miércoles, 29 de abril de 2015

LA VIRGEN DE LA CORTEZA






En mi generosa Acarigua hay una placita que se encuentra ubicada detrás de la iglesia San Miguel Arcángel y que fue construida en los años 60 y donde se visualizaba a una señora junto a un niño y una burrita, así le decimos a esta: "PLAZA LA BURRITA", en ese sentido, la curiosidad me llevó a buscar información acerca del porque de esta devoción de las hermanas y hermanos católicos.



Aspectos de la conclusión de la denominada inicialmente PLAZA DE LA CORTEZA, y que con el correr de los años se transformó en la PLAZA DE LA BURRITA, situada justamente detrás de la Iglesia San Miguel Arcángel de Acarigua. Foto: Freddy Escalona Rangel

LA VIRGEN DE LA CORTEZA.

Cuentan las pasadas crónicas que en febrero de 1702, la mulata araureña Margarita La Perla en compañía de su hijo habían ido a Guanare en acción de gracias (pagar una promesa por haberle devuelto la salud perdida al hijo) a la Virgen de Coromoto, al no poder verla se regresa desanimada y en medio de la cansada jornada la mujer decide acampar cerca de una quebrada y ató a su mula a un árbol de tacamahaca, madre e hijo, cuelgan una hamaca y se disponen a descansar, al rato el muchacho advirtió que el animal se espantaba, y buscando el origen de la novedad, dio con una luz vivísima en el tronco del árbol. 

Se acercaron y notaron que en la corteza, perfectamente clara entre los resplandores, aparecía una imagen. Margarita tajó la corteza con un cuchillo y la guardó bien envuelta en una tela. (El día beneficiado como probable aparición es el 11 de febrero de 1702)




MONUMENTO A LA VIRGEN DE LA CORTEZA HOY CONOCIDA COMO: "PLAZA LA BURRITA"

Iban a seguir su camino, cuando la mula echó a correr, por lo que debieron de hacer a pie la larga distancia hasta Acarigua (aprox. 30 kilómetros). La bestia corrió hasta la puerta misma de la iglesia de Acarigua, y el párroco, el capuchino Miguel de Placencia, extrañado de aquello, mandó a un muchacho de su servicio que averiguara a quién le pertenecía el animal. El mensajero halló a Margarita aposentada en la Casa Real. La mujer fue por su cabalgadura.

El entretanto se había echado a la puerta de la iglesia y Margarita no consiguió levantarla por más palazos que le propinó. Fray Miguel tuvo curiosidad de saber qué contenía la pesada petaca que se suponía había derribado al animal. Margarita explicó que sólo cargaba su ropa y algunas cosas de viaje, además de una concha muy extraña del árbol, y le contó al religioso cómo la había hallado en la quebrada.

Fray Miguel advirtió la figura de la Virgen y devolvió el pedazo de corteza a Margarita La Perla que la guardó de nuevo entre la ropa. La mula, que se había levantado, volvió a echarse apenas se le cargó la petaca, y de nada valieron nuevos golpes. Fray Miguel intuyó de aquello que la santa aparecida expresaba su voluntad de quedarse en la iglesia, pero Margarita no consintió desprenderse del pedazo de corteza. El capuchino entonces se la cambió por un rosario y dos estampas religiosas de la Virgen del Rosario y de la Inmaculada Concepción.

El capuchino colocó la imagen en el altar y empezó a propagarse el culto de Nuestra Señora de la Corteza, que tuvo la aprobación eclesiástica en 1757.(según el cronista Depons)

En octubre de 1778, luego de visitar Ospino, Mariano Martí (1720-1792), Obispo de Caracas y Venezuela y su comitiva se dirigen a un pueblo llamado Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza, al que llegan el 3 de noviembre a las 7 pm. Allí visita la iglesia y especifica: “En esta Iglesia se venera una imagen que no es la original, sino copia de Nuestra Señora de la Corteza”, sigue su marcha el buen obispo por tierras de Portuguesa y el 11 de noviembre sale de "Jujure, (Turén)", llegando a Acarigua a las 3 pm. Visita la iglesia de San Miguel y observa:

“No está colocado su Divina Magestad sino en Quaresma. Es de tres naves que dividen columnas de palo; sus paredes de bajareque, cubierta toda de paja y palma. La Sacristía, tras el altar mayor. No hay cementerio. Está poco aseada. Hay pila bautismal. Esta Iglesia es muy pobre, y ahora ni tampoco le pagan los veinte y cinco pesos para pan, vino y cera, ni tampoco le dan cosa alguna de los dos reales anuales de la Caxa de Comunidad”.

“En esta Iglesia está y se venera el original de la imagen de Nuestra Señora de la Corteza, que me parece que es más pequeña que la copia que vi en dicho pueblo de la Corteza; y este original es más hermosa su imagen; parece que la corona de la Virgen es de oro o dorada, y también parece dorada la orla del manto; el relicario es a manera de una custodia, que tendrá de alto unos dos palmos y medio. No tienen abierto sello o estampa alguna de esta sagrada imagen, y puede ser que el padre Puigcerdá les abra algún sello o lámina de madera para hazer estampas”.(sic)

El 13 de octubre de 1966, tres ladrones (dos colombianos y un venezolano) roban la preciosa reliquia. 



Maravillosa imagen de los años 60, tomada durante el mandato del gobernador Juan Pedro del Moral y al respecto Alfredo Torres Quiroz, expresa lo siguiente: 

"Tengo tiempo investigando sobre esa Iglesia, de hecho entre el 2001 y el 2002 hice la propuesta de ficha de inventario para el Instituto del Patrimonio Cultural. El Templo de Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza fue culminado en 1800, la fábrica fue dirigida por el Pbro. Joseph Lion, su nombre figura en una inscripción en relieve sobre el vano del portón principal. Es un templo de primera generación o de "expresión austera" que no ha tenido cambios significativos desde su construcción. Es muy probable que fuese afectado por el terremoto de El Tocuyo a comienzos de los 50`s. Una foto de comienzos del siglo XX lo muestra sin el campanario espadano (plano) que luce actualmente. Con motivo del Tricentenario de la Aparición de de la Virgen de la Corteza en el año 2001 el Alcalde Amílcar Pérez propició la rehabilitación de la cubierta de techo (2002) y el mejoramiento del contexto. 

Actualmente debe rehabilitarse nuevamente la cubierta de techo y culminarse el proyecto de mejoramiento contextual que dejó la gestión de Pérez que mejoró significativamente el patio lateral con una plaza interna. El templo es Monumento Nacional, está inventariado también como sitio arqueológico y el Alcalde Carlos Molina lo ha declarado Bien de Interés Cultural del Municipio. Tiene unos altares laterales enmarcados con orlas en sus muros laterales hechos seguramente por artesanos indígenas que son una muestra del arte ingenuo y sencillo, y figuran en textos de arte y arquitectura colonia."

El actual Alcalde Carlos Molina asegura que para este ejercicio Fiscal 2015 en la segunda carga de proyectos esta previsto la restauración del techo del templo. Es un compromiso asumido para evitar que se siga deteriorándose.





Visitando el Monumento Histórico Nacional en la Aparición de Ospino.

Es la Iglesia Nuestra Señora de la Aparición de la Corteza, construida en 1800, en el lugar donde Margarita y su hijo reposaron y les apareció la virgen. Hay que resaltar que este templo fue visitado por Simón Bolívar la noche del 5 de diciembre de 1813, luego de la Batalla de Araure, en cuyos alrededores el Libertador estableció el Cuartel General de la República de Venezuela para dar el título al Batallón sin Nombre y glorificarlos con el de Vencedores de Araure. 

La obra se trata de una construcción de estilo colonial conformada por paredes de tapia, techo de vigas, tablones de madera y tejas; y piso de baldosas de arcilla. El altar mayor está ubicado al noreste del templo y en la parte suroeste y noroeste conjuntamente hay altares menores empotrados en las paredes. El campanario se ubica en el lado suroeste de la edificación.


FUENTE CONSULTADA 

José Alí Carrillo. (1999) LA VIRGEN DE LA CORTEZA, Patrona de Acarigua. Caracas- Venezuela.





miércoles, 2 de abril de 2014

RAFAEL DE NOGALES MÉNDEZ. EL VENEZOLANO MÁS UNIVERSAL DEL SIGLO XX

General Rafael de Nogales Méndez

Las guerras en el mundo han sido una continua y perseverante cruzada que ha buscado, en algunos casos, la soberanía y la paz y en otros simplemente, el control y el poder. Hay hombres y mujeres que han luchado por alguno de estos dos grupos de intereses. De esta manera reconocemos quienes son los buenos y quienes los malos, obedeciendo, por supuesto, a nuestros parámetros y libre interpretación de lo que es el bien y el mal. En todo caso, la mayoría de los seres humanos tenemos una idea más o menos similar de lo que estas dos representaciones significan; y nos identificamos con unos personajes o con otros dependiendo de nuestra inclinación, de nuestra balanza interna de valores. 

Esta vez queremos presentar a un hombre venezolano que se inclinó hacia el lado de la justicia y del altruismo. A un militar y aventurero, verdadero trotamundos, que luchó por aquello en lo que creía. Su espíritu inquieto lo lleva a atravesar los cuatro continentes de la Tierra y a combatir destacadamente en cada uno de ellos. Se llamaba Rafael De Nogales Méndez y nace en San Cristóbal, estado Táchira, en Venezuela, un 14 de octubre de 1877. La historiadora Mirela Quero de Trinca, define a este hombre como un ser “…más conocido en lejanas tierras que en la que le vio nacer y quien, como un moderno Miranda, fue el venezolano más universal del siglo XX”. Actuar o morir era su lema. En sus “Memorias” expresa:“Para algunos hombres no actuar es morir, morir de desagradable muerte espiritual.



De esa horrible muerte he estado huyendo toda mi vida, pero he estado como doce veces en garras de la otra, tal vez la más común y de cierto la más popular, la muerte física, que indiscriminadamente está sujeta a la acción de aguijones como balas, neumonía e indigestión” (Nogales, 1991: I, 28)

Tildado de caballero andante, fue un aristócrata socialista educado con mucho esmero lejos de sus añoradas montañas andinas. Y en su recorrido por el mundo, demostró su polifacético carácter siendo: un soldado que peleó junto a los españoles contra la invasión de Estados Unidos a Cuba; un traficante de armas en la frontera Mexicana; un vaquero en Arizona y minero en California; cazador de ballenas en Alaska y de Jabalíes en el Jordan; un espía en la guerra Chino-japonesa, y un alto jefe militar en las filas del ejército Otomano y en las Fuerzas Expedicionarias Persas de la Primera Guerra Mundial; fue guerrillero en la revolución Mexicana y en la Nicaragua de Sandino, y fiel opositor al régimen de Juan Vicente Gómez en Venezuela. 

Según comentó en mayo de 2007 el Embajador y profesor Kaldone G. Nweihed, Jefe de la misión venezolana en Turquía y autor del libro “The world of Venezuelan Nogales Bey”, Rafael de Nogales Méndez estuvo en contacto con doce Imperios diferentes, varios de los cuales vio también desvanecerse. Ellos serían los imperios zarista, prusiano, austro-húngaro, otomano, manchú, inglés, español, francés, belga, holandés, portugués y el naciente imperio norteamericano.

Este viajero, revolucionario y militar de escuela (de acción), político, periodista y además escritor, hilvanó cuatro obras, de las cuales, las dos primeras se internan en escenarios bélicos y políticos como: Cuatro años bajo la Media Luna (Four years under the crescente);

El saqueo de Nicaragua (The looting of Nicaragua); y las dos siguientes autoreferenciales, narran impresionantes aventuras de película y reflexión personal: Memoirs of a soldier of fortune (Memorias, Tomo I y II) y Sombrero de copas y espuelas.

