de los Cocos. En el Yagual (8-10-1816). Obteniendo el grado de Capitán.
(1817) Mucuritas (Enero). Batalla de Banco Largo. (Marzo) Se le concede el Escudo "Arrojo Asombroso" por su extraordinaria actuación en esta victoria. El Capitán Juan Guillermo Iribarren apenas, con veinte años de edad "al mando de quinientos aguerridos hombres del "Batallón Dragones", sorprendió a los realistas con tal ímpetu y pujanza que en acción solitaria los hizo rendirse, fue tan fulminante la sorpresa tan súbito y fragoroso el acometer que pasmado el enemigo de tan inconcebible audacia y creyéndose acometido por el ejército entero del temible Páez, apenas si acertó en su pavoroso aturdimiento a disparar un solo tiro que, postro sin vida al valeroso Sargento Roso González, única víctima que cobró a nuestro dragones vencedores" En esta Batalla las bajas realistas y prisioneros eran incontables.

Al llegar triunfante Páez enseguida expidió un Decreto especial condecorando al Capitán Juan Guillermo Iribarren, con un escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" medalla ésta, única concedida por Páez en todo el curso de su dilatada carrera. Con los prisioneros se conformó el Batallón de Infantería "Bravos de Páez" y luego más tarde en la incomparable Campaña de Cundinamarca, recibieron el título glorioso de "Vencedor en Boyacá". El Libertador por su parte al conocer la hazaña de Iribarren lo ascendió al grado de primer Comandante, haciéndolo reconocer al mismo tiempo como jefe nato de sus "Husares". El 31 de diciembre de 1817 es ascendido al grado Coronel vivo de caballería.

(1818) Las Galeras de Ortiz. Combate en las Galeras de Ortiz, donde es herido el Comandante Genaro Vásquez y rescatado por Juan Guillermo Iribarren.
(1818) Participa en el Combate de San Carlos en el mes de abril y en el mes de mayo en la Batalla de Cojedes. En Octubre de 1818 se le concede la orden de los Libertadores.
(1819) Convocado por el libertador para conformar la Junta de Guerra para emprender la Campaña de Nueva Granada.
(1820) Se mantuvo a las órdenes de José Antonio Páez, en el Ejército de Apure.
(1821) Batalla de Carabobo.

(1824) Fue designado como Comandante General del Cuarto Distrito Militar de Venezuela, "en cuyo cargo presto servicios, en la organización y administración de su gobierno, sobremanera estimables, en esta nueva faz de su carrera desplegó dotes de mando que, cónsonos con las ideas de su época y con la índole de los pueblos que gobernaba, lo formaron, especialmente en la comarca del Guárico, era enérgico para hacer el bien y extirpar el mal, amigo y decidido protector del mérito, intransigente con el desorden, irreconciliable con el vicio y el escándalo.

En medio de estas pacíficas tareas con las que se esmeraba en consolidar el establecimiento de la moral y la libertad a la que había contribuido a alcanzar, llegó a sus oídos el sordo rumor de aquella amenazante perturbación política iniciada en el Congreso de Valencia (1826) Llamada la "Cosiata". Aunque fiel y constante amigo del General en Jefe José Antonio Páez, a quien proclamaban caudillo de los refractarios de Valencia. Iribarren, no reconoció el carácter y las tendencias extralegales de aquellos novadores contra la autoridad constitucional del Libertador, manteniendo una actitud circunspecta, expectante que bien a las claras cuentas significaban su opinión hostil a todo conato de revueltas. Cautivado grandemente el Libertador por la respetable conducta de Iribarren, en aquella crisis y por el género nuevo de servicio de su antiguo Coronel de los "Húsares". 

El 3 de Marzo(1827) es ascendido al grado de General de Brigada por decreto del Libertador y pocos días después el 28 de Abril muere en la ciudad de Calabozo Estado Guárico, donde se residió buena parte de su vida, con su esposa Candelaria Arana con la que contrajo matrimonio en 1819 en Cunaviche, Estado Apure.

Doña Candelaria Arana era hija de María Antonia Báez, dueña del Hato La Candelaria, donde posiblemente el Libertador y su Estado Mayor comenzaron a planificar la Batalla de Carabobo, posteriormente propiedad de Juan Vicente Gómez e inmortalizada en las páginas de la novela Doña Bárbara escrita por Rómulo Gallegos. En el matrimonio nacieron cuatro Hijos: Juan Guillermo, José María, Eduardo y Teolinda Iribarren Arana. Se conoce la descendencia de uno de sus hijos Eduardo Iribarren Arana, casado con la Doña Florentina Rivas, con quién tuvo tres hijos: José Gregorio, María Amparo y María Luisa Iribarren Rivas. Su hija Doña María Amparo Iribarren, casada con Rafael Soto Planas, de esta unión provienen, las bisnietas de Juan Guillermo son: Marina Soto Iribarren de Laclé (Murió el 16 de Marzo de 1992) y Josefina Soto Iribarren de Garrido y Flor Soto Iribarren de Aranguren, las dos primeras tuvieron el privilegio de celebrar por primera vez el Natalicio de Juan Guillermo Iribarren visitando la ciudad natal el 25 de Marzo de 1988.

ATRIBUCIÓN

En 1884, en la oportunidad de solicitar una pensión como viuda legítima del prócer Doña Candelaria Arana de Iribarren hace dramáticas revelaciones acerca de su situación económica que expresan la calidad moral de aquellos hombres y mujeres que entregaron sus vidas al servicio del país.

El texto de Doña Candelaria, al Ministro de Guerra es el siguiente:

"Ciudadano Ministro de Guerra y Marina"

"Candelaria Arana de Iribarren, viuda del general Juan Guillermo Iribarren prócer de la Independencia se permite valerse del respetable órgano de usted para elevar al benemérito General de la presidencia de la República la presente exposición: "Victima expiatoria de las guerras intestinas que han asolado al país, pesando ya sobre mí el hielo de los años, cercana a la tumba, os dirijo la voz para pediros me acordéis la pensión de ochocientos bolívares mensuales que señalaría acaso la que correspondiera a mi esposo si el viviese" Fundada mi esperanza en vuestro noble corazón, no rehusareis a la anciana viuda esta dadiva, por aquel, que durante dieciochos años lidió esforzadamente por la causa independentista y obtuvo el concurso de los hechos por el general José Antonio Páez, el escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" en premio de sus hazañas, y único en la historia de aquella época.

A los veinte y un años el general Simón Bolívar le expidió el título de la "Orden de los Libertadores", y a los treinta y un años en que murió ya había ascendido a los más altos grados de la milicia." "Me permito observaros que sólo desde el año de mil ochocientos setenta y tres impelida por la necesidad, acepté la limosna que el Gobierno designó distribuir a las viudas de los próceres" "Os acompaño los despachos y títulos en clase de devolución que acreditan esta breve exposición, suplicando trasladéis vuestro recuerdo a la Historia de la Patria para que así estiméis la justicia de mi petición, que en ningún tiempo se había animado dirigir a los que han regido los destinos de Venezuela"

La Orden de los Libertadores fue creada por Simón Bolívar para rendir tributo y enaltecer las hazañas gloriosas de quienes se consagraron conscientemente al servicio incesante de la libertad y la justicia, combatiendo sin tregua, sin fatiga y sin desaliento a los opresores. La medida del valor de esta orden, la da el propio libertador, cuando en su opinión: El premio del mérito es el acto augusto del poder humano "o que" "las recompensas honoríficas, deben ser raras y muy justas" así sustentó éticamente la instauración de la orden": "Sólo los hombres tributados a los talentos y virtudes militares puede ser una digna recompensa de los heroicos sacrificios que hacen los defensores de la patria"

Por su participación en las Batallas de San Carlos y Cojedes de la Campaña de 1818, bajo las órdenes de José Antonio Páez, Simón Bolívar en Octubre de ese mismo año le otorgó la Orden de los Libertadores, autorizándole para usar la venera mientras recibía la estrella. Y por esto y compañero aunque fortuitamente inactivo, de los héroes de las Queseras del Medio (1819) alcanzó la cruz de dicha orden, que decretó Bolívar, a aquellos vencedores. "bien sentada esa tan apreciada insignia del valor y del honor en el pecho de aquel fuerte, que debía al brillo de entrambas dotes el vivo afecto de su General y el personal aprecio del Libertador"

Su nombre está inscrito en los MEDALLONES DE LOS PRÓCERES. En el Monumento erigido en la conmemoración de esta Batalla al lado de los que participaron en el crucial y definitivo acontecimiento. Estos medallones realizados en barro cocido diseñadas por el escultor venezolano Adolfo Estopiñán y posteriormente copiadas en bronce. Son obras en relieve de 16 oficiales que tuvieron participación destacada en la Batalla de Carabobo. Ellos son: los Generales Daniel Florencio O'Leary, Juan Uslar, Judas Tadeo Piñango, Juan José Flores, José Ignacio Pulido, Arthur Sandes, José Gabriel Lugo, Charles Minchin, José Justo Briceño, Juan Guillermo Iribarren, Carlos Luis Castelli, José Ribeiro de Abreu y Lima, y los coroneles Fernando Figueredo, José Francisco Aramendi, Juan Ramón Burgos y Francisco José Torres Arriechi. Con esta representación se les rinde un merecido homenaje a estos patriotas. Estos medallones miden 30 cm, y están ubicados en las barandas de la tribuna presidencial.

Este monumento enaltece el gentilicio venezolano, en él se plasma la gallardía y valentía de los hombres, que lucharon fervorosamente por lograr la tan anhelada libertad, en esta sabana, la sangre derramada por los patriotas, dio paso a una Venezuela libre, para amarla, tal y como éstos próceres de la independencia, lo hicieron.

En 1997, en el marco de la conmemoración del Bicentenario del Natalicio del General Juan Guillermo Iribarren se funda, el 21-04-97, en el Municipio que lo vio nacer, una Escuela Básica para atender alumnos de secundaria. Desde que esta institución abrió sus puertas a la comunidad araureña, lleva con orgullo el nombre, de Juan Guillermo Iribarren, caracterizándose por enaltecer y difundir las proezas y gloriosas batallas del héroe epónimo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-Bolívar, W. (1997, Abril 7) Crónicas y personajes de la Historia. Reencuentro del general Juan Guillermo Iribarren. El día que volvió a Portuguesa EL Regional p.10.

-Morales, J. (1977). General Juan Guillermo Iribarren. Dirección de Extensión Universitaria. Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto: Editorial Cuyuní.

-Propuesta de creación de la Cátedra Vida y Obra del “General Juan Guillermo Iribarren” Autor: Dra. Chirinos Eneida Araure. Marzo 2006.

jueves, 24 de marzo de 2011

FRANCISCO DE MIRANDA

Sebastián Francisco de Miranda, también conocido como el Generalísimo, fue un hombre adelantado a su tiempo, con una gran visión de la posteridad de los pueblos de América Latina. Fue el primer visionario que entendió que América Latina, tenía que ser un solo pueblo, un solo país, aun cuando el concepto geográfico, político, económico, vivencial y emocional aún no existía. Sin embargo debía ser concebido, para de esta manera poder enfrentar con la revolución los embates colonialistas de aquel entonces y del futuro presente



Monumento a Miranda en la Vela de Coro, estado Falcón

A este Precursor de la Independencia de Venezuela e Hispanoamérica, se le ha reconocido mundialmente como "el primer criollo universal". Participó en los 3 acontecimientos magnos de su momento histórico: la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la lucha por la libertad de Hispanoamérica. Visionó un concepto de América como unidad, bautizándola con el nombre de Colombia, o Colombeia. Continente que, según su ideal, abarcaba desde el Río Mississipí al cabo de Hornos.


CONTEXTO HISTÓRICO

En plena era colonial, la población bullía dividida desde muchos puntos de vista, no sólo el racial, sino hasta por la procedencia. Así entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y blancos "de orilla". Los peninsulares eran los nativos de la península Ibérica, ellos orgullosos y vanidosos, se creían blancos puros nada más que por razones de ubicación geográfica, siendo la realidad que los españoles eran y son un pueblo mestizo, crisol mezcla de muchísimas sangres decantado a lo largo de no mucho tiempo. Eso sí, enemigos del trabajo.

Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares nacidos en nuestra América y aunque el régimen colonial no les permitía acceder a grandes cargos políticos (que se reservaban para los peninsulares), eran ricos pues heredaron de sus padres el fruto de la explotación inmisericorde de la riqueza de América y entre nosotros de la explotación agrícola con los indígenas y los negros actuando como esclavos en el cultivo del cacao, café, añil y otros productos. Como era de esperarse, tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues las herencias de sus padres les libraban de tal necesidad. Es más, consideraban la riqueza proveniente del trabajo como algo deshonroso, algo que necesitaban quienes no tenían estirpe.

Los blancos "de orilla" eran los canarios provenientes, como su nombre lo indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados como gentes de segunda categoría y, por haber venido después de la dominación de nuestro país, carecían de los "títulos nobiliarios" obtenidos durante la dominación de América, por tanto, no tenían nada qué heredar, por lo que debían trabajar, lo que permitió a muchos de ellos llegar a la abundancia. 

Bajo este contexto político y social,  nació  Francisco de Miranda en Caracas, el 28 de marzo de 1750. Sus padres fueron Sebastián de Miranda Ravelo, un comerciante proveniente de las Islas Canarias, y Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza, caraqueña.  A los doce años inicia estudios en la "Clase de Menores" de la Universidad de Caracas. Desde 1764 a 1766 cursó la "Clase de Mayores", profundizando sus conocimientos, obteniendo el título de Bachiller en 1767.

Un acontecimiento que marcaria la vida del joven Francisco, lo fue sin duda alguna, la actitud asumida por la oligarquia mantuana; sobre su señor padre y su familia, actos  de discriminación al efectuarse el  nombramiento de Don Sebastián como Capitán de una Compañía de "blancos isleños" en 1764, esto produjo un fuerte rechazo de la sociedad "mantuana", expresión del conflicto que enfrentaba a los “blancos españoles y a los "blancos criollos", preámbulo de la lucha de Independencia Hispanoamericana.

