viernes, 28 de diciembre de 2012

Croniquilla. Nerio Duin Anzola, “Mano Nerio”



Fotografía de "Mano Nerio"


 “LA VERDAD DE LA VIDA ES UNA TUMBA”


Personaje popular de los ayeres de Acarigua, nació el 10 de octubre 1892 y murió el 07 de noviembre de 1959,  aquí mismo en su ciudad natal. Fueron sus padres José Tomas Duin Zerpa y Leticia Anzola Cazorla,  era tan curioso, que hasta el historiador Ramón J. Velázquez, escribió sobre él. 

Fue un naturista, viajero, botánico, taxidermista, inventor, cuentista, comunista, bromista, cazador, pescador, preparador de ungüentos a base de manteca  animal y plantas, gran comedor de chimó, preparador de jarabes caseros, además de escritor, pues se dice que dejo  4 libros publicados gracias a la colaboración de algunos amigos y de los cuales se conocen 3.  

Vivió sus últimos 30 años en la Reja de Guanare en su casa llamada “Posada el Viento” para tener una referencia: ubicada en la actual  avenida 36 con calle 21, última calle del pueblo para esos tiempos, luego de allí está la Avenida Las Lagrimas;  vivienda que compartía con su mujer Vicenta Ana Pérez mujer que le toleraba todas sus rarezas.

Su casa era un pequeño museo-zoológico-botica, parada obligada todo los días para muchos visitantes , allí los animales andaban sueltos;  nada grato para los pensionistas, pero si para el que visitaba, pues allí iban mirar todas  sus excentricidades, entre ellas se atribuía  el hallazgo de una espuela del Libertador encontrada  en el lugar donde se libro la Batalla de Araure y espada del general Páez ( no sabemos cómo llego esta a sus manos), allí mismo vendía manteca de raya, de tigre,  colmillos de caimán, animales vivos y disecados por el mismo.

Contó  el cronista Alí  Carrillo; uno de sus amigos y escribiente de sus libros (junto a Luis Bazán García), que en una ocasión le enseño un terreno que había comprado a su hermana Isabel de aproximadamente media hectárea, sembrado con  cedros y árboles frutales, que le dijo:

__Mira Ali! algún día esto será un bosque!  

Es el actual parque Mano Nerio inaugurado en 1962, primer parque zoológico con que conto la ciudad, construido por la administración del para entonces Gobernador Dr. Pablo Herrera Campins (1959-1964). Lugar de orgullo donde hacían vida diferentes tipos de animales, entre ellos, monos, culebras, gran variedad de pájaros, caimanes, venados y muchos más, además de disponer de columpios y juegos para el disfrute de los turistas de otras ciudades y de los niños y  jóvenes de aca de estado Portuguesa y de ser un sitio de excelencia para invitar a la novia a distraerla y robarle un beso.

Otra anécdota contada por el acarigueño Ali Carrillo, refiere a un funeral fingido por Mano Nerio del cual colectó un bolívar por cada amigo y se hizo de 200 bolos y con ello compró una urna para fingir su funeral,  esta la hizo pintar con animales y en ella se lució la lista de los contribuyente y la frase: “La verdad de la vida es una tumba”, toda una pauta publicitaria, sin duda alguna Mano Nerio fue un acarigueño de excepción.

Hoy el parque está en el más total abandono, sus animales fueron desaparecidos por los borrachitos que ocuparon ese espacio ante la mirada indiferente de los gobernantes de turno, es hora de dejar la apatía y rescatarlo para sembrar nuevas esperanzas y cambios en nuestros niños y jóvenes, para aprovechar sus espacios y recrear en ellos y eliminar el ocio.  

El Parque Mano Nerio nos pertenece y debemos rescatarlo del olvido. 




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bolívar W. (2008) Acarigua, Testimonios en el Tiempo. Compilación. Talleres GRAIMPSA, Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela

Bolívar W.  (2005) Acarigua 100 años. Crónicas e imágenes. Impresora Portuguesa C.A.

Ojeda, C.J. (2010) Acarigua, 390 años. Su historia y su gente. Editorial Quinta Columna C.A.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

RESTOS MORTALES DE JOSÉ ANTONIO PÁEZ


El General José Antonio Páez,
 Litografia de 1858 de Francois D´Avignon

El General José Antonio Páez falleció en Nueva York el 6 de mayo de 1873, cuando contaba con 83 años de edad. Su muerte se produjo a las siete y veinticinco de la mañana, en una modesta casa marcada con nro. 42 de la calle 20 este, Asistido por el Médico A.K Gardner, muere a causa una bronconeumonía, resultado de un fuerte resfriado, probablemente adquirido en los paseos a caballo que acostumbraba a realizar  por Central Park en las semanas previas a su fallecimiento, debido al frio clima Neoyorkino.

Fue el más longevo de todos los próceres de nuestra independencia y como tal quien más actividad militar y política desarrollo.

Para el momento de fallecer, estaban a su lado, su hijo Ramón Páez Ricaurte y muchos emigrados políticos como él, la mayoría cubanos, que le amaron y le respetaron en vida, recordando la excelente disposición que mantuvo Páez, de obedecer la escogencia que de  él hizo  el Libertador Simón Bolívar, para conducir y mandar una expedición a Cuba, con miras a consolidar la independencia de esa isla caribeña y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de ese amor y  ese respeto que por tantos títulos  era acreedor el anciano General venezolano.

En la prensa americana  de ese día  6 de mayo, aparece lo siguiente: “…Murió pobre, emigrado de su país natal, del suelo que libertó con su pujante lanza, con el fuego de su corazón y con la energía de su espíritu ardiente como el sol que baña los inmensos llanos que fueron la cuna de este ilustre campeón de   la independencia americana; como si la Providencia hubiese querido recibirle en su seno maternal, en los momentos de su muerte, en la misma condición humilde y sencilla en que le dio el soplo de vida en la ignota y pobre villa de Araure…”

Había muerto casi en la miseria y en sus últimos años se le veía llevar una vieja ropa para ser remendada. Su cadáver fue embalsamado gratuitamente por el médico cubano Federico Gálvez.

