jueves, 3 de agosto de 2017

Croniquilla. El Araureño Mamajúa

Sin duda alguna nada fácil homenajear y descubrir a este inolvidable y popular personaje venido de las rurales épocas gomecistas, salido silenciosamente entre aquellas vecinas aldeas, con sus matices claroscuros dándole paso lentamente y sin apuro al progreso. Hoy, las huellas del tiempo nos alcanzan, nos unen y se alinean con la existencia de la centuria que le vio nacer. Tristemente lo recordamos como un pobre actor social atiborrado de cuentos, atribuciones e invenciones, tal vez ilusorias o a lo mejor son ciertas… su lenta pisada exhibía el fastidioso trajinar de su vida con el padre tiempo.




Hijo de Julia Veloz y de un caletero y sepulturero de nombre Carlos Carrillo, apodado "El Capitán del diablo", labores que también desempeñó nuestro inolvidable y popular personaje . De su labor como sepulturero iniciada en su adolescencia cobra fuerza con un comentario señalado por el historiador y apreciado amigo Wilfredo Bolívar cuando señala: “Mamajúa no salía del cementerio de Acarigua y permanecía al lado de la tumba, cuando esta mujer murió en Acarigua en 1933. Es decir que Julia Veloz murió de apenas 40 años”, tenía entonces 15 años cuando pierde a su protectora progenitora el lozano Mamajúa.

José Ramón recibió por nombre y nació casi en el cuarto lustro del siglo XX precisamente en 1918, los que le recordamos lo vimos con su pausado caminar por las calles de Acarigua y Araure pidiendo mansamente unas monedas. Su patronímico correspondía a que por una dificultad para el aprendizaje en vez de llamar a su madre julia, le decía “Mamajúa”, su torpe marcha por sufrir de un síndrome denominado elefantiasis... Siempre se le veía por las calles con su carro de mano, para recoger basura y su inseparable garrote, este, intimidaba a muchas personas.

Fue una existencia terrible, en un difícil tiempo que le toco vivir, falto de solidaridad, compasión y amor, o de una amiga mano que le hubiese hecho más fácil su pavorosa existencia. Al respecto el conocido médico zuliano y arraigado en nuestras vecinas ciudades, el archiconocido en el argot gaitero Calixto Díaz, le compuso unos versos con su bendecida musa:

“Yo te visto Mamajúa
caminar por la avenida
con una pena escondida
y un gran collar de amargura”

“Mamajúa, Mamajúa;
Mamajúa quien pudiera,
desaparecer tus penas
y convertirlas en dulzura”



Queda para los anales de nuestra localidad: Hoy catorce de abril de 1918 se ha presentado un niño; escribe el facultado secretario de la prefectura del Distrito Páez del estado Portuguesa señor Nicacio L. Calles, hacen acto en el recinto el declarante señor Miguel Dámaso, agricultor en compañía de los testigos presenciales señores Alberto Calles y Jesús Pérez, mayores de edad y vecinos de esta ciudad. Indica el pliego natalicio: “...el niño cuya presentación es hijo natural de Julia Velos de 25 años y vecina de este municipio”. Para las crónicas de nuestra pequeña y grande historias local entonces se registra que nació José Ramón velos (sic) el 19 de enero de 1918, certificado por la primera autoridad civil facultada del distrito Sr. Félix Allanamendi.



Sería sorprendente y reparadora para su alma y en vísperas de casi un siglo de su natalicio una fundación o misión de atención y ayuda para los más necesitados, un epónimo fuera del positivismo exaltador del héroe, paradigma ejemplar en tiempos de cambio, por ser un alma subordinada con la vida, abandonada por ciegos cómplices de los pueblos. Honrarlo otorga esperanza y alimenta optimismo el de que podemos llegar a ser mejores como pueblo y como seres humanos y más con él y para recuerdo de un extraño e insólito hijo, parecido y semejante a muchos como lo es y fue el sufrido “Mamajúa”. Cabe señalar que el personaje hizo vida en Acarigua y su figura se recuerda en el anecdotario de la colectividad. 


Agradecimiento a Yadira Peña por hacer llegar a mis manos la partida de nacimiento del popular personaje. Las fotos en orden agonizante son de Manuel Peña, Luis Escalona Rangel, Carlucho Ojeda.

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