Ante tal circunstancia, decide en 1771 marcharse a España para servir al Rey y  para completar sus estudios. Ingresó al ejército donde obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Prestó servicios en el Norte de África, sobresaliendo por su talento y coraje en la guerra contra los moros. Tenía increíble facilidad para aprender idiomas. Logró hablar fluidamente el francés, ingles y alemán. En 1780 fue enviado a la guarnición de Cuba, como ayudante del Coronel Cajigal, destacando rápidamente por su capacidad. Pero la envidia y las intrigas de algunos oficiales españoles le hicieron caer en desgracia, quienes le acusaron de conspirar contra la Corona de España.

Fue llevado a la cárcel, de la que salió por los buenos oficios de su amigo el Coronel Cajigal. De la Habana emigró a los Estados Unidos, donde participa en la Guerra de la Independencia, comandando tropas españolas para aplacar a insurrectos estadounidenses en La Florida y Mississippi. En ese país conoció, entre otros, a George Washington, Thomas Paine, Alexander Hamilton y Thomas Jefferson.


En 1791, Miranda tomó parte activa en la Revolución Francesa. En París, se hizo amigo de los girondistas Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve, y sirvió brevemente como general en la una sección del Ejército revolucionario francés que lucho en la campaña de 1792 para conquistar los Países Bajos llegando al grado de Mariscal de Francia, bajo el mando de Charles François Dumouriez.  Arrestado varias veces durante el reinado del terror, Miranda fue amenazado con ser deportado después una medida del Directorio de la Dinastía Borbón y los Girondistas. A pesar de todo, su nombre permanece grabado en el Arco de Triunfo de París que fue construido durante el Primer Imperio Francés.  Miranda tenía un hogar en Londres, donde Compartió su vida con su ama de llaves y eterna compañera, la inglesa Sarah Andrews, con quien tuvo 2 hijos: Leandro, nacido en 1803 y Francisco nacido en 1805.


Miranda participó directamente en la Revolución francesa por lo cual le fue otorgado el título de Héroe de la Revolución y Mariscal de Francia. Es el único americano que tiene su nombre grabado en el Arco del Triunfo en París

  
En 1805, hace sus preparativos para marcharse. Redacta su testamento, nombrando por albaceas a sus amigos John Turnbull y Nicolás Vansittart. Ordena que su archivo Colombeia sea trasladado a Caracas, lega sus clásicos griegos y latinos a la Universidad de Caracas y sus demás bienes situados en Caracas, Londres y París a sus hermanas y sobrinos, para que sean aplicados a la educación de su hijo Leandro, y para su mujer Sarah Andrews.

En 1806, viajó a Los Estados Unidos en busca de ayuda para su expedición militar emancipadora a Venezuela. Con una tripulación abigarrada, formada por vagos y maleantes de los muelles de Nueva York, norteamericanos, austríacos, franceses, polacos, etc., sale Miranda el 2 de febrero de 1806. Diecisiete días más tarde llega a Jacmel, Haití. Aquí, a bordo del bergantín Leandro, Leander (en honor a su hijo Leandro), Miranda enarbola por primera vez la bandera venezolana: amarillo, azul y rojo. Hace que todos aquellos «soldados» juren fidelidad a esa bandera y al libre pueblo de Sudamérica. Era el 12 de marzo de 1806. Sigue hacia las costas venezolanas, con dos goletas fletadas, la Bachus y la Bee, para desembarcar en Ocumare, pero cuando están cerca son rechazados por el fuego de guardacostas, porque las autoridades venezolanas estaban avisadas.

Aunque los expedicionarios responden al fuego, las goletas son apresadas. El Leandro logra escapar y va a Trinidad después de hacer escalas en Grenada y Barbados.

Diez de los prisioneros serán ahorcados el 21 de julio de ese mismo año. Los demás sufrirán prisión por más de diez años. Uno de los ahorcados y descuartizados fue el impresor norteamericano Miles L. Hall (o Hale), quien por tal razón ha sido considerado como «el primer mártir de la imprenta en Venezuela». Miranda no se da por vencido. Ahora está en la isla de Bonaire, donde convoca, a bordo del Leandro, una Junta de Guerra, el 3 de mayo, y decide llegar hasta Trinidad para reorganizarse y reforzar la expedición. En alta mar son interceptados por la corbeta inglesa «Lily» que conduce el Capitán Donald Carmpbell. Miranda es reconocido por su alto prestigio y se le facilitan víveres. Sigue hasta Granada. El 7 de junio desembarcan en Barbados, donde el Almirante Alejandro Cochrane le ofrece el apoyo de las Fuerzas Navales de Inglaterra.

Con el Leandro, una goleta y dos buques de guerra, llega Miranda a Trinidad, el 23 de junio. Allí recibe ayuda de Hislop, Gobernador de la isla. Ahora la expedición ha crecido: la forman el Leandro, la Express, la Attentive, la Provost, la Lily, tres cañoneras y tres buques de transporte. Zarpan Miranda viaja en la Lily con el Capitán Campbell, que comanda los siete buques de guerra ingleses. Ya frente a las costas de Coro, el 1 de agosto, la fragata inglesa Bacchante se agrega a la flota.

Los 11 buques de la escuadra, con sus 300 hombres de desembarco, están ahora fondeados frente a La Vela de Coro. En la madrugada del 3 de agosto de 1806 mientras los buques descargaban su artillería, se precipitaban a tierra Miranda y sus hombres. ¡Hacía 35 años que no pisaba su tierra venezolana! y ese mismo día, al tomar el Fortín de La Vela, colocan en lo alto el Pabellón tricolor. ¡Por primera vez flameaba nuestra Bandera en el territorio nacional! Por la noche, después de asegurarse que La Vela está bien protegida, marcha Miranda con su Ejército a tomar a Coro.

Al llegar a esta ciudad la encuentra prácticamente desierta. La propaganda contra Miranda ha surtido efecto. Sobre todo la del Obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés, que lo pinta como ateo, monstruo, traidor, enemigo de Dios y del Rey. Tanto en La Vela como en Coro, el protolíder va con sus Proclamas por delante. Riega las calles de papeles. El pueblo, fuertemente influido por la prédica de la iglesia y por el santo temor al Rey, le dio la espalda a Miranda. Entonces, prudentemente, ordena la retirada de las tropas a La Vela, y de allí va hacia Aruba, Granada, Barbados y por último a Trinidad, donde se detiene casi un año, con la esperanza siempre viva de recibir nuevos auxilios de Inglaterra. Al no tener respuestas, se va a Londres, donde llega el 1 de enero de 1807, donde continúa haciendo propaganda a favor de la independencia a través de su correspondencia personal y del periódico que ha fundado ese propósito “El Colombiano”.

Esos días se entretiene un rato con su mujer Sara Andrews y sus dos hijos. Por lo pronto, hay que dejar las cosas como están.

En realidad, no se puede hablar de fracaso. Miranda no descansará, seguirá haciendo que la balanza europea no española se incline a favor de la revolución hispanoamericana. En ese tesonero esfuerzo habrán de encontrarlo Bolívar, López Méndez y Bello, en 1810, dado ya el golpe caraqueño. Empieza otro capítulo. En 19 de Julio de 1810, conoció a SIMON BOLIVAR, con quien tuvo largas tertulias en la Logia “Gran Reunión Americana”. Invito el joven caraqueño. El 10 de Octubre de 1810, enrumbar hacia la Guaira a borde del velero “AVON”. 

Bolívar, durante su permanencia en Londres, se empeña en que Miranda vaya a Caracas. Se necesita de su experiencia. Logra entusiasmarlo el futuro Libertador y Miranda se va detrás de los diplomáticos. Se aloja en Caracas en la casa de Simón Bolívar. Participa en la Sociedad Patriótica y luego en el Congreso. Cuando se declara la Independencia, el 5 de Julio de 1811, ya Miranda es la figura central en el ambiente político.


Firma del Acta de la Independencia de Venezuela, en Caracas (bosquejo realizado por el pintor venezolano Martín Tovar y Tovar alrededor de 1875). La declaración de independencia es acordada en Caracas el 5 de julio de 1811 y el acto de firma tiene lugar dos días  después, el día 7 de julio. El artista representa a Miranda en uniforme militar, a la izquierda, con la mano izquierda descansando en el puño de La espada.
Comenzó muy pronto la reacción realista. Fracasa el Marqués del Toro y nombran Generalísimo a Francisco de Miranda, quien de inmediato se hace cargo del ejército. Las tropas no son lo suficientemente disciplinadas como para satisfacer a quien, veterano soldado, ha mandado ejércitos de 100 mil hombres en Francia. Monteverde avanza captando simpatía entre la gente del pueblo. Todo conspira en contra de los patriotas. Un oficial entrega el Castillo de Puerto Cabello. El Comandante de la Plaza es Bolívar. Hay deserciones en el ejército patriota, levantamiento de esclavos en Barlovento, ante estos hechos críticos, El viejo militar prepara la Capitulación con Monteverde, sin consultar a nadie pero es violada por Monteverde poco después. Así se perdió la Primera República.

Ahora empieza el calvario de Miranda. Decide embarcarse en La Guaira, donde varios oficiales patriotas, entre ellos Bolívar, se le presentan para juzgarle por lo que consideran una traición. Miranda se ve perdido. Los oficiales pretenden someterlo a un Consejo de Guerra. Pero la traición llegó primero. Y el propio Comandante de La Guaira (31 de julio de 1812) ahora está al servicio de los realistas y le impide salir en el barco. Miranda queda arrestado y los demás oficiales logran escapar.


 Miranda fue arrestado por un grupo de civiles y militares, entre ellos Simón Bolívar, quienes le reprochaban haber dado ciertas concesiones a los realistas. Fue encarcelado en San Carlos. Después los realistas se apoderaron de Miranda. De allí fue enviado al Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello. En junio del mismo año es trasladado a una fortaleza en Puerto Rico (El Morro) y, en 1813, es enviado a España, encarcelándolo en el arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz, donde fallece el 14 de julio de 1816.

Miranda en La Carraca, Arturo Michelena; Últimos días de Miranda en prisión, cuadro historicista de 1896: Óleo sobre tela – 196,6 x 245,5 cm. Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela).
Su nombre pasó a la inmortalidad, como el insigne Precursor de la Independencia de Venezuela y Padre de la Masonería Latinoamericana.

 Hasta el día de hoy, es imposible el reconocimiento de sus restos, ya que al morir fue enterrado en una fosa común en el cementerio del Arsenal de la Carraca y sus restos quedaron perdidos. Mientras tanto, se le es dedicado un cenotafio en el Panteón Nacional de Venezuela, donde también están los de Antonio José de Sucre y Andrés Bello. El monumento, diseñado por el escultor italiano Julio Roversi, está coronado con una escultura del general sobre un pequeño pedestal donde hay una placa en donde se dan las fechas y lugares de nacimiento y muerte. Éste está sobre un mausoleo simbólico decorado con motivos funerarios y con las puertas abiertas. Frente a él hay una sarcófago cuya tapa aparece siendo abierta por un águila, simbolo de poder , la cual es custodiada por una alegoría de la libertad. Debajo de ella hay una placa en donde se lee el siguiente epitafio respecto al paraje de sus restos:

Venezuela llora por el dolor de no haber podido hallar los restos del General Miranda, que han quedado perdidos en la huesa común de la prisión en que espiró este gran mártir de la libertad americana. La República los guardaría con todo el honor que les es debido en este sitio que les ha sido destinado por Decreto del Presidente de ella General Joaquín Crespo, fechado el 22 de enero de 1895.


Las puertas y la tumba parcialmente abierta simbolizan la esperanza de Venezuela de encontrar los restos del prócer, aguardando su llegada. El ideal Mirandino de integración está hoy más vivo que nunca, pues América Latina avanza en diversos espacios políticos, sociales y económicos en su afán de ocupar un lugar justo en el mundo, como tantas veces lo señaló el precursor Francisco de Miranda.

Cenotafio


Monumento al Generalísimo Francisco de Miranda en el Panteón Nacional, Caracas, Venezuela, del Escultor Italiano Julio Roversi, estilo renacentista, Nave Derecha, Sus restos quedaron perdidos en el cementerio del Arsenal de la Carraca, en Cádiz España.

Los archivos de Miranda fueron salvados en un barco inglés en 1812, llevados a Inglaterra. El historiador y diplomático Caracciolo Parra Pérez, apasionado por la vida de Miranda, evidenció devoción por el tema, hasta hacerle seguimiento y encontrar uno de los legados más valiosos de Miranda: su archivo. El conjunto de 62 tomos, empastados por su autor en cuero con letras de oro, y que navegaron por el océano durante meses, y se mantuvieron ajenos a la Historia de Venezuela por un siglo, contienen todas las cartas, negociaciones y reflexiones que hizo el prócer en vida. El documento es revelador: mediante él se puede conocer el pensamiento revolucionario del prócer y sus acciones y preocupaciones sobre el movimiento de la independencia. Parra Pérez no se conforma con haberlo localizado, hace además todas las gestiones necesarias para que el Estado venezolano lo adquiera. Logra su cometido en 1926.

FUENTES CONSULTADAS

BRICEÑO IRAGORRY, Mario. Don Francisco de Miranda, maestro de Libertadores. Trujillo, Ejecutivo del Estado, 1950;

BRITO FIGUEROA, Federico. Miranda, pasión de la libertad americana. Caracas, Universidad Santa María, 1981;

COVA, Jesús Antonio. Francisco de Miranda, el precursor de precursores. Caracas, Imprenta Nacional, 1950;

PARRA PÉREZ, Carracciolo. Historia de la Primera República de Venezuela.Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1992;

POLANCO ALCÁNTARA, Tomás. Francisco de Miranda: ¿Don Juan o Quijote?. Caracas, Ediciones G.E, 1996;

SALCEDO BASTARDO, José Luis. Crisol de americanismo: la casa de Miranda en Londres.Caracas, Lagoven, 1980;

USLAR PIETRI, Arturo y Pedro Grases. Los Libros de Miranda.Caracas, La Casa de Bello, 1979;

USLAR PIETRI, Juan. Miranda y la sonrisa de la guillotina. Caracas, Editorial Ateneo de Caracas, 1979.