Su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cementery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada. Alli permaneció durante 15 años y estuvo a punto de ser colocado en una fosa común por cuanto no había dejado bienes de fortuna a sus familiares para que estos cubriesen los gastos de un sepulcro digno y privado

Tomas Michelena en su obra Resumen  de la vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido  General José Antonio Páez (Tipografía El Cojo, 1899) describe el hecho de la siguiente manersa: “… ayer por la mañana a las 10, los amigos personales del muerto, inclusive los doloridos, se reunieron en la última morada  de la Calle 20 del Este, para dar la  última  visita a sus restos. - A las diez y cuarto salió el féretro entre las lágrimas de los dolientes, y fue colocado en un sencillo carruaje tirado por dos caballos. Sobre el féretro había dos banderas americanas, una de las cuales hecha de seda y terciopelo y hermosamente bordada en plata y oro, había sido presentada por el propio General Páez al Mayor A.E. P. Green quien comandaba la tropa que  escoltó al caudillo   al buque que lo llevó a Venezuela, en la primera partida de esta ciudad a su Patria… …El carruaje y el acompañamiento compuesto de una docena de coches, llegaron a la Iglesia  Católica  Romana de San Esteban (sic) a las diez y media de la mañana. Ya a esta hora estaba llena la hermosa iglesia por todas partes. El féretro fue llevado al pie del presbítero y colocado sobre unas andas a cuyos lados había seis candelabros con velas encendidas. Sobre el ataúd había cuatro guirnaldas de flores, mientras a la cabeza y pies estaban colocados en posición recta dos cruces de flores siemprevivas…” 

“…Posteriormente fue llevado al Marbel Cementery y depositados temporalmente en una bóveda a la espera que el Gobierno y el pueblo de Venezuela reclamaran los restos de aquel patriota para ser sepultados con honores militares…”


General General José Antonio Páez
Foto de Federico Lessman, Col. Museo Bolivariano Caracas

Fue solamente en 1888 cuando Páez regresó a su patria, durante el gobierno del General Hermógenes López. Los actos que entonces se organizaron para llevar sus restos al Panteón se intitularon “La Apoteosis del General Páez”. Su cadáver había estado fuera de su tierra natal durante quince años.
           
Trascurre el día 7 de abril de 1888, cuando en horas del mediodía, el Fortín El Vigía del puerto de la Ciudad Histórica La Guaira, con repiques de campaña y con su conocido código de señales anunciaba que había “fragata americana a la vista”, lo que produjo una gran excitación entre el pueblo del puerto que esperaba el arribo de dicho navío. La fragata extranjera era el “Pensacola”, que había salido de Nueva York con los restos del ilustre venezolano el día 24 de marzo, después de haber permanecido cuatro días en capilla ardiente las cenizas del héroe, recibiendo los más grandes honores del pueblo del pueblo norteamericano.



Exequias militares rendidas a José Antonio Páez

(Foto. Fundación Jhon Boulton)



Honores en capilla ardiente en Nueva York en 1888


Fue impresionante el desfile por la Quita Avenida hasta llegar al embarcadero donde acudió el pueblo en masa a darle el último adiós.




Procesión de los restos de José Antonio Páez por la 5ta. Avenida de Nueva York

(Foto. Fundación Jhon Boulton)


Cortejo fúnebre rumbo al embarcadero

(Foto El Cojo Ilustrado 1896)

Llegada del carro fúnebre al embarcadero de Nueva York.
(Foto Fundación Jhon Boulton)


Embarque de los restos de José Antonio Páez a la Fragata Americana Pensacola
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)


A las dos de la tarde atracó el buque de guerra en la rada del puerto de La Guaira, e inmediatamente todos los buques anclados en el puerto izaron las banderas a media asta, lo mismo hicieron los dueños de los edificios públicos y casa particulares.

Como era día sábado, las autoridades decidieron que el desembarco de los restos fuese el lunes siguiente, o sea el 9 de abril de 1888.

Ese día escogido, a las nueve y quince de la mañana, se desprendió de la fragata una falúa pintada de negro y con el tricolor patrio adornado de un crespón negro, en donde fueron colocados los restos mortales del héroe. Enseguida, el General Carlos Ferrero, con precisión y gran lucimiento inició la marcha naval hacia los muelles, haciendo escolta de honor a la falúa en la cual venían los restos del General Páez, todos los botes y lanchas que se encontraban fondeadas, siempre con las banderas a media asta. En varias lanchas venían unos marinos de la fragata “Pensacola”, quienes al desembarcar rindieron honores en correctas formación. En el momento del desembarco, la fragata hizo una salva de despedida de 21 cañonazos.

Los pilares del muelle habían sido vestidos con tela blanca, artísticamente cruzadas con cinta negra, sosteniendo 36 trofeos formados por las banderas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. En el centro de cada trofeo iba un escudo orlado de laureles, donde se grabó el nombre de alguna batalla de nuestra independencia en la que hubo combatido Páez.

El techo que cubría el muelle estaba cubierto de bambalinas con los colores nacionales, completándose así adorno del sitio de llegada. Para mayor realce del acto, el piso del muelle había sido enarenado convenientemente y se colocaron alfombras en el centro del mismo.

Al atracar la falúa con los restos de nuestro héroe, toda aquella inmensa multitud que esperaba en silencio, se descubrió respetuosamente y sombrero en mano permaneció hasta que los restos del General José Antonio Páez fueron colocados en un vagón del ferrocarril, que había sido acondicionado para dicho evento. Enseguida, el General Jacinto Regino Pachano en emocionado discurso hizo entrega de tan preciosa reliquia a la Directiva de La Guaira encargada de recibirla. También manifestó su agradecimiento al Gobierno y al pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica por los actos celebrados en Nueva York, y que él había tenido la oportunidad de presenciar. El General Juan Bautista Arismendi, tomó la palabra para decir entre otras cosas: “En nombre de la Junta Directiva que tengo el honor de presidir, recibo las gloriosas cenizas del héroe de nuestra independencia que fatigó a la historia con sus hazañas y cuyos sacros restos la Patria espera para colocarlo en el templo de la inmortalidad, al lado del gran Bolívar y sus otros compañeros de gloria. Allí reposarán esas reliquias veneradas y servirán de estímulo a las generaciones venideras cuando se trate de la honra de la Patria…”.

Junto con la multitud había un grupo de señoritas, quienes vestían trajes similares a los usados en la época romana, y que representaban a las naciones bolivarianas. Al lado de cada una de ellas, se había colocado un general venezolano, portando la bandera de cada una de esas naciones hermanas, excepto la venezolana que la llevaba el Cónsul de los Estados Unidos de Norteamérica, señor Winfild S. Bird, como homenaje al país que había recibido con fraterno cariño a nuestro destacado venezolano fallecido.

Las banderas bolivarianas las portaban los generales Tito Alfaro, Alfredo Sarría, José García y Esteban Aranda. Las banderas de los Estados Unidos la sostenía el General Juan Bautista Arismendi, quien presidía la Junta Directiva de la Comisión por La Guayra. Una banda marcial ejecutó el Himno de Venezuela mientras toda la oficialidad y tropa se cuadraba. Luego fue ejecutado el Himno de los Estados Unidos.

El desfile desde los muelles hasta el vagón del ferrocarril se organizó así: a la izquierda los soldados venezolanos y a la derecha la tropa norteamericana formada por marinos. En medio de estas dos columnas y detrás del féretro venían los familiares de Páez; la comisión venezolana y el comité de Nueva York, encargados de la repatriación de los restos del héroe; el comandante de la fragata, Capitán Arthur R Yates y el Segundo Comandante, W. Reisinger; la oficialidad de la nave norteamericana; los prominentes jóvenes del litoral; Miguel Castillo Rivas, César García Monjuí, Juan Francisco Hernandez, Luis Castillo Rivas, Carlos Hellmund, Froilan Monteverde, Ramón de Lergórburu, Enrique Abadíe, Martín Anderson, Enrique Olaizola, Prudencio Gutierrez, Pedro Dominguez Gil, Lorenzo Badillo, Porfirio Tamayo, Pedro Díaz Otero, Ramón S. Gosling, Heriberto García Monjúi, Juan Guerra Ciasneros y Manuel Badillo. La Junta Directiva de La Guayra hizo entrega de un bello ramo de flores para ser colocado sobre los restos mortales.



Honores militares rendidos a Páez frente a la Casa de la Aduana en La Guayra

(Foto Fundación Jhon Boulton)


Cuando el vagón del ferrocarril terminó de llegar a la estación situada frente a la casa de la Aduana, hoy casa Guipuzcoana, los marinos de la fragata y tropa venezolana, presentaros armas de frente, mientras que un grupo de hermosas damas del litoral lanzaban una lluvia de flores desde la casa de la Aduana.

La Junta Directiva de La Guayra, presidida por el General Juan Bautista Arismendi, procedió a colocar sobre el féretro situado en el vagón especial, las insignias y objetos siguientes: Charreteras de General en Jefe, el bastón de mando, el sombrero y la magnífica espada que perteneciera al General Juan Bautista Arismendi; la barra de oro que fue del General Miranda; una hermosa bandera venezolana de seda y una preciosa corona de inmortales entretejida por un tul negro con flecos de plata y sujeto con un gran lazo tricolor, también le fue ofrendada la bandera de los Estados Unidos que vino cubriendo la urna desde Nueva York.

La señoritas que representaban las naciones bolivarianas, tomaron cada una uno de los cordones de seda con borlas de oro de la urna que contenía los restos, mientras que la otra mano llevaban cestas colmadas de flores para regalarlas al paso. Estas señoritas eran: Luisa Aurora Arismendi, nieta de Luisa Cáceres de Arismendi; Dolores Arismendi, prima hermana de la anterior; María Teresa Smith, bisnieta del prócer Guillermo Smith; Isabel Golding, bisnieta del Almirante Luís Brión; y Marta Teresa García, nieta del Capitán de Navío Jose María García. Representó a los Estados Unidos, la señorita Ana Teresa Arismendi también nieta de Luisa Cáceres de Arismendi y del General Juan Bautista Arismendi.

En horas del mediodía se ofreció un banquete en la Casa Guipuzcoana al Comandante y oficialidad de la nave “Pensacola”, entregándosele como recuerdo, una hermosa bandera venezolana. Mientras tanto, seguía llegando gente del pueblo a la estación del tren para darle el último adiós al General Páez. A las tres de la tarde partió el tren hacia Caracas, adonde eran conducidos para que reposaran para siempre en el altar de la Patria.


Jóvenes de Caracas vestidos con el uniforme de los Husares de Páez  a la espera para el traslado de las cenizas del General José Antonio Páez al Panteón Nacional



José Antonio Páez
Foto anónima, 1863








Epitafio del General José Antonio Páez, publicado en año 1888 en el Cojo Ilustrado




Estatua del general Páez en Acarigua-Araure, estado portuguesa, Venezuela

BIBLIOGRAFÍA

-Velásquez, Ramón J. (1988). Los pasos de los héroes. Edición Especial Homenaje del IPASME al Autor. Caracas – Venezuela. ISBN 980-6122-01-1.
-Romero Martínez, Vinicio (1987). Mis mejores amigos, 110 biografías de venezolanos ilustres. Editorial Larense, C. A. Caracas-Venezuela. ISBN 980-211-120-1.
-Corpoven (1989). Un mito: se llamaba Páez, se llamaba Apure en: Venezuela Tierra Mágica. Ediciones de Corpoven, S. A. Caracas – Venezuela.. ISBN 980-259-299-4.
-Arrechea Rodríguez, Elio (1977). Próceres y batallas de la independencia en la América bolivariana. Cardenal Ediciones, S.A. Caracas – Venezuela. ISBN 84-399-8594-0.
-Alfonzo Vaz, Carlos (1973). Páez y Argentina. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas – Venezuela.
-Cova, J. A. (1947). El centauro. Vida del General José Antonio Páez. Caudillo Venezolano y Brigadier del Ejercito Argentino. Editorial Venezuela. Buenos Aires Argentina.
-Fundación Polar (1995). Campaña de Carabobo. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
´-Fundación Polar (1995). Toma de las flecheras. En: “Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Naranjo, Carmen (1995). Entrevista de Páez y Falcón. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Adolfo (1995). Gobiernos de José Antonio Páez. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Adolfo (1995). José Antonio Páez. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Manuel Alfredo (1973). Páez y la unidad venezolana. Revista Guardia Nacional. XXIV(141-142):28-39..
-Morón, Guillermo (1979). Los presidentes de Venezuela. 1811 - 1979. S.A. Meneven. Caracas - Venezuela. 334p..
cita de artículo
-Ojeda,Carlos José  "José Antonio Páez Herrera de Mendoza Xaimes de Aguero y El Correcto Nombre de Nuestros Próceres de Independencia". Edición del diario Ultima Hora, del 13 de Junio de 2001. Editorial: Diario Ultima Hora, Acarigua, Portuguesa - Venezuela, 4 p, Cuerpo de Opinión del Cronista del Municipio Páez, del Estado Portuguesa.


sábado, 10 de septiembre de 2011

EL GENERAL JUAN GUILLERMO IRIBARREN


Los Iribarren, se establecieron en Araure desde los principios del siglo XVIII y el apellido  se encuentra en documentos de la época relativos a la Villa. Don Pedro Rodas, autor de un importante trabajo titulado Noticias y documentos relativos a la ciudad de Araure, publicado en 1903, registra que el 04 de Marzo de 1712 Don Juan Clemente del Valle al hacer una donación de una parte importante de sus tierras a la Virgen del pilar, presenta el documento correspondiente ante el escribano Juan Francisco Iribarren.

Juan Guillermo, nació en Araure (Edo. Portuguesa), el 25 de Marzo de 1797, hijo de Juan Bautista Iribarren, natural de Navarra, administrador de la Real Hacienda en Araure, y de Juana Goyena de Xuarez, natural de Araure y casados en la Iglesia Nuestra Señora del Pilar en junio de 1794.  Las primeras enseñanzas las recibe en el seno del hogar y a los 11 años, junto con su hermano José María ingresa en el Colegio Seminario Tridentino de Santa Rosa de Lima, en Caracas. Presencia los acontecimientos del 19 de abril de 1810.