En el prólogo de las Memorias del general, la periodista Ana Mercedes Pérez lo describe de la siguiente manera: “Ningún venezolano ha vivido tan peligrosamente como el general Rafael de Nogales Méndez. Lo conocí en Londres en la etapa final del régimen gomecista, época de incertidumbres. Bajo los entrevelos de la especia niebla, su figura vivamente tropical parecía recobrar la fuerza del picacho andino. Solía llegar a las 9 de la noche al centro español situado en Cavendish Square, en impecable traje de etiqueta, caballero de monóculo y flor en el ojal, a intercambiar opiniones en alta voz con la crema de la intelectualidad iberoamericana que allí se daba cita. Era su presencia como un receso fortuito dentro de la fatigante fog británica que solía escurrirse por las rendijas de los pesados pórticos a matizar de Spleen nuestros espíritus acostumbrados a una llamarada de sol.

El general de Nogales era el hombre-noticia. Daba la impresión de una mente en permanente vigilia, con los ojos brillándole en la penumbra como dos brasas y una cierta actitud nerviosa sobresaltada de soldado en la estrategia. De aspecto escrutador y febril, tez bronceada y pelo aindiado a lo Gaitán, su inconfundible tipo andino no faltaba nunca en los grandes rotativos ingleses, ya rindiéndosele el homenaje como héroe de la primera guerra mundial, ascendido a general de División en Turquía, donde al mando de 12.000 soldados turcos había vencido a 35.000 armenios, tomándose a Van, la capital, en pocas horas” (Nogales, 1991: I, 5).



                  General Rafael de Nogales Méndez


El nombre original de Rafael de Nogales Méndez, era Rafael Ramón Intxauspe Méndez, hijo primogénito de don Felipe Intxauspe, de Nutrias y doña Josefa Méndez Brito, de Barinas, ambos de abolengo e hidalga genealogía. El apellido vasco Intxauspe (Inchauspe), fue traducido al español quedando en Nogales, el cual Rafael Ramón adopta por comodidad y simpleza. Desde muy chiquito –a los 7 años de edad-, fue enviado a estudiar al Viejo Mundo. 

Allí es educado austeramente bajo una estricta disciplina militar. Tutores privados de Alemania y Bélgica le enseñan el arte de la guerra y de su estrategia. Estudia filosofía, letras, y ciencia en universidades de Barcelona, Bruselas y Louvain. Aprende a hablar con perfección y fluidez varios idiomas. Además de su lengua materna conocía el inglés, francés, alemán, italiano, árabe y chino. Muchas veces fue confundido con un nativo de Francia o de Suiza por su impecable acento. En 1898, a los 17 años, consigue el grado de sub-teniente y lucha en el ejército español en contra de la injusta invasión norteamericana a Cuba. Allí es herido en combate y regresa a Europa. Es recibido con admiración en el Viejo Mundo. 

Su vida de aristócrata lo mantuvo siempre cerca de poderosas personalidades como el Rey Leopoldo de Bélgica o el Káiser alemán Guillermo II. Pero, para Nogales Méndez, Europa no será el lugar que genere en él una actitud arrogante con vistas a demostrar en América su gran conocimiento y competencia, sino, más bien, el espacio que recorrerá para aprender y vivir, sin olvidar nunca su nido, su hogar. Venezuela será para Nogales su razón de lucha y de vida. En esos momentos de soledad que trae el destierro, los frescos recuerdos de su hogar, cálido y pacífico, lo salvaban de la melaza de la melancolía. 

En sus propias palabras dice: “Durante toda mi vida he peleado bajo muchas banderas y bajo muchas lunas, incluyendo la media luna del Islam. Me he considerado un ciudadano del mundo en todos los lugares del orbe en que alguna cosa se proyectaba. Un dictador que derrocar. Un ejército de patriotas que organizar y dirigir. Una utopía de oro que sobrellevar. Una ballena que harponear. Una injusticia política que señalar para presentarla desnuda al mundo. En medio de todo ello he sostenido un propósito: la liberación de mi país, Venezuela, de la tiranía que lo agobia (…) Ya sean relámpagos fugaces de un minuto los que hayan contribuido a conformar mi vida como caballero andante, sólo el más grande y el más puro parece interesante en este libro: mi ancestro” (Nogales, 1991: I, 28-29).




La primera vez que regresa a Venezuela, después de 13 años de ausencia, se enfrenta al presidente Cipriano Castro. Apenas con 20 años y con un marcado acento alemán, le reclama al dictador en plena recepción en Miraflores que estaba engañando y torturando al pobre pueblo venezolano y que, en la primera oportunidad atacaría a su gobierno. Sin exteriorizarlo Castro enfurece y lo manda a perseguir. En un baile, en el elegante Casino de Macuto, es advertido de que el recinto estaba rodeado y que buscaban su cabeza. 

Entre espesos matorrales logra llegar hasta la orilla de la mar. Un pescador con su peñero le niega rotundamente el traslado hasta un vapor francés que se divisaba a lo lejos, pero Nogales Méndez cuenta: “…cuando lo puse a escoger entre seis tiros o un billete de diez dólares cambió de parecer y me llevó en su pequeño cayuco hasta el vapor, en donde inmediatamente asegurado en mi camarote me dejé ver lo menos posible hasta que estuvimos en alta mar (…) [Desde entonces ha sido un exilado voluntario de su país, en lucha permanente por lograr su liberación de las manos genocidas]: La resolución que tomé aquel día, cuando desembarqué en traje de etiqueta en Puerto Plata fue pasar el resto de mi vida en el exilio, antes de estar de acuerdo o someterme al régimen de Castro o de Gómez. Esto representa la verdadera razón de mi aventura como caballero andante, peleando bajo muchas banderas” (Nogales, 1991: I, 31-32).

A partir de este episodio, en 1901, se despliegan para Nogales Méndez una gran cantidad de sucesos. Parte de República Dominicana pasando por varios países de Centroamérica hasta llegar a Nicaragua. Durante todo ese tiempo mantuvo constante correspondencia con el doctor Rangel Garbiras, líder del partido nacionalista de los andes. Desde Venezuela se estaba planeando una alzada y le solicitaban buscar armas y municiones de reserva en Centroamérica, específicamente con el presidente Zelaya. En bien llega a Managua es muy bien acogido por su presidente, quien le ofrece municiones y todo lo necesario para ejecutar el golpe contra Castro a perpetrarse desde la península de la Guajira frontera con Colombia. Retorna a Santo Domingo donde se encuentra con los compatriotas revolucionarios. De ahí parten en la goleta “La Libertad” hacia el Sur y después de una semana de viaje llega por fin el enfrentamiento. 

Fue una lucha terrible. Una minuciosa descripción del momento nos la narra el propio Nogales Méndez: “Siendo yo un hombre de los andes nada más natural que dirigiese el ataque. Me bajé del caballo, escupí mi cigarro y grité bien alto ¡viva la revolución! Irrumpí violentamente al frente de mis hombres, contra las trincheras enemigas, mientras los gobiernistas se apresuraban a recargar sus armas.

¡Chocamos! Nunca olvidaré aquel terrible forcejeo que degeneró en el más dantesco espectáculo ante mis ojos, semejante a una pesadilla. Las cargas de machete, una tras otra, desgarraban los cuerpos sin aliento, separaban los miembros, mutilándolos en cientos de pedazos (…)

El aire seguía aullando constantemente por la boca del cañón. El fuego de los rifles crecía más y más, como las maldiciones y lamentos de miles de hombres que continuaban combatiendo a pesar de sus miembros mutilados, con las puntas de las bayonetas, vomitando fuego por la escopeta de seis tiros o reclavando agonizantes las brillantes peinillas húmedas de sangre. Mientras tanto los heridos (…), se arrastraban entre montones de cadáveres en vano esfuerzo por alcanzar la laguna. Locos de sed.

Sólo aquél que hubiese observado alguna vez la muerte en el corazón de la selva, bajo los rayos de un intenso sol tropical, sin agua, sin alimentos, sin asistencia médica de ninguna naturaleza, puede comprender el macabro panorama que mis ojos vieron en Carazúa” (Nogales, 1991: I, 49-50)

Luego de la fatídica derrota regresa a Santo Domingo preso de la malaria, herido en una pierna y severamente deprimido. No obstante, no se deja abatir. La ambición se posesa de él, al igual que lo hizo tiempo atrás cuando decidió dejar la cómoda vida de traje de etiqueta y sombrero de copa para dedicarse a estudiar. Esa misma pomposa vida que, como comenta, comenzaba a mirar con desgano casi con remordimiento e intranquilidad. Posteriormente llega a México creyéndolo un lugar seguro para refugiarse. Ya que el gobierno de Venezuela y el de Honduras –el de Estrada Cabrera-, le habían puesto precio a su cabeza por la distinguida fama subversiva que a esas alturas se ganaba.

Llega a México muy delgado, sólo cuero y huesos delineaban su figura. Es recibido por Porfirio Díaz en el Palacio Nacional y lo envía con el gobernador de Nueva Luzón, el general Boyes, para que se reestableciera de salud. En cuestión de un mes estaba repuesto, y le es encomendada una importante misión de gobierno: Boyes le pide trasladar dinamita. De esa manera cruza Río Grande y llega a El Paso del Águila, cerca de la frontera con los Estados Unidos. 

Allí su compañero de viaje le confiesa que la carga no era dinamita sino armas, alistadas para sublevarse contra Porfirio Díaz, contra ese mismo hombre que, de alguna u otra manera lo había ayudado. Nogales Méndez vira su camino y sigue así hacia Nevada y Arizona. Se hace llamar Nevada-Méndez por esas comarcas; era más fácil de pronunciar para los vaqueros anglosajones. Allí se transforma en un verdadero cowboy. Luego en Yuma vende su caballo y su equipo, y en San francisco, con lo que pudo arañar aquí y allá compra un pasaje para la China en un vapor volandero. 


Presidente Porfidio Díaz

A principios de 1903 llega al imperio Chino, justamente, en el momento en que comienza a desarrollarse la guerra Sino-Japonesa. Allí participa, muchas veces como señuelo, en estrategias de espionaje comandadas por terceros. Pasa por Cantón y llega a Shangai en la navidad de 1903.

Debido a la pericia con que se manejó Nogales en aquel episodio “espía”, lo nombran agente diplomático y confidencial del gobierno de Corea, del cual era alto oficial, y es despachado hacia Pekín. Tenía en ese momento 23 años. Se le habían confiado importantes investigaciones sobre la alianza chino-rusa para enfrentarse a Japón entre otras acciones de inteligencia militar. Pero, una vez más había sido engañado y utilizado como carnada para conseguir vender Corea a los Japoneses usando a China como escenario. Vive una experiencia curtida de riesgos y amenazas, y finaliza su labor sintiendo cómo una bala rusa pasa rozándole el estómago. Hasta allí llegaron sus días de servicio secreto militar.

Decide llegarse hasta Alaska y dedicarse a la gran casería. De allí parte con la idea de llegar a California, pero pierde el vapor y se embarca en un ballenero que zarpaba hacia Cabo Príncipe de Gales. Era 1905. Para entonces llega cerca del estrecho de Bering con ganas de cruzarlo hasta a Abadir, en Siberia. Pero se queda por esos lugares cazando enormes ballenas con los esquimales y festejando después el botín. No obstante, la idea del “saquito de oro” no lo abandona, y parte nuevamente hacia Alaska para poder tomar el bergantín a vapor. “…A través de una tempestad de nieve interminable, que duró posiblemente unos veinte días. No recuerdo bien. Finalmente llegué a Valdez. Desde allí viajé hasta Nevada donde se anunciaba ya la gran bonanza del oro. Aquella de 1906 a 1907”(Nogales, 1991: I, 124).

Finalmente llega a Nevada a fines de 1906. Pasa por Tonopah, Manhattan y Goldfield. La bonanza económica era descomunal, pero pronto vinieron las huelgas de mineros, seguidas de un pánico financiero que ocasionó el cierre de casi todos los bancos. Nogales Méndez tuvo que vender su pura sangre para llegar a Pasadena, California, y luego pasar a México por El Paso.



Después de experimentar incontables aventuras casi cinematográficas, como eran siempre las suyas, fue alcanzado por uno de los sucesos más determinantes de este lado del Atlántico: la Revolución Mexicana. Ya en Chihuahua se esparcían los focos guerrilleros cuando Nogales Méndez andaba por sus desiertos. No tardaron mucho en solicitarle sus servicios. Sus capacidades de coordinación e iniciativa eran bien conocidas. “Mi misión era ayudar a combatir a los federales y tratar de organizar una acción conjunta, por lo menos en Chihuahua, y en las regiones de Durango y Sonora (…). Luego fui provisto de un caballo. [y] Tomé el mando (…) El espíritu de los hombres era excelente. La revolución se había apoderado de sus mentes como el cuerpo de una mujer desnuda o un tesoro enterrado, y hablaban de ella febril y tumultuosamente. Era un grito de guerra que los sacudía desde la raíz de centurias a través de viejos sueños de independencia, desde el propio seno de la tierra”(Nogales, 1991: I, 177).

Entre luchas estratégicas y cuenta cuentos nocturnos pasaron los días para Nogales en el corazón de México. Buena fama de combatiente había adoptado ya nuestro hombre y, hasta con Pancho Villa el mismo comenta que articuló. Pero, su lealtad nacionalista le reclama el retorno a Venezuela. Castro había sucumbido ante la astucia de Gómez y éste estaba ya usurpándole el banquillo. Instalado en el poder, Gómez hace un llamado para que todos los venezolanos que se encontraban en el exterior lo ayudaran a devolver la normalidad a la situación política del país. 

Tras ocho años de exilio voluntario, De Nogales Méndez llega a Caracas un Diciembre de 1909. Veía la oportunidad de por fin servir a su país en la dura lucha de llevarlo adelante. Sin embargo, no encontró un panorama muy alentador. Apenas con verlo a los ojos supo que, Juan Vicente Gómez, no se inclinaría hacia el cambio democrático que tanto esperaban. “Mientras permanecía en Caracas observé la iniciación de los acontecimientos que se orientaban a establecer las bases de una dictadura. 

Pacíficos venezolanos fueron privados ilegalmente de sus derechos, siendo vendidas sus propiedades por el precio que se les antojó los amigos de Gómez. Pedí públicamente, a través de la prensa, el restablecimiento de la paz y la libertad, tal como la conocíamos en las viejos tiempos constitucionales (…) [pero el dictador hacia caso omiso a las distintas peticiones]. Oponerse a Gómez, políticamente o de cualquier otra manera, era un crimen que se castigaba con cargo de prisión, lo cual frecuentemente equivalía a la muerte. Por el sólo hecho de denunciar a un hombre como enemigo del régimen gomecista, se le engrillaba y se le enviaba a un calabozo, muchas veces para el resto de su vida (…). Cuando partí para los estados andinos al final de 1910, una orden de prisión me precedía” (Nogales, 1991: I, 206,207). Gómez obligó a construir vías de transito y otras obras de infraestructura por medio de trabajos forzados. La crueldad había llegado a su punto más álgido. Sin contar con el desmantelamiento que se le aplica a Venezuela tras el descubrimiento del oro negro; un brutal y cómplice saqueo interno-externo sin el menor remordimiento. Mientras tanto, Nogales Méndez se esforzaba por mantener en pie el frente patriótico.

Se intentan algunas insurrecciones sin éxito y tras estar dos meses en Colombia, perseguido y frustrado, no le queda otra alternativa que internarse entre las sabanas llaneras del Arauca y del Apure, en Venezuela y en las junglas fronterizas con Colombia.

José Manuel “El Mocho” Hernández


En Diciembre de 1913 junto al Mocho Hernández, concibió un excelente plan para invadir a Venezuela a fin de derrocar a Gómez. Pero los planes nuevamente fallan y tiene Nogales que asumir su segundo exilio voluntario, pero esta vez, por más de 19 años. En el viaje del destierro pasa un tiempo en curazao rodeado, como de costumbre, en las más insólitas anécdotas.

Allí recibe la noticia de que la Guerra había estallado en Europa: la Primera Guerra Mundial de 1914. Esto estremece su espíritu marcial y no duda en establecer un plan que le permita partir.“¡Aleluya!, me dije para mis adentros. Aquí estaba la oportunidad de mi vida. Por fin la tan esperada guerra mundial estaba en marcha (…). Di entonces gracias a mi buena estrella que me había permitido nacer no demasiado tarde ni demasiado pronto par intervenir en este conflicto universal. Tenía treinta y cuatro años, la edad justa” (Nogales, 1991: II, 79). 