                

miércoles, 9 de marzo de 2011

GUAICAIPURO: HÉROE DE LA RESISTENCIA INDÍGENA



A la llegada de los europeos a estas tierras que actualmente conocemos como América (12-octubre-1492), se inicia  el mayor genocidio de la historia mundial, los pueblos originarios, sufrieron de los peores maltratos y violaciones y su gente fue sometida a la servidumbre y explotación.  La crueldad que emplearon los llegados fue despiadada y brutal.  Para el 02 de agosto de 1498,  se encuentran en tierra firme, en suelo que posteriormente se llamaria Venezuela.  Solo quedaba  defenderse del invasor.

Guaicaipuro (n. actualmente Los Teques, Venezuela, alrededor de 1530; m. 1568)pertenecía a la gran  familia Caribe,  una de las tribus originarias de estas tierras y también la más aguerrida  y al igual que otras tribus, mostraron una resistencia implacable contra quienes buscaban someterlos en su propia tierra. Los caballos, perros amaestrados, arcabuces, fuerte vestidura y una gran experiencia en el arte de la guerra no lograron extinguir el grito de libertad que retumbaba en las montañas venezolanas, con flechas y lanzas combatieron con tenacidad, con el grito de guerra: 

"¡Ana Karina rote, aunicon paparoto mantoro itoto manto!"
En castellano:
"¡Solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde"



La mayoría de los trabajos biográficos sobre Guaicaipuro no son confiables. Sin embargo, del Fondo Editorial Ipasme, está la obra El pensamiento revolucionario del cacique Guaicaipuro, del profesor Luis Beltrán Acosta (LBA), la cual recoge las fuentes documentales más ceñidas a la realidad. En este texto, su autor intenta con éxito incursionar en lo sustancial -tal como lo precisa- de los archivos coloniales para así rescatar la imagen de uno de los personajes más emblemáticos de los períodos correspondientes al arribo de los conquistadores a América como de su asentamiento en este territorio.

Se trata de un texto bien escrito, con análisis de las investigaciones sobre el tema ya señalado, que muestra al legendario líder indígena como una entidad de gran valor histórico, social y político, vinculada a su época. De ahí su novedad, ya que para su época -en el contexto de la resistencia indígena- como también para el presente en que se generan cambios que devienen de un proceso orientado hacia el socialismo-, sus planteamientos sirven en la orientación del rumbo de la Venezuela en la que se consolida ese modelo político cuando fracasa el capitalismo.

En la mencionada publicación, LBA alerta que las referencias a las que él tiene acceso son las que atañen a las crónicas de los españoles que, por razones lógicas, no presentan una visión fidedigna del cacique.  Por consiguiente, el escritor va más allá de esas visiones que buscan mantener la dominación cultural de los pueblos indígenas y distorsionan su presencia aquí en América.  Entre los aspectos tratados en la obra de LBA es relevante la religión indígena. Ahí se señala que la resistencia militar de Guaicaipuro residía en la religión, pues arriesgaba la vida para proteger los lugares sagrados y la espiritualidad de los aborígenes, que peligraban por los invasores que, sesgados por su ilimitado afán de riquezas y vanagloria, a su paso, sin piedad, destruían.

Guaicaipuro, de la etnia Pemón, era el Piache de los Piaches, refiere LBA. En este cacique se reunían los dones mayores, resultado de una ardua preparación espiritual que desemboca en habilidades militares, que lo convierten en el mejor estratega de su tiempo al unificar tribus, sin importar las marcadas diferencias lingüísticas, en pro de la defensa de los suyos.  Asimismo, Guaicaipuro fue un profeta que sabía su destino histórico y su misión libertaria, la cual trascendía más allá de su instante hasta acoger el ahora y el futuro de los venezolanos; que con sus acciones nos fortalece la identidad cuando nos oponemos a la imposición de culturas que, lejos de retratar nuestra idiosincrasia, castran la filosofía, las costumbres, la literatura y los valores en general que nos definen como venezolanos.

Luego, en ese entonces, como la religión se vincula a la política, Guaicaipuro, con sus propuestas, concibió un proyecto de gobierno propio para los pueblos aborígenes, tan digno como el ideario de cualquier pensador de origen europeo.  Por todo lo anterior, la lectura de obra de LBA se hace necesaria para enterrar mitos y enaltecer la presencia de uno de los principales hombres del mundo prehispánico.

GUAICAIPURO EL CACIQUE DE HIERRO


Estatua del Cacique Guaicaipuro, Caracas
(Escultura de Julio Cesar Briceño)

Nacido en Caracas aproximadamente en 1530 y guerrero de confianza del gran Cacique Catuche, asume el liderazgo a los 18 años de edad, cuando este cacique muere. 
Cacique de los indios Teques y Caracas, que acaudilló la resistencia a la penetración europea en la zona norcentral de Venezuela durante la década de 1560. La región de Los Teques estaba poblada por muchos indígenas que formaban grupos independientes con sus jefes o caciques propios. El principal de estos grupos era el del cacique Guacaipuro, cuyo asiento era Suruapo o Suruapay, situado en las vecindades del actual San José de los Altos, en la vertiente de la quebrada Paracoto. Aunque la grafía «Guaicaipuro» se ha popularizado, debe tenerse en cuenta que su verdadero nombre era Guacaipuro, y así es mencionado en los documentos coetáneos. 

Baruta era el nombre del hijo mayor de Guacaipuro, y Tiaora y Caycape el nombre de 2 hermanas suyas y se anotan también los nombres de sus 6 hermanos que vivían con él, así como también Pariamanaco, hijo de su hermana Tiaora, y Quetemne, también hija de esta última; se anotan también 6 sobrinos suyos y un nieto. Además de Suruapo o Suruapay como pueblo muy importante de su jurisdicción, figuran 6 caseríos más, cuyos pobladores eran también de su gobierno. Descubiertas unas minas de oro en tierras de los Teques, al comenzar Pedro de Miranda su explotación, fue atacado por Guacaipuro y tuvo que abandonarlas.

El gobernador Pablo Collado nombró a Juan Rodríguez Suárez en sustitución de Miranda, el cual venció a Guacaipuro en varios encuentros y creyendo haber pacificado la región, dejó en las minas unos obreros para trabajarlas con 3 hijos suyos menores de edad. Ausente Juan Rodríguez Suárez, Guacaipuro asaltó las minas mató a todos los trabajadores, incluso a los hijos de Juan Rodríguez Suárez, y tras haber incitado a la rebelión a Paramaconi, cacique de los taramainas, pasó al hato de San Francisco, dio muerte a los pastores, quemó las viviendas y dispersó las reses. Enterado Juan Rodríguez Suárez del desembarco del Tirano Lope de Aguirre, se dirigió hacia Valencia con sólo 6 soldados para combatirlo; en el trayecto, sorprendido por Terepaima y Guacaipuro, fue muerto tras una heroica resistencia. Guacaipuro impulsó entonces un levantamiento de todas las tribus y los caciques Naiguatá, Guaicamacuto, Aramaipuro, Chacao, Baruta, Paramaconi y Chicuramay reconocieron a Guacaipuro por su jefe supremo.


Sabedor Diego de Losada de que Guacaipuro era quien había promovido un frustrado asalto a la recién fundada ciudad de Caracas (1568), ordenó su aprisionamiento; confió este delicado encargo al alcalde Francisco Infante, quien, con indios fieles que conocían el paradero del cacique, salió de Caracas cierta tarde, al ponerse el sol, con 80 hombres. A la media noche llegaron al alto de una fila, en cuya falda estaba el pueblo de Suruapo donde Guacaipuro tenía su vivienda; Infante con 25 hombres se quedó allí para proteger la retaguardia y retirada en caso de una derrota, mientras Sancho del Villar con los demás bajaba a ejecutar la prisión del indio. Conducidos por los guías llegaron a la puerta del inmenso bohío o caney de Guacaipuro los 5 primeros que formaban la delantera, pero como acababan de ser descubiertos, con sus armas en las manos, esperaban la llegada de los compañeros y fue entonces cuando intentaron franquear la entrada, pero Guacaipuro, que manejaba la espada que había sido de Juan Rodríguez Suárez, hirió a cuantos intentaron entrar.

A los gritos de la pelea, se alborotó el pueblo y todos acudieron a defender a su cacique, pero nada podían contra los filos de las espadas; y los lamentos y gritos de las mujeres y niños, en la noche oscura, aumentaban la confusión general. Viendo los españoles la imposibilidad de rendir al cacique, resolvieron quemar el gran bohío o caney en el cual estaba guarecido. Como su techo era de paja y madera, arrojaron una bomba de fuego sobre el tejado, que comenzó a arder vorazmente. Viéndose en trance de perecer, Guacaipuro saltó fuera, dando estocadas a diestra y siniestra contra los asaltantes, pero todo fue en vano pues las espadas de éstos lo dejaron muy pronto muerto en el suelo; la misma suerte tuvo sus acompañantes.

Los restos de Guaicaipuro fueron trasladados al Panteón Nacional de manera simbólica, el 8 de diciembre de 2001, asignándole un espacio junto a los próceres de Venezuela, encabezados por Simón Bolívar, el Libertador.  En honor a esta fecha, el 8 de diciembre fue declarado “Día Nacional de Guaicaipuro y de los Caciques de la resistencia”.

Otros Caciques héroes que resistieron:

Arichuna: Cacique de los Jiraharas; ubicados en la zona que hoy es el estado Lara y parte de Yaracuy.
Baruta: Hijo mayor del cacique Guaicaipuro. Cuando muere su padre recibe el penacho de plumas que lo consolida como jefe de las tribus los Teques y los Caracas. En el año 1620, el gobernador Francisco de la Hoz Berríos constituyó en su honor, una parroquia con el nombre de San Francisco de Paula de Baruta.

Catia: Cacique del territorio ubicado desde la fila que ocupaban los Mariches y toda la serranía que circunda a Caracas hasta el litoral. Murió en los Teques en 1568, luchando contra las tropas de Diego de Losada.

Caruao: Perteneció al grupo de los Araucas, de los Caribes o de los Maquiritares, estos grupos eran originarios de la cuenca del río Orinoco; que a su vez procedían  de la Región Amazónica. Se le llamó Caruao, que significa "Dios señor del agua", ya que se le considera el precursor de la ingeniería hidráulica en la tierra venezolana. Fue el primero en regular el movimiento de las aguas y evitar las inundaciones que se producían por las grandes lluvias. Esto lo llevo a convertirse en un ser mítico y poderoso; por lo que su prestigio era muy grande entre los habitantes de la región.

Chacao: Gobernaba la región que hoy lleva su nombre, pero su dominio llegaba hasta la región de Los Teques. Jefe de la raza caribe. Su tribu estaba asentada a las faldas del Ávila. Por su figura atlética se le apodo como el "Hércules americano". Murió en el año 1569 a consecuencia de las heridas ocasionadas por un soldado de un capitán español llamado Catario, con quienes se trabó en una fiera lucha para rescatar a dos niños de su tribu que le habían robado a su madre mientras dormía. 

Guacamayo: Era a su vez Cacique y Piache de la tribu de los Tacariguas. Vivió en las cercanías de la laguna de Tacarigua. Según dice la leyenda, acudía a las batallas luciendo un vistoso penacho de plumas multicolores que le proporcionaban sus fieles amigos; una bandada de guacamayas amaestradas; las cuales le acompañaban en sus actividades favoritas: La caza, la pesca y la reflexión.

Guaicamacuare: Miembro de la familia de los Caribes, que se extendió por la costa y la serranía central. Jefe y conductor de su pueblo y además, gran Piache, sacerdote responsable de los destinos mágicos y sobrenaturales de su pueblo. De porte imponente, tenía la legendaria virtud de leer los pensamientos de sus semejantes. Sus conjuros y hechizos eran temidos. Fue e primer Piache que fabricó ídolos de barro. Francisco Fajardo utilizó sus servicios, de buscador de tesoros, hacia el año 1559, para encontrar riquezas en nuestro territorio.

Manaure: Gran cacique de la tribu de los Caquetíos, de la costa de Coro. Se presentó ante el capitán español Ampíes, haciéndose conducir en una hamaca acompañado de otros jefes subalternos suyo. Murió luchando en la batalla de El Tocuyo donde derrotó al capitán Vargas.

Mara: Caudillo de una vasta región occidental que se extendía desde las orillas del lago Maracaibo y el río Magdalena, en el limite de lo que es hoy Cartagena, en Colombia. Sometió a la mayoría de las tribus de esta región y con ellas hizo frente al conquistador español.  A su personalidad la leyenda le atribuye matices fantásticos, ya que se consideraba como una especie de semi - dios pues tal era la fama de su grandiosa riqueza y poderío.

Maracay: Dominaba la extensión que hoy ocupa el estado Aragua y parte de otros estados colindantes. Jefe indiscutible de los indios Araguas.

Murachi: Cacique mocotíe, ocupaba la actual región de la sierra merideña. Murió luchando contra el español invasor, en 1560.

Naiguatá: Era de la familia de los Caribes y ejercía su dominio a lo largo de la zona costera que partía del río Anare hasta las costas Anzoatiguenses, de lo que hoy día es Puerto la Cruz.

Paramaconi: Gobernaba la zona centro norte costera del país; de origen Cumanagoto, era el líder de los de los Toromaínas.