En 1814, abandona el Seminario y se incorpora a las fuerza patriotas comandadas por José María Rodríguez con quien hace su bautizo bélico en la defensa de Ospino el 2 de febrero de 1814. Participa en las siguientes acciones: San Carlos, Valencia (1814); acompaña al general Rafael Urdaneta cuando éste reorganiza el ejército patriota en Humocaro Bajo. Auxilia, con las fuerzas de Urdaneta a Andrés Linares (17.9.1814), emigra a la Nueva Granada pasando por los llanos de Casanare con Miguel Antonio Vásquez, y forma parte del ejército de Apure que comanda José Antonio Páez. Pelea en la Trinidad de Arichuna (1815), Los Cocos y El Yagual y por su actuación en esta última batalla es ascendido a capitán.

El 28 de enero de 1817 participa en la batalla de Mucuritas siendo designado por Páez para comandar un cuerpo especial para operaciones en Barinas y Casanare. El 20 de abril del mismo año, con una unidad de dragones (caballería) vence al coronel José Navas en el combate de Banco Largo. Como recompensa, el general Páez le impone una condecoración, cuya presea (un escudo de oro) lleva grabadas las palabras «Arrojo Asombroso» y le da el despacho de primer comandante.

La trascendencia del triunfo estaba dada por el hecho de que la ocupación de este sitio permitía establecer el contacto del ejército republicano con las comarcas barinesas. En 1818 alcanza el grado de coronel y participa junto con Simón Bolívar en la Campaña de los llanos; en octubre Bolívar lo nombra miembro de la Orden de Libertadores. Ese año Guillermo Iribarren se casa en Cunaviche de Guayana con Candelaria Arana.

El General Juan Guillermo Iribarren
El 27 de mayo de 1819, es nombrado vocal de la junta de guerra que se reúne en la aldea de Setenta para decidir sobre la libertad de la Nueva Granada, allí se produce la deserción de un apreciable grupo de soldados del escuadrón de Iribarren. El incitador es un capitán de apellido Pérez, y el coronel Iribarren no tiene participación en este suceso. Superada esa crisis, sigue a la cabeza de su escuadrón bajo las órdenes del general Páez durante el 1820, en el ejército de Apure y participa en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821; apenas concluida ésta, el Libertador le encomienda perseguir a los dispersos del ejército español que huían hacia los llanos. Nuevamente a las órdenes de Páez se halla en el sitio de Puerto Cabello, y combate en la acción de Naguanagua (12.8.1822). En 1824 inicia una nueva faz de su carrera al ser nombrado comandante general del cuarto distrito militar de Venezuela. En 1826 no participa en el movimiento separatista de La Cosiata y mantiene su distrito al margen de los hechos.

ACTUACIÓN EN LA GESTA EMANCIPADORA

Según Morales Marcano, al referirse a Juan Guillermo Iribarren dice "el verbo de la libertad había encarnado en nuestro patricio educando; y aquilatándose su espíritu en la gestación misteriosa de la idea democrática que lo poseía faltaba sólo una ocasión propicia a la explosión del aliento marcial que le impulsaba al campamento de los libres, y cuyas manifestaciones en los asuetos de la vida claustral del seminario, consistía en simulacros de batallas que formaba, con sus jóvenes cofrades y que resolvía en catástrofe para las armas reales y triunfos de Bolívar"

(1814)  "En el curso de la peregrinación de su noviciado militar hizo sus primeras armas a la orden del General Rafael Urdaneta". "El Comandante Miguel Antonio Vargas fue designado por Urdaneta para organizar en Casanare un cuerpo de caballería, se ha dicho que Juan Guillermo Iribarren estaría en este grupo. Ya el 2 de Febrero, esta combatiendo en la defensa de la plaza de Ospino, a las órdenes del eminentísimo Comandante José María Rodríguez, español que con tanto arrojo lucho a favor de la causa emancipadora y cuyos hombres según la memoria de Urdaneta eran "modelos de bravura y de constancia en la adversidad" Según Boletín Oficial, dado en el Cuartel General republicano, en Valencia, el 17 de febrero, y publicado en la Gaceta de Caracas.

Dice así este documento: "El 2 del corriente se presentó delante de la villa de Ospino el Teniente Coronel Gogorza, con trescientos infantes y cien caballos, para auxiliar los doscientos hombres del Batallón de Barlovento, que al mando del capitán José María Rodríguez sostenían la plaza, sitiada desde el día primero por el canario Yánez, a la cabeza de doscientos fusileros y setecientos caballos. Un combate sangriento se empeñó entre ambos cuerpos; pero al cabo de una hora fue derrotado completamente el enemigo, con pérdida de la mayor parte de su gente, y entre ellos el mismo Yánez"

(6-10-1816) Batalla de los Cocos. En el Yagual (8-10-1816). Obteniendo el grado de Capitán.
(1817) Mucuritas (Enero). Batalla de Banco Largo. (Marzo) Se le concede el Escudo "Arrojo Asombroso" por su extraordinaria actuación en esta victoria. El Capitán Juan Guillermo Iribarren apenas, con veinte años de edad "al mando de quinientos aguerridos hombres del "Batallón Dragones", sorprendió a los realistas con tal ímpetu y pujanza que en acción solitaria los hizo rendirse, fue tan fulminante la sorpresa tan súbito y fragoroso el acometer que pasmado el enemigo de tan inconcebible audacia y creyéndose acometido por el ejército entero del temible Páez, apenas si acertó en su pavoroso aturdimiento a disparar un solo tiro que, postro sin vida al valeroso Sargento Roso González, única víctima que cobró a nuestro dragones vencedores" En esta Batalla las bajas realistas y prisioneros eran incontables.

Al llegar triunfante Páez enseguida expidió un Decreto especial condecorando al Capitán Juan Guillermo Iribarren, con un escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" medalla ésta, única concedida por Páez en todo el curso de su dilatada carrera. Con los prisioneros se conformó el Batallón de Infantería "Bravos de Páez" y luego más tarde en la incomparable Campaña de Cundinamarca, recibieron el título glorioso de "Vencedor en Boyacá". El Libertador por su parte al conocer la hazaña de Iribarren lo ascendió al grado de primer Comandante, haciéndolo reconocer al mismo tiempo como jefe nato de sus "Husares". El 31 de diciembre de 1817 es ascendido al grado Coronel vivo de caballería.