Es así que decidió marchar a Bélgica para ofrecer sus servicios a la causa del Rey Leopoldo II. Recorre las antillas holandesas y francesas y en Martinica, pudo tomar un vapor que lo condujo a París. De ahí saltó a Londres; luego a Calais y a Dunquerque. Ofrece sus servicios a Francia, la cual es aceptada con la condición de que renunciara a su nacionalidad. Nogales Méndez no se preocupa por refutar semejante petición. Su condición de Venezolano la sostenía muy en alto y no había nada en el mundo que lo condujera a desistir de ello. Una vez en Sofía conoce a Von Der Goltz y a Fethi Bey, ministro de Turquía en Bulgaria. Estos dos hombres le ofrecen unirse al ejercito alemán sin perder su nacionalidad, por lo tanto, en vista de la negativa francesa y de sus aliados acepta la interesante propuesta.

Para ese momento comenta: “Después de todo, una causa es una causa. Puede que sea más o menos justa. Lo que se diga en su defensa, podrá ser más o menos cierto. Pero ¿quién tiene la razón? La guerra es la guerra, como dicen los franceses. Yo, como soldado profesional, naturalmente tenía que tomar parte activa en esa guerra (Nogales, 1991: II, 99). 

Llegando a Constantinopla a principios de 1915, conoce al Mariscal Liman von Sanders, jefe de la misión alemana en Turquía. Tanto él como el general Bronsart von Schellendorf Pachá, jefe de Estado Mayor de los ejércitos turcos, le presentaron a Enver Pachá, quien le ofrece una misión como oficial superior en el ejercito regular. De esta manera penetra el milenario mundo del Medio Oriente. Y ya, para Febrero, las estrechas calles de Van se llenaron de espanto por veinte días consecutivos.

Photo of venezuelan soldier and adventurer Rafael de Nogales  Méndez and the cavalry of the 3rd cavalry division in 1917 in Palestine.

Al mando de 12.000 soldados turcos, Nogales se enfrenta a 35.000 guerrilleros armenios en la ciudad capital de sus antepasados. Perennes malestares volvieron a encontrarse. Los armenios –cristianos- aliados a los kurdos y a los rusos resistieron la poderosa ofensiva de los jóvenes turcos –musulmanes- del Imperio Otomano, el cual, desde antes del siglo XVI mantenía su poder. Mientras tanto Nogales, en pocos meses se había transformado de jefe rebelde de guerrilleros llaneros en Venezuela a un oficial de la Media Luna al que habían apodado Sheitan Osmanlí y que, ocasionalmente, llamaban giaur –perro cristiano-. Nos cuenta a propósito de la toma de Van, ciudad dominada aún por el Imperio Turco Otomano que: “Nuestra lucha feroz y aquel fuego sin tregua de la artillería pesada, habían convertido las dos terceras partes de la ciudad de Van en un amasijo de ruinas y despojos llameantes y humeantes, que parecía eructar lavas de odio, como un volcán en actividad. 

Lenguas de fuego parecían llenar el horizonte de innumerables cascadas de un resplandor purpúreo. Era una escena terrible y dantesca” (Nogales, 1991: II, 101). “Descansaron” unas semanas y después parte a Kotur Dagh, en la frontera ruso-persa, para detener el avance de 30.000 rusos que venían en rescate de Van. Estuvo en Bask-Kale, donde venció a 300 o 400 cosacos ahí apostados; en la ciudad de Sairt, la antigua capital de Kurdistán; y en la segunda batalla de Gaza en el cuartel Tel-Es-Sheriat del frente de Palestina.


 Photo of venezuelan soldier and adventurer Rafael de Nogales Méndez  taken in the siege of Van, Nogales is surrounded by his Kurdish guard.


Estuvo también entre las llanuras Beersheba y fue nombrado gobernador militar turco en la península del Sinaí.

Medalla de Guerra otomana

Así como logró victorias también los fracasos tuvo que vivirlos. Nogales cuenta su vida de una manera equilibrada. Narra los episodios exitosos con esmero, pero también describe minuciosamente sus fracasos. Para él cada batalla perdida, de los errores siempre se aprendía. Su propia vida a veces la sentía inmersa entre la realidad y la fantasía. “El contraste entre el feliz y despreocupado Nevada Méndez, exvaquero, minero en Alaska, y Bey Nogales, comandante del sangriento sitio de Van, me impresionó tanto, que en aquel momento llegué a sentirme como en un sueño” (…) [Y continua en el mismo tono]: Estos sucesos me parecen ahora excitantes y divertidos mientras los voy ordenando en mis recuerdos, frente a la máquina de escribir, en la pacífica New York. Frente a mi papel de héroe para película de cine, como entonces me parecía actuar, las cosas eran diferentes. (Nogales, 1991: II,106,122). 

Cuatro largos años paso Nogales por el Imperio Turco, entre el Medio Oriente y la región del Cáucaso. Se enfrentó a tantas aventuras y al mismo tiempo a tantos peligros que estaba aturdido. A pesar de su fama y leal entrega a la causa turca-otomana/alemana estuvo, en incontables ocasiones a merced de los caprichos y dilemas la de guerra.

Cito nuevamente sus palabras para mostrar su forma de pensamiento: “Me sugerían que también yo era sólo un esqueleto ambulante, casi listo para unirme a ellos en la muerte. Había sido sentenciado a morir por el veneno, el cuchillo o las balas. Sabía demasiado. Había tenido la desgracia de ser el único cristiano, entre los sesenta mil turcos que habían aplastado la revolución Armenia. Había presenciado escenas de las que ningún cristiano debía ser testigo, para ostentar el privilegio de vivir y contarlas más tarde. Khalil y varios otros jefes del partido de los jóvenes turcos, quienes habían cometido estos horrendos crímenes, se daban cuenta de que si yo llegaba con vida a Constantinopla, y divulgaba las informaciones que poseía, se verían en grandes dificultades para justificar su conducta.

No sólo ante el Sultán, sino también ante sus aliados Alemania y Austria-Hungría que venían haciendo todo lo posible por detener estas matanzas y deportaciones” (Nogales, 1991: II, 121). 

No obstante, su objetivo fue tan bien cumplido, con precisos y acertados movimientos más un imponente carácter que le permitió asumir los miedos tal como se les presentaban, que se gana el respeto del gentilicio militar turco, kurdo y alemán. En un de sus retiros intermitentes, Nogales estudia en la academia militar de Turquía donde obtienen el grado de comandante vekile del primer regimiento de lanceros imperiales del Sultán en Dolma Bagtch. Posteriormente recibe el Sable de Mejishovon; la cruz de hierro en Primera Clase, concedida por el Kaiser Guillermo II; la estrella de Mechedieh; su título de Bey y el nombramiento de General de División del Ejército Alemán. 

De esa experiencia se lleva consigo una buena impresión. Para él, aunque un tanto salvajes y crueles, los militares turcos y kurdos fueron hombres fiables y asombrosamente corteses como no se los había encontrado antes.



De ahí sale para Madrid, pero su fama de verdugo de Armenia le impidió un descanso tranquilo. Es así que a los páramos andinos donde se refugia en las montañas de Gramalote durante dos años, cerca de la frontera de Venezuela, para dedicarse a reconstruir sus memorias. “Gramalote me ofrecían el único lugar aislado y suficientemente seguro y solitario para la civilizada tarea de unir en palabras mis recuerdos.

Escribí nueve veces Cuatro años bajo la Media Luna. Rompí los originales, ocho. Para fines de 1922 dos copias del futuro libro estaban listas para abandonar conmigo las montañas en busca de un editor” (Nogales, 1991: II, 202-203). Fue difícil la labor de escribir el libro, pero más lo fue tratar de publicarlo. Fue víctima de varias trabas y persecuciones capitaneadas por Gómez. 

General Juan Vicente Gómez

Es así que debe escapar otra vez y lo hace hacia Centro América. San Jacinto en Nicaragua fue casualmente su primer destino, y de allí, un casi naufragio lo arroja cerca de Santa María la Antigua del Darién. Posteriormente llega a Puerto Obaldía, en Panamá y de ahí a la Capital. De Panamá viaja a Colón y luego a la bahía de Bocas del Toro, para finalmente internarse en las selvas nicaragüenses a cazar jaguares negros.

Pasa muchos años viviendo en Nicaragua. Allí conoce a Augusto César Sandino y colabora con su causa. De sus experiencias escribe un libro que titula El saqueo de Nicaragua, cuyo contenido provocó un gran escándalo y una demanda Norteamericana a la casa editora por la fabulosa suma de 250.000 dólares. 

Augusto César Sandino

El libro fue prohibido en Norteamérica mientras que en Europa se publicaba libremente sin tomar en cuenta otras opiniones. Como cuenta Ana Mercedes Pérez en el prólogo de las I Memorias, “El escritor había denunciado hechos tan graves que obligaron al presidente Roosevelt a retirar a los marines de Centroamérica”. (Nogales, 1991: I, 6). En 1936 regresa a Venezuela.

Gómez había muerto y en su lugar estaba ahora el general López Contreras quien, aunque abre las puertas del país a los exilados, no atiende a los llamados de democracia que todos clamaban. La administración del nuevo general no demuestra ser diferente a la vieja. Continúan las persecuciones políticas, los asesinatos y las huelgas. Prosigue Ana Mercedes Pérez recordando esos tiempos turbulentos:“Como un jaguar solitario, para decirlo con sus propias palabras, se pasea por esta Venezuela congestionada la figura imponente del general Nogales Méndez.

Tiene 58 años, cuarenta al servicio de la causa revolucionaria, soñando con este día de libertad (…). La prensa lo señala con su figura nerviosa de militar activo (…). Quiere terminar su vida en la amada patria –dice a un periodista- y ofrecerle todo cuanto sabe. Su fuerza. Su capacidad. Su cultura” (Nogales, 1991: I, 16). Se le ofrecen dos caminos, el político y el militar, pero en el primero salta a relucir la envidia y la mezquindad. El brillaba demasiado y opacaría a los demás. Y en el segundo sucedía algo similar, sus técnicas y propuestas no eran muy bien recibidas por miedo al reemplazo o la humillación.

Para Nogales Méndez, “el destierro continuó sobre su propio suelo”. Sólo que ahora los obstáculos no eran delirios de poder u ofensivas de guerra sino algo peor: el egoísmo, la indiferencia, la indolencia y la incomprensión. Le fue asignado un puesto de administrador de la aduana de Las Piedras de Falcón, muy por debajo de sus habilidades. Tuvo que aceptarlo, la fortuna no había sido su norte. “…la pobreza rondaba sus talones de hombre honesto. Ahora era simplemente Nogales, escritor, que había sobrevivido por el oficio quijotesco de vender sus libros (…) Ya no llevaba la inquieta mirada y el ademán decidido. Se había vuelto un misántropo. Lucía un aire melancólico y ausente. En pocos meses se había envejecido. Su aparente artritis parecía venirle del alma” (Nogales, 1991: I, 17-18).

Tal vez por el disgusto de sentirse humillado y olvidado en su propia tierra, por la humedad de Las Piedras y los años ganados en el tiempo se le agrava la artritis. Así fue para Panamá, cuando fue invitado para estudiar la gendarmería en ese país. El 7 de Julio de 1937 se somete a una operación de garganta. El 10 de mismo ese mes amanece muy enfermo de pulmonía, falleciendo a las 2 y 45 de la tarde. Sus pocas pertenencias denotaban el grado de pobreza en que se encontraba.

Entre ellas un cheque del National Bank of New York por 1.615 dólares se utilizó para embalsamarlo y trasladarlo a Caracas. “El 24 de Julio de 1937, [cuando se celebraba precisamente el natalicio del Libertador], llega en el vapor de carga Orazio un bulto anónimo que estuvo dando tumbos muchos días sin que nadie lo reclamara (…). La desaparición física de esa gran figura fue recubierta, por parte de nuestras autoridades, de un silencio ominoso” (Nogales, 1991: I, 21). La cancillería hizo caso omiso de la llegada de Nogales muerto.