Tamanaco: Cacique de los indios Mariches y Quiriquires. Surge como líder a la muerte de Guaicaipuro. Con otras tribus como los Arawacos, Teques, Cumanagotos, salió hacia la ciudad de Santiago de León de Caracas, donde estaban acantonadas la mayoría de las tropas de los conquistadores. Después de una lucha cruel y desigual, en la que muere el capitán Hernando de la Cerda, la batalla se decidió a favor de los españoles. Es la llamada batalla del Guaire. Tamanaco fue tomado como rehén, y condenado a muerte en duelo con un mastín (perro amaestrado para la caza de hombres). Murió en el año de 1573 destrozado a dentelladas y con la garganta partida.


Terepaima: Su dominio alcanzaba el Tuy, San Pedro, Mariches y lo que hoy día es el estado Mirada, Aragua y parte de Carabobo, Cojedes y Lara. Jefe de los Meregotos y Anaucos. Murió a mediados de 1570.

VIDEOS VIDA DE GUAICAIPURO




FUENTES CONSULTADAS

-NECTARIO MARIA, Hermano. El cacique Guacaipuro. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1975

-NECTARIO MARIA, Hermano. Los indios Teques y el cacique Guacaipuro. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1971;

-PAREJO, Antonio. Guacaipuro: novela histórica, episodio de la guerra de la conquista 1559 a 1573. Caracas, Alfred Rothe, 1885.

-Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Fundación Celarg: foro titulado Guaicaipuro y la resistencia indígena latinoamericanaOrganizado por la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho (Fundayacucho).




viernes, 18 de febrero de 2011

GENERAL JOSÉ LAURENCIO SILVA

PRÓCER DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA.

 
54 heridas recibió en su cuerpo heroico aquel guerrero.  En Ayacucho fue ascendido a general por el Mariscal Sucre, como fue ascendida también La Coronela Manuela Sáenz, en el mismo campo de batalla. Acompañó a Bolívar hasta su último minuto, lo vio morir. Con una camisa de seda de José Laurencio Silva fue que velaron a Bolívar y lo llevaron al ataúd, porque él mismo vio que estaba rota la camisa de Simón  y José Laurencio Silva buscó la mejor que él tenía.

Retrato del General José Laurencio Silva.  
Por Martín Tovar y Tovar (1827 - 1902) fecha: 1874

José Laurencio Silva (Tinaco, Cojedes, 7 de septiembre de 1791 - Valencia, Carabobo, 27 de febrero de 1873) fue un militar venezolano de destacada participación en las guerras de independencia hispanoamericanas. General en jefe del Ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia y los años subsiguientes. En total participó en 17 batallas y combates menores, durante la gesta emancipadora. Fueron sus padres José Dalmacio Silva, un pescador y María Casilda Flores de oficio comadrona. En 1810 se enrola en el batallón núm. 9 del Tinaco, con el empleo de subteniente de milicias. Ese mismo, bajo las órdenes del brigadier Francisco Rodríguez del Toro, participa en la Campaña de Coro.

Terminada esta campaña, Silva queda en guarnición, entre Baragua y Siquisique. En 1811, con el general Francisco de Miranda toma parte en las acciones para reducir la disidencia realista de Valencia. Tras la perdida de la Primera República, Silva se tiene que ocultar en los bosques de Guárico y Cojedes, donde lleva a cabo actividades de guerrillas. En 1813, cuando Simón Bolívar pasa por San Carlos, decide unirse al Ejército Libertador con un escuadrón de caballería. El 31 de julio de 1813 combate en la batalla de Taguanes. Entre ese año y 1814 participa en casi todas las acciones tácticas libradas en ese lapso.

Prisionero en 1814, escapa y desarrolla actividades guerrilleras en los llanos de Cojedes. Por este tiempo se une al general José Antonio Páez en el Apure y toma parte en hechos de armas que acontecen en aquel teatro de operaciones; así como en los que se llevan a cabo en la Campaña del Centro (1818). Después de la batalla de Calabozo (12.2.1818) es ascendido a teniente coronel. En 1819 actúa en la Campaña de Apure y allí permanece al lado de Páez mientras Bolívar desarrolla su ofensiva sobre Nueva Granada. En 1821 recibe el despacho de coronel después de su actuación en la Campaña de Carabobo.

Con Bolívar marcha ese año al sur y combate en la batalla de Bomboná el 7 de abril de 1822. Luego de un año en Guayaquil y Quito sigue con Bolívar hacia Perú donde toma parte en la campaña libertadora. El 6 de septiembre de 1824 combate en Junín y el 9 de diciembre de 1824 en Ayacucho. En esta acción recibió 3 lanzazos, por lo que fue ascendido a general de brigada. Luego de esto regresa a Venezuela, donde en 1827 contrae matrimonio con Felicia Bolívar Tinoco, hija de Juan Vicente Bolívar Palacios. En ese mismo año fue destinado a la Comandancia General de Guayana. En 1829 fue ascendido a general de división, y en 1830 Bolívar lo nombró en Santa Marta como uno de sus albaceas testamentarios y fideicomisarios.

Regresa a Venezuela en 1831 y está activo durante la Revolución de las Reformas. A pesar de que ya estaba retirado de la vida pública, tiene actuaciones aisladas en 1846 contra Ezequiel Zamora y en 1849 se puso al mando de tropas que combatieron contra Páez, teniendo el llanero que capitular. El 16 de diciembre de 1851 recibe letras de invalidez. El 7 de marzo de 1855, es ascendido a general en jefe.  En 1859, combate a los federalistas en el occidente de Venezuela, y ese mismo año, después de algunos enfrentamientos con Ezequiel Zamora en Barinas y Portuguesa, renuncia al cargo militar que desempeñaba.

Aquí es necesario contextualizar la situación de Venezuela para la época. Después de la guerra de independencia,  pasan los años, el pueblo engañado y traicionado,  la oligarquía se adueñó del poder, la república oligárquica se instaló, subordinada a poderes imperiales, los ricos se hicieron de las mejores tierras, de las riquezas, de las minas, y el pueblo que fue el que hizo la guerra de independencia y el que más sacrificó, quedó peor que antes, esclavos empobrecidos. Y fue así como se alza  de nuevo el pueblo y surge un nuevo líder: Ezequiel Zamora. Y viene la Guerra Federal y cuando Zamora derrota al ejército burgués en Santa Inés, la goda caraqueña y valenciana recurre a José Laurencio Silva, para que detenga al general Zamora y al Ejercito del pueblo Soberano, que luchaba por reivindicaciones sociales, entre ellas la repartición de la tierra al que la trabaja y  la consigna de hombres libres.

José Laurencio, monta a caballo y va y cruza su Tinaco y entra a su llano, se vuelve otra vez centauro. Pero él va pensando y cuando llega a las orillas del Río Guanare, del otro lado Zamora y el ejército del pueblo y él de este lado, con el ejército que también estaba formado por hombres del pueblo, pero en defensa de los ricos, de la oligarquía. Pasó de madrugada el río José Laurencio, cruzó el río en una pequeña embarcación con 4 o 5 soldados, se entrevistó con Zamora en el monte, conversó con Zamora antes del amanecer. Cuando salía al sol, vuelve a pasar el río hacia  la ribera norte, llamó a su estado mayor y se replegó. No quiso pelear contra el pueblo.