(1818) Las Galeras de Ortiz. Combate en las Galeras de Ortiz, donde es herido el Comandante Genaro Vásquez y rescatado por Juan Guillermo Iribarren.
(1818) Participa en el Combate de San Carlos en el mes de abril y en el mes de mayo en la Batalla de Cojedes. En Octubre de 1818 se le concede la orden de los Libertadores.
(1819) Convocado por el libertador para conformar la Junta de Guerra para emprender la Campaña de Nueva Granada.
(1820) Se mantuvo a las órdenes de José Antonio Páez, en el Ejército de Apure.
(1821) Batalla de Carabobo.

(1824) Fue designado como Comandante General del Cuarto Distrito Militar de Venezuela, "en cuyo cargo presto servicios, en la organización y administración de su gobierno, sobremanera estimables, en esta nueva faz de su carrera desplegó dotes de mando que, cónsonos con las ideas de su época y con la índole de los pueblos que gobernaba, lo formaron, especialmente en la comarca del Guárico, era enérgico para hacer el bien y extirpar el mal, amigo y decidido protector del mérito, intransigente con el desorden, irreconciliable con el vicio y el escándalo.

En medio de estas pacíficas tareas con las que se esmeraba en consolidar el establecimiento de la moral y la libertad a la que había contribuido a alcanzar, llegó a sus oídos el sordo rumor de aquella amenazante perturbación política iniciada en el Congreso de Valencia (1826) Llamada la "Cosiata". Aunque fiel y constante amigo del General en Jefe José Antonio Páez, a quien proclamaban caudillo de los refractarios de Valencia. Iribarren, no reconoció el carácter y las tendencias extralegales de aquellos novadores contra la autoridad constitucional del Libertador, manteniendo una actitud circunspecta, expectante que bien a las claras cuentas significaban su opinión hostil a todo conato de revueltas. Cautivado grandemente el Libertador por la respetable conducta de Iribarren, en aquella crisis y por el género nuevo de servicio de su antiguo Coronel de los "Húsares". 

El 3 de Marzo(1827) es ascendido al grado de General de Brigada por decreto del Libertador y pocos días después el 28 de Abril muere en la ciudad de Calabozo Estado Guárico, donde se residió buena parte de su vida, con su esposa Candelaria Arana con la que contrajo matrimonio en 1819 en Cunaviche, Estado Apure.

Doña Candelaria Arana era hija de María Antonia Báez, dueña del Hato La Candelaria, donde posiblemente el Libertador y su Estado Mayor comenzaron a planificar la Batalla de Carabobo, posteriormente propiedad de Juan Vicente Gómez e inmortalizada en las páginas de la novela Doña Bárbara escrita por Rómulo Gallegos. En el matrimonio nacieron cuatro Hijos: Juan Guillermo, José María, Eduardo y Teolinda Iribarren Arana. Se conoce la descendencia de uno de sus hijos Eduardo Iribarren Arana, casado con la Doña Florentina Rivas, con quién tuvo tres hijos: José Gregorio, María Amparo y María Luisa Iribarren Rivas. Su hija Doña María Amparo Iribarren, casada con Rafael Soto Planas, de esta unión provienen, las bisnietas de Juan Guillermo son: Marina Soto Iribarren de Laclé (Murió el 16 de Marzo de 1992) y Josefina Soto Iribarren de Garrido y Flor Soto Iribarren de Aranguren, las dos primeras tuvieron el privilegio de celebrar por primera vez el Natalicio de Juan Guillermo Iribarren visitando la ciudad natal el 25 de Marzo de 1988.

ATRIBUCIÓN

En 1884, en la oportunidad de solicitar una pensión como viuda legítima del prócer Doña Candelaria Arana de Iribarren hace dramáticas revelaciones acerca de su situación económica que expresan la calidad moral de aquellos hombres y mujeres que entregaron sus vidas al servicio del país.

El texto de Doña Candelaria, al Ministro de Guerra es el siguiente:

"Ciudadano Ministro de Guerra y Marina"

"Candelaria Arana de Iribarren, viuda del general Juan Guillermo Iribarren prócer de la Independencia se permite valerse del respetable órgano de usted para elevar al benemérito General de la presidencia de la República la presente exposición: "Victima expiatoria de las guerras intestinas que han asolado al país, pesando ya sobre mí el hielo de los años, cercana a la tumba, os dirijo la voz para pediros me acordéis la pensión de ochocientos bolívares mensuales que señalaría acaso la que correspondiera a mi esposo si el viviese" Fundada mi esperanza en vuestro noble corazón, no rehusareis a la anciana viuda esta dadiva, por aquel, que durante dieciochos años lidió esforzadamente por la causa independentista y obtuvo el concurso de los hechos por el general José Antonio Páez, el escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" en premio de sus hazañas, y único en la historia de aquella época.

A los veinte y un años el general Simón Bolívar le expidió el título de la "Orden de los Libertadores", y a los treinta y un años en que murió ya había ascendido a los más altos grados de la milicia." "Me permito observaros que sólo desde el año de mil ochocientos setenta y tres impelida por la necesidad, acepté la limosna que el Gobierno designó distribuir a las viudas de los próceres" "Os acompaño los despachos y títulos en clase de devolución que acreditan esta breve exposición, suplicando trasladéis vuestro recuerdo a la Historia de la Patria para que así estiméis la justicia de mi petición, que en ningún tiempo se había animado dirigir a los que han regido los destinos de Venezuela"

La Orden de los Libertadores fue creada por Simón Bolívar para rendir tributo y enaltecer las hazañas gloriosas de quienes se consagraron conscientemente al servicio incesante de la libertad y la justicia, combatiendo sin tregua, sin fatiga y sin desaliento a los opresores. La medida del valor de esta orden, la da el propio libertador, cuando en su opinión: El premio del mérito es el acto augusto del poder humano "o que" "las recompensas honoríficas, deben ser raras y muy justas" así sustentó éticamente la instauración de la orden": "Sólo los hombres tributados a los talentos y virtudes militares puede ser una digna recompensa de los heroicos sacrificios que hacen los defensores de la patria"

Por su participación en las Batallas de San Carlos y Cojedes de la Campaña de 1818, bajo las órdenes de José Antonio Páez, Simón Bolívar en Octubre de ese mismo año le otorgó la Orden de los Libertadores, autorizándole para usar la venera mientras recibía la estrella. Y por esto y compañero aunque fortuitamente inactivo, de los héroes de las Queseras del Medio (1819) alcanzó la cruz de dicha orden, que decretó Bolívar, a aquellos vencedores. "bien sentada esa tan apreciada insignia del valor y del honor en el pecho de aquel fuerte, que debía al brillo de entrambas dotes el vivo afecto de su General y el personal aprecio del Libertador"

Su nombre está inscrito en los MEDALLONES DE LOS PRÓCERES. En el Monumento erigido en la conmemoración de esta Batalla al lado de los que participaron en el crucial y definitivo acontecimiento. Estos medallones realizados en barro cocido diseñadas por el escultor venezolano Adolfo Estopiñán y posteriormente copiadas en bronce. Son obras en relieve de 16 oficiales que tuvieron participación destacada en la Batalla de Carabobo. Ellos son: los Generales Daniel Florencio O'Leary, Juan Uslar, Judas Tadeo Piñango, Juan José Flores, José Ignacio Pulido, Arthur Sandes, José Gabriel Lugo, Charles Minchin, José Justo Briceño, Juan Guillermo Iribarren, Carlos Luis Castelli, José Ribeiro de Abreu y Lima, y los coroneles Fernando Figueredo, José Francisco Aramendi, Juan Ramón Burgos y Francisco José Torres Arriechi. Con esta representación se les rinde un merecido homenaje a estos patriotas. Estos medallones miden 30 cm, y están ubicados en las barandas de la tribuna presidencial.

Este monumento enaltece el gentilicio venezolano, en él se plasma la gallardía y valentía de los hombres, que lucharon fervorosamente por lograr la tan anhelada libertad, en esta sabana, la sangre derramada por los patriotas, dio paso a una Venezuela libre, para amarla, tal y como éstos próceres de la independencia, lo hicieron.

En 1997, en el marco de la conmemoración del Bicentenario del Natalicio del General Juan Guillermo Iribarren se funda, el 21-04-97, en el Municipio que lo vio nacer, una Escuela Básica para atender alumnos de secundaria. Desde que esta institución abrió sus puertas a la comunidad araureña, lleva con orgullo el nombre, de Juan Guillermo Iribarren, caracterizándose por enaltecer y difundir las proezas y gloriosas batallas del héroe epónimo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-Bolívar, W. (1997, Abril 7) Crónicas y personajes de la Historia. Reencuentro del general Juan Guillermo Iribarren. El día que volvió a Portuguesa EL Regional p.10.

-Morales, J. (1977). General Juan Guillermo Iribarren. Dirección de Extensión Universitaria. Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto: Editorial Cuyuní.

-Propuesta de creación de la Cátedra Vida y Obra del “General Juan Guillermo Iribarren” Autor: Dra. Chirinos Eneida Araure. Marzo 2006.

jueves, 24 de marzo de 2011

FRANCISCO DE MIRANDA

Sebastián Francisco de Miranda, también conocido como el Generalísimo, fue un hombre adelantado a su tiempo, con una gran visión de la posteridad de los pueblos de América Latina. Fue el primer visionario que entendió que América Latina, tenía que ser un solo pueblo, un solo país, aun cuando el concepto geográfico, político, económico, vivencial y emocional aún no existía. Sin embargo debía ser concebido, para de esta manera poder enfrentar con la revolución los embates colonialistas de aquel entonces y del futuro presente



Monumento a Miranda en la Vela de Coro, estado Falcón

A este Precursor de la Independencia de Venezuela e Hispanoamérica, se le ha reconocido mundialmente como "el primer criollo universal". Participó en los 3 acontecimientos magnos de su momento histórico: la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y la lucha por la libertad de Hispanoamérica. Visionó un concepto de América como unidad, bautizándola con el nombre de Colombia, o Colombeia. Continente que, según su ideal, abarcaba desde el Río Mississipí al cabo de Hornos.


CONTEXTO HISTÓRICO

En plena era colonial, la población bullía dividida desde muchos puntos de vista, no sólo el racial, sino hasta por la procedencia. Así entre los blancos los había peninsulares, blancos criollos y blancos "de orilla". Los peninsulares eran los nativos de la península Ibérica, ellos orgullosos y vanidosos, se creían blancos puros nada más que por razones de ubicación geográfica, siendo la realidad que los españoles eran y son un pueblo mestizo, crisol mezcla de muchísimas sangres decantado a lo largo de no mucho tiempo. Eso sí, enemigos del trabajo.

Los blancos criollos eran los hijos de los peninsulares nacidos en nuestra América y aunque el régimen colonial no les permitía acceder a grandes cargos políticos (que se reservaban para los peninsulares), eran ricos pues heredaron de sus padres el fruto de la explotación inmisericorde de la riqueza de América y entre nosotros de la explotación agrícola con los indígenas y los negros actuando como esclavos en el cultivo del cacao, café, añil y otros productos. Como era de esperarse, tampoco los criollos eran afectos al trabajo, pues las herencias de sus padres les libraban de tal necesidad. Es más, consideraban la riqueza proveniente del trabajo como algo deshonroso, algo que necesitaban quienes no tenían estirpe.

Los blancos "de orilla" eran los canarios provenientes, como su nombre lo indica, del archipiélago africano de Las Canarias. Eran tratados como gentes de segunda categoría y, por haber venido después de la dominación de nuestro país, carecían de los "títulos nobiliarios" obtenidos durante la dominación de América, por tanto, no tenían nada qué heredar, por lo que debían trabajar, lo que permitió a muchos de ellos llegar a la abundancia. 

Bajo este contexto político y social,  nació  Francisco de Miranda en Caracas, el 28 de marzo de 1750. Sus padres fueron Sebastián de Miranda Ravelo, un comerciante proveniente de las Islas Canarias, y Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza, caraqueña.  A los doce años inicia estudios en la "Clase de Menores" de la Universidad de Caracas. Desde 1764 a 1766 cursó la "Clase de Mayores", profundizando sus conocimientos, obteniendo el título de Bachiller en 1767.

Un acontecimiento que marcaria la vida del joven Francisco, lo fue sin duda alguna, la actitud asumida por la oligarquia mantuana; sobre su señor padre y su familia, actos  de discriminación al efectuarse el  nombramiento de Don Sebastián como Capitán de una Compañía de "blancos isleños" en 1764, esto produjo un fuerte rechazo de la sociedad "mantuana", expresión del conflicto que enfrentaba a los “blancos españoles y a los "blancos criollos", preámbulo de la lucha de Independencia Hispanoamericana.

Ante tal circunstancia, decide en 1771 marcharse a España para servir al Rey y  para completar sus estudios. Ingresó al ejército donde obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Prestó servicios en el Norte de África, sobresaliendo por su talento y coraje en la guerra contra los moros. Tenía increíble facilidad para aprender idiomas. Logró hablar fluidamente el francés, ingles y alemán. En 1780 fue enviado a la guarnición de Cuba, como ayudante del Coronel Cajigal, destacando rápidamente por su capacidad. Pero la envidia y las intrigas de algunos oficiales españoles le hicieron caer en desgracia, quienes le acusaron de conspirar contra la Corona de España.

Fue llevado a la cárcel, de la que salió por los buenos oficios de su amigo el Coronel Cajigal. De la Habana emigró a los Estados Unidos, donde participa en la Guerra de la Independencia, comandando tropas españolas para aplacar a insurrectos estadounidenses en La Florida y Mississippi. En ese país conoció, entre otros, a George Washington, Thomas Paine, Alexander Hamilton y Thomas Jefferson.


En 1791, Miranda tomó parte activa en la Revolución Francesa. En París, se hizo amigo de los girondistas Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve, y sirvió brevemente como general en la una sección del Ejército revolucionario francés que lucho en la campaña de 1792 para conquistar los Países Bajos llegando al grado de Mariscal de Francia, bajo el mando de Charles François Dumouriez.  Arrestado varias veces durante el reinado del terror, Miranda fue amenazado con ser deportado después una medida del Directorio de la Dinastía Borbón y los Girondistas. A pesar de todo, su nombre permanece grabado en el Arco de Triunfo de París que fue construido durante el Primer Imperio Francés.  Miranda tenía un hogar en Londres, donde Compartió su vida con su ama de llaves y eterna compañera, la inglesa Sarah Andrews, con quien tuvo 2 hijos: Leandro, nacido en 1803 y Francisco nacido en 1805.


Miranda participó directamente en la Revolución francesa por lo cual le fue otorgado el título de Héroe de la Revolución y Mariscal de Francia. Es el único americano que tiene su nombre grabado en el Arco del Triunfo en París

  
En 1805, hace sus preparativos para marcharse. Redacta su testamento, nombrando por albaceas a sus amigos John Turnbull y Nicolás Vansittart. Ordena que su archivo Colombeia sea trasladado a Caracas, lega sus clásicos griegos y latinos a la Universidad de Caracas y sus demás bienes situados en Caracas, Londres y París a sus hermanas y sobrinos, para que sean aplicados a la educación de su hijo Leandro, y para su mujer Sarah Andrews.

En 1806, viajó a Los Estados Unidos en busca de ayuda para su expedición militar emancipadora a Venezuela. Con una tripulación abigarrada, formada por vagos y maleantes de los muelles de Nueva York, norteamericanos, austríacos, franceses, polacos, etc., sale Miranda el 2 de febrero de 1806. Diecisiete días más tarde llega a Jacmel, Haití. Aquí, a bordo del bergantín Leandro, Leander (en honor a su hijo Leandro), Miranda enarbola por primera vez la bandera venezolana: amarillo, azul y rojo. Hace que todos aquellos «soldados» juren fidelidad a esa bandera y al libre pueblo de Sudamérica. Era el 12 de marzo de 1806. Sigue hacia las costas venezolanas, con dos goletas fletadas, la Bachus y la Bee, para desembarcar en Ocumare, pero cuando están cerca son rechazados por el fuego de guardacostas, porque las autoridades venezolanas estaban avisadas.

Aunque los expedicionarios responden al fuego, las goletas son apresadas. El Leandro logra escapar y va a Trinidad después de hacer escalas en Grenada y Barbados.

Diez de los prisioneros serán ahorcados el 21 de julio de ese mismo año. Los demás sufrirán prisión por más de diez años. Uno de los ahorcados y descuartizados fue el impresor norteamericano Miles L. Hall (o Hale), quien por tal razón ha sido considerado como «el primer mártir de la imprenta en Venezuela». Miranda no se da por vencido. Ahora está en la isla de Bonaire, donde convoca, a bordo del Leandro, una Junta de Guerra, el 3 de mayo, y decide llegar hasta Trinidad para reorganizarse y reforzar la expedición. En alta mar son interceptados por la corbeta inglesa «Lily» que conduce el Capitán Donald Carmpbell. Miranda es reconocido por su alto prestigio y se le facilitan víveres. Sigue hasta Granada. El 7 de junio desembarcan en Barbados, donde el Almirante Alejandro Cochrane le ofrece el apoyo de las Fuerzas Navales de Inglaterra.

Con el Leandro, una goleta y dos buques de guerra, llega Miranda a Trinidad, el 23 de junio. Allí recibe ayuda de Hislop, Gobernador de la isla. Ahora la expedición ha crecido: la forman el Leandro, la Express, la Attentive, la Provost, la Lily, tres cañoneras y tres buques de transporte. Zarpan Miranda viaja en la Lily con el Capitán Campbell, que comanda los siete buques de guerra ingleses. Ya frente a las costas de Coro, el 1 de agosto, la fragata inglesa Bacchante se agrega a la flota.

Los 11 buques de la escuadra, con sus 300 hombres de desembarco, están ahora fondeados frente a La Vela de Coro. En la madrugada del 3 de agosto de 1806 mientras los buques descargaban su artillería, se precipitaban a tierra Miranda y sus hombres. ¡Hacía 35 años que no pisaba su tierra venezolana! y ese mismo día, al tomar el Fortín de La Vela, colocan en lo alto el Pabellón tricolor. ¡Por primera vez flameaba nuestra Bandera en el territorio nacional! Por la noche, después de asegurarse que La Vela está bien protegida, marcha Miranda con su Ejército a tomar a Coro.

Al llegar a esta ciudad la encuentra prácticamente desierta. La propaganda contra Miranda ha surtido efecto. Sobre todo la del Obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés, que lo pinta como ateo, monstruo, traidor, enemigo de Dios y del Rey. Tanto en La Vela como en Coro, el protolíder va con sus Proclamas por delante. Riega las calles de papeles. El pueblo, fuertemente influido por la prédica de la iglesia y por el santo temor al Rey, le dio la espalda a Miranda. Entonces, prudentemente, ordena la retirada de las tropas a La Vela, y de allí va hacia Aruba, Granada, Barbados y por último a Trinidad, donde se detiene casi un año, con la esperanza siempre viva de recibir nuevos auxilios de Inglaterra. Al no tener respuestas, se va a Londres, donde llega el 1 de enero de 1807, donde continúa haciendo propaganda a favor de la independencia a través de su correspondencia personal y del periódico que ha fundado ese propósito “El Colombiano”.

Esos días se entretiene un rato con su mujer Sara Andrews y sus dos hijos. Por lo pronto, hay que dejar las cosas como están.

En realidad, no se puede hablar de fracaso. Miranda no descansará, seguirá haciendo que la balanza europea no española se incline a favor de la revolución hispanoamericana. En ese tesonero esfuerzo habrán de encontrarlo Bolívar, López Méndez y Bello, en 1810, dado ya el golpe caraqueño. Empieza otro capítulo. En 19 de Julio de 1810, conoció a SIMON BOLIVAR, con quien tuvo largas tertulias en la Logia “Gran Reunión Americana”. Invito el joven caraqueño. El 10 de Octubre de 1810, enrumbar hacia la Guaira a borde del velero “AVON”. 

Bolívar, durante su permanencia en Londres, se empeña en que Miranda vaya a Caracas. Se necesita de su experiencia. Logra entusiasmarlo el futuro Libertador y Miranda se va detrás de los diplomáticos. Se aloja en Caracas en la casa de Simón Bolívar. Participa en la Sociedad Patriótica y luego en el Congreso. Cuando se declara la Independencia, el 5 de Julio de 1811, ya Miranda es la figura central en el ambiente político.