Nadie sabe qué hacer con aquel cadáver. Nadie lo reclama. Por fin se entera la prensa, 6 días después, que tan ilustre general se encontraba abandonado en la aduana de La Guaira. De nada sirvieron los titulares. Fueron los reporteros organizados los que se encaminan en la búsqueda de Nogales. “Buscan ustedes a un tal señor Nogales. Creo que es ese bulto de aquel rincón”. Fue enterrado en el Cementerio General del Sur el 2 de agosto de 1937 sin honores ni ceremonia.


Plaza de entrada del Cementerio General del Sur. Caracas, Venezuela


Fuentes Consultadas
Jasmina Jäckel de Aldana, “¿Del aventurero trotamundos al héroe nacional venezolano?”, Estudios de Asia y África, El Colegio de México, enero-abril 2000, en http://www.redalyc.uaemex.mx

Luciana Mc Namara, “Rafael de Nogales Méndez, militar y aventurero: venezolano de película”, revista Encontrarte, fascículo 101http://encontrarte.aporrea.org/101/personaje/

Rafael de Nogales Méndez, Memorias, Tomos I y II, Editorial Fundación Biblioteca Ayacucho, Colección La Expresión Americana, 1991. Traducción y prólogo: Ana Mercedes Pérez.

Rafael de Nogales Méndez, Cuatro años bajo la Media Luna, Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2006. Prólogo: Kaldone G. Nweihed.

Rafael de Nogales Méndez, El saqueo a Nicaragua, Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2007. Traducción y prólogo: Ana Mercedes Pérez.

Violeta Rojo, “Memorias de un aventurero venezolano: Rafael de Nogales Méndez”, Revista Virtual Contexto, N° 8, 2002.




viernes, 28 de diciembre de 2012

Croniquilla. Nerio Duin Anzola, “Mano Nerio”



Fotografía de "Mano Nerio"


 “LA VERDAD DE LA VIDA ES UNA TUMBA”


Personaje popular de los ayeres de Acarigua, nació el 10 de octubre 1892 y murió el 07 de noviembre de 1959,  aquí mismo en su ciudad natal. Fueron sus padres José Tomas Duin Zerpa y Leticia Anzola Cazorla,  era tan curioso, que hasta el historiador Ramón J. Velázquez, escribió sobre él. 

Fue un naturista, viajero, botánico, taxidermista, inventor, cuentista, comunista, bromista, cazador, pescador, preparador de ungüentos a base de manteca  animal y plantas, gran comedor de chimó, preparador de jarabes caseros, además de escritor, pues se dice que dejo  4 libros publicados gracias a la colaboración de algunos amigos y de los cuales se conocen 3.  

Vivió sus últimos 30 años en la Reja de Guanare en su casa llamada “Posada el Viento” para tener una referencia: ubicada en la actual  avenida 36 con calle 21, última calle del pueblo para esos tiempos, luego de allí está la Avenida Las Lagrimas;  vivienda que compartía con su mujer Vicenta Ana Pérez mujer que le toleraba todas sus rarezas.

Su casa era un pequeño museo-zoológico-botica, parada obligada todo los días para muchos visitantes , allí los animales andaban sueltos;  nada grato para los pensionistas, pero si para el que visitaba, pues allí iban mirar todas  sus excentricidades, entre ellas se atribuía  el hallazgo de una espuela del Libertador encontrada  en el lugar donde se libro la Batalla de Araure y espada del general Páez ( no sabemos cómo llego esta a sus manos), allí mismo vendía manteca de raya, de tigre,  colmillos de caimán, animales vivos y disecados por el mismo.

Contó  el cronista Alí  Carrillo; uno de sus amigos y escribiente de sus libros (junto a Luis Bazán García), que en una ocasión le enseño un terreno que había comprado a su hermana Isabel de aproximadamente media hectárea, sembrado con  cedros y árboles frutales, que le dijo:

__Mira Ali! algún día esto será un bosque!  

Es el actual parque Mano Nerio inaugurado en 1962, primer parque zoológico con que conto la ciudad, construido por la administración del para entonces Gobernador Dr. Pablo Herrera Campins (1959-1964). Lugar de orgullo donde hacían vida diferentes tipos de animales, entre ellos, monos, culebras, gran variedad de pájaros, caimanes, venados y muchos más, además de disponer de columpios y juegos para el disfrute de los turistas de otras ciudades y de los niños y  jóvenes de aca de estado Portuguesa y de ser un sitio de excelencia para invitar a la novia a distraerla y robarle un beso.

Otra anécdota contada por el acarigueño Ali Carrillo, refiere a un funeral fingido por Mano Nerio del cual colectó un bolívar por cada amigo y se hizo de 200 bolos y con ello compró una urna para fingir su funeral,  esta la hizo pintar con animales y en ella se lució la lista de los contribuyente y la frase: “La verdad de la vida es una tumba”, toda una pauta publicitaria, sin duda alguna Mano Nerio fue un acarigueño de excepción.

Hoy el parque está en el más total abandono, sus animales fueron desaparecidos por los borrachitos que ocuparon ese espacio ante la mirada indiferente de los gobernantes de turno, es hora de dejar la apatía y rescatarlo para sembrar nuevas esperanzas y cambios en nuestros niños y jóvenes, para aprovechar sus espacios y recrear en ellos y eliminar el ocio.  

El Parque Mano Nerio nos pertenece y debemos rescatarlo del olvido. 




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bolívar W. (2008) Acarigua, Testimonios en el Tiempo. Compilación. Talleres GRAIMPSA, Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela

Bolívar W.  (2005) Acarigua 100 años. Crónicas e imágenes. Impresora Portuguesa C.A.

Ojeda, C.J. (2010) Acarigua, 390 años. Su historia y su gente. Editorial Quinta Columna C.A.