¡Ah!, la goda en Caracas y los periódicos, lo llamaron ¡cobarde!, ¡cobarde! Y le abrieron juicio y cuando fue al tribunal peló por el pecho y dijo: “¿Cobarde yo? Esta fue en Junín, esta fue en Ayacucho, esta fue en Carabobo. ¿Cobarde yo?”. Ese es el pueblo. Y así se retiró de la vida militar y pública José Laurencio Silva.  Luego de esto trabaja en algunos empleos de tipo administrativo hasta que decide retirarse de manera definitiva a la vida privada y se residencia en Valencia.


LA ANÉCDOTA DEL BAILE DE SIMÓN BOLÍVAR CON JOSÉ LAURENCIO SILVA.
Sin precisar si fue ingenuidad, ignorancia o imposición de la iglesia católica lo que motivaba a nuestros antepasados a celebrar los días destinados a los santos, (citemos el ejemplo de que siendo San Simón el 28 de octubre y San Antonio el 13 de junio), creían que eran esas fechas y no otras, las del onomástico de cada uno de los libertadores, y festejaban consecuentemente, a cada uno de ellos todos los años.
Coincidió entonces, que la visita anunciada del Libertador Simón Bolívar a la Villa Imperial de Carlos V (Potosí - Bolivia), fuera precisamente un 28 de octubre. Lo cual motivó un gran despliegue de recursos, la ciudad entera se engalanó para honrar la presencia de tan ilustre personalidad. La noche del 27 se iniciaron los festejos con bailes populares en la Plaza del Regocijo, danzas incásicas, fuegos artificiales e iluminación general de las fachadas. Se ofreció al Libertador una hermosa serenata ejecutada con instrumentos de cuerda y luego con la música de la Banda Militar Húsares de Colombia.
La aurora del día 28 fue saludada por descargas de artillería, y luego hubo un paseo matinal alegre y alborotado. A las 9 de la mañana se celebró una misa en la Iglesia de la Compañía de Jesús, el celebrante fue el capellán de Bolívar, y lo acolitaron los curas Calero y Juan de la Cruz, predicó el R.P. Castro de la Iglesia de San Francisco. Los empleados de la Casa de la Moneda y Banco de San Carlos ofrecieron un gran banquete en los salones más elegantes de dicho edificio. Cómo fueron los preparativos y los aspectos culinarios es otra historia, pues lo que se pretende en este relato es recordar detalles que algunos historiadores pasaron por alto en diferentes biografías hechas del Libertador.

Organizada la fiesta de gala, como se la llamaría ahora, en instalaciones de las Arcas Reales, donde además se improvisó un anexo para que pudieran reunir cómodamente por lo menos doscientas parejas, ahí estuvo Simón, ataviado no con sus galas militares sino vestido de "civil" como dirían hoy los militares, es decir, vestía un elegante frac de paño negro de corta levita, medias de seda, zapatillas de charol con hebillas de oro, corbata blanca, el consabido calzón corto de paño y por única condecoración la medalla de Washington obsequiada por el Presidente de Estados Unidos. Si mucho impactó su vestimenta, mucho más lo hizo su aspecto personal, pues por vez primera se había quitado las patillas y los bigotes. Bolívar no era un hombre de modales refinados, sin embargo la habilidad que tenía para manejar las Relaciones Humanas en el lugar donde se encontrare y con quien fuere, es por todos muy conocida. Es así, que en la mentada fiesta hizo lo suyo, conversó con todas las damas, con algunas mayor tiempo que con otras, en especial con la esposa del Gral. Quintana, bailaron juntos casi dos horas al son de la orquesta de piano y violines; cuando se produjo el primer descanso de los músicos, de inmediato sonaron los acordes de los Húsares de Colombia, cuyo ritmo contagioso entusiasmó hasta al más indiferente.
Mientras recorría el salón, pues, dicho sea de paso, no permaneció sentado ni un solo momento, el Libertador se percató de la presencia del Gral. José Laurencio Silva, cuyo color aceitunado de su piel lo hacía confundir con el personal de servicio es decir con los esclavos vestidos de libres, quienes oficiaban de garzones o saloneros. Silva estaba turbado pues ninguna de las elegantes damitas le concedió el honor de bailar una pieza, el desaire era muy notorio, tanto que Bolívar, decidió remediar ese mal momento pasajero como todo nubarrón.
Su excelencia esta ahora en medio de la sala, levanta la voz, hace una reverencia y dice:

“Señor José Laurencio Silva... Ilustre prócer de la independencia Americana, Héroe de Junín y Ayacucho, a quien Bolivia debe inmenso amor, Colombia admiración, Perú gratitud eterna, saben que el Libertador quiere honrarse en bailar ese vals con tan distinguido personaje”, dirigiéndose a la orquesta ordenó: Tocad un vals y caminando donde estaba asombrado José Laurencio Silva lo reverenció, ¿me concede el honor General?; y salieron al centro de la sala, el murmullo era unísono y valsearon como buenos amigos, recordando quizás las veces que lo hicieron en los campamentos de Apure, en el reposo de las campañas guerreras, al son del Arpa y las Maracas, así valsearon hasta que los aplausos de la numerosa concurrencia opacaron la orquesta.

Ilustración: José Ignacio Cabrujas
Este gesto solidario del Padre de la Patria Simón Bolívar, se aprecia el reconocimiento de los méritos de uno de los tantos héroes que hicieron posible la Independencia de Venezuela y Latinoamérica, al igual que su identidad y amor por la música nuestra. 


HOJA DE ASCENSOS MILITARES


DISTINCIONES: Obtuvo las jerarquías militares de su tiempo, logradas así:
1810 – Es Subteniente de Milicias en el Batallón Nº 9 de Tinaco, luego renuncia a ese grado militar y se incorpora a la Compañía de Cazadores de Aragua como Sargento Primero.
1813 – En el mes de septiembre es elevado a Teniente.
1814 – Después del sitio de San Mateo, será vivo y efectivo Teniente Veterano.
1817 – Se le asciende en Mucuritas, en el campo de batalla, a Capitán de Ejercito. 
1818 – Cerca de Calabozo el Libertador Simón Bolívar, lo eleva a Teniente Coronel.
1824 – Es proclamado, por el Mariscal Antonio José de Sucre, como General de la Brigada del Perú y Colombia. El mismo año 24 recibirá el despacho del Perú y el 25 de Colombia.
1828 – Después de someter a Guayana que se alza contra el orden Constitucional fue ascendido a General de División.
1855 – El Congreso Nacional le concede el grado de General en Jefe de los Ejércitos de la República.
Obtuvo las más altas condecoraciones que se les imponían a los Libertadores y héroes de Venezuela y América.
El Libertador Simón Bolívar le designo Albacea Tertamentario junto con Pedro Briceño Méndez, Juan de Francisco Martín y el Dr. José María Vargas.

Muere el aguerrido general Patriota el 27 de febrero de 1873, en Valencia, cargado de laureles, dejando una estela de excelente ciudadano, insigne militar, leal amigo de Bolívar y ejemplar ciudadano. Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional el 16 de diciembre de 1942.