Firma del Acta de la Independencia de Venezuela, en Caracas (bosquejo realizado por el pintor venezolano Martín Tovar y Tovar alrededor de 1875). La declaración de independencia es acordada en Caracas el 5 de julio de 1811 y el acto de firma tiene lugar dos días  después, el día 7 de julio. El artista representa a Miranda en uniforme militar, a la izquierda, con la mano izquierda descansando en el puño de La espada.
Comenzó muy pronto la reacción realista. Fracasa el Marqués del Toro y nombran Generalísimo a Francisco de Miranda, quien de inmediato se hace cargo del ejército. Las tropas no son lo suficientemente disciplinadas como para satisfacer a quien, veterano soldado, ha mandado ejércitos de 100 mil hombres en Francia. Monteverde avanza captando simpatía entre la gente del pueblo. Todo conspira en contra de los patriotas. Un oficial entrega el Castillo de Puerto Cabello. El Comandante de la Plaza es Bolívar. Hay deserciones en el ejército patriota, levantamiento de esclavos en Barlovento, ante estos hechos críticos, El viejo militar prepara la Capitulación con Monteverde, sin consultar a nadie pero es violada por Monteverde poco después. Así se perdió la Primera República.

Ahora empieza el calvario de Miranda. Decide embarcarse en La Guaira, donde varios oficiales patriotas, entre ellos Bolívar, se le presentan para juzgarle por lo que consideran una traición. Miranda se ve perdido. Los oficiales pretenden someterlo a un Consejo de Guerra. Pero la traición llegó primero. Y el propio Comandante de La Guaira (31 de julio de 1812) ahora está al servicio de los realistas y le impide salir en el barco. Miranda queda arrestado y los demás oficiales logran escapar.


 Miranda fue arrestado por un grupo de civiles y militares, entre ellos Simón Bolívar, quienes le reprochaban haber dado ciertas concesiones a los realistas. Fue encarcelado en San Carlos. Después los realistas se apoderaron de Miranda. De allí fue enviado al Castillo de San Felipe, en Puerto Cabello. En junio del mismo año es trasladado a una fortaleza en Puerto Rico (El Morro) y, en 1813, es enviado a España, encarcelándolo en el arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz, donde fallece el 14 de julio de 1816.

Miranda en La Carraca, Arturo Michelena; Últimos días de Miranda en prisión, cuadro historicista de 1896: Óleo sobre tela – 196,6 x 245,5 cm. Galería de Arte Nacional, Caracas, Venezuela).
Su nombre pasó a la inmortalidad, como el insigne Precursor de la Independencia de Venezuela y Padre de la Masonería Latinoamericana.

 Hasta el día de hoy, es imposible el reconocimiento de sus restos, ya que al morir fue enterrado en una fosa común en el cementerio del Arsenal de la Carraca y sus restos quedaron perdidos. Mientras tanto, se le es dedicado un cenotafio en el Panteón Nacional de Venezuela, donde también están los de Antonio José de Sucre y Andrés Bello. El monumento, diseñado por el escultor italiano Julio Roversi, está coronado con una escultura del general sobre un pequeño pedestal donde hay una placa en donde se dan las fechas y lugares de nacimiento y muerte. Éste está sobre un mausoleo simbólico decorado con motivos funerarios y con las puertas abiertas. Frente a él hay una sarcófago cuya tapa aparece siendo abierta por un águila, simbolo de poder , la cual es custodiada por una alegoría de la libertad. Debajo de ella hay una placa en donde se lee el siguiente epitafio respecto al paraje de sus restos:

Venezuela llora por el dolor de no haber podido hallar los restos del General Miranda, que han quedado perdidos en la huesa común de la prisión en que espiró este gran mártir de la libertad americana. La República los guardaría con todo el honor que les es debido en este sitio que les ha sido destinado por Decreto del Presidente de ella General Joaquín Crespo, fechado el 22 de enero de 1895.


Las puertas y la tumba parcialmente abierta simbolizan la esperanza de Venezuela de encontrar los restos del prócer, aguardando su llegada. El ideal Mirandino de integración está hoy más vivo que nunca, pues América Latina avanza en diversos espacios políticos, sociales y económicos en su afán de ocupar un lugar justo en el mundo, como tantas veces lo señaló el precursor Francisco de Miranda.

Cenotafio


Monumento al Generalísimo Francisco de Miranda en el Panteón Nacional, Caracas, Venezuela, del Escultor Italiano Julio Roversi, estilo renacentista, Nave Derecha, Sus restos quedaron perdidos en el cementerio del Arsenal de la Carraca, en Cádiz España.

Los archivos de Miranda fueron salvados en un barco inglés en 1812, llevados a Inglaterra. El historiador y diplomático Caracciolo Parra Pérez, apasionado por la vida de Miranda, evidenció devoción por el tema, hasta hacerle seguimiento y encontrar uno de los legados más valiosos de Miranda: su archivo. El conjunto de 62 tomos, empastados por su autor en cuero con letras de oro, y que navegaron por el océano durante meses, y se mantuvieron ajenos a la Historia de Venezuela por un siglo, contienen todas las cartas, negociaciones y reflexiones que hizo el prócer en vida. El documento es revelador: mediante él se puede conocer el pensamiento revolucionario del prócer y sus acciones y preocupaciones sobre el movimiento de la independencia. Parra Pérez no se conforma con haberlo localizado, hace además todas las gestiones necesarias para que el Estado venezolano lo adquiera. Logra su cometido en 1926.

FUENTES CONSULTADAS

BRICEÑO IRAGORRY, Mario. Don Francisco de Miranda, maestro de Libertadores. Trujillo, Ejecutivo del Estado, 1950;

BRITO FIGUEROA, Federico. Miranda, pasión de la libertad americana. Caracas, Universidad Santa María, 1981;

COVA, Jesús Antonio. Francisco de Miranda, el precursor de precursores. Caracas, Imprenta Nacional, 1950;

PARRA PÉREZ, Carracciolo. Historia de la Primera República de Venezuela.Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1992;

POLANCO ALCÁNTARA, Tomás. Francisco de Miranda: ¿Don Juan o Quijote?. Caracas, Ediciones G.E, 1996;

SALCEDO BASTARDO, José Luis. Crisol de americanismo: la casa de Miranda en Londres.Caracas, Lagoven, 1980;

USLAR PIETRI, Arturo y Pedro Grases. Los Libros de Miranda.Caracas, La Casa de Bello, 1979;

USLAR PIETRI, Juan. Miranda y la sonrisa de la guillotina. Caracas, Editorial Ateneo de Caracas, 1979.