miércoles, 2 de abril de 2014

RAFAEL DE NOGALES MÉNDEZ. EL VENEZOLANO MÁS UNIVERSAL DEL SIGLO XX

General Rafael de Nogales Méndez

Las guerras en el mundo han sido una continua y perseverante cruzada que ha buscado, en algunos casos, la soberanía y la paz y en otros simplemente, el control y el poder. Hay hombres y mujeres que han luchado por alguno de estos dos grupos de intereses. De esta manera reconocemos quienes son los buenos y quienes los malos, obedeciendo, por supuesto, a nuestros parámetros y libre interpretación de lo que es el bien y el mal. En todo caso, la mayoría de los seres humanos tenemos una idea más o menos similar de lo que estas dos representaciones significan; y nos identificamos con unos personajes o con otros dependiendo de nuestra inclinación, de nuestra balanza interna de valores. 

Esta vez queremos presentar a un hombre venezolano que se inclinó hacia el lado de la justicia y del altruismo. A un militar y aventurero, verdadero trotamundos, que luchó por aquello en lo que creía. Su espíritu inquieto lo lleva a atravesar los cuatro continentes de la Tierra y a combatir destacadamente en cada uno de ellos. Se llamaba Rafael De Nogales Méndez y nace en San Cristóbal, estado Táchira, en Venezuela, un 14 de octubre de 1877. La historiadora Mirela Quero de Trinca, define a este hombre como un ser “…más conocido en lejanas tierras que en la que le vio nacer y quien, como un moderno Miranda, fue el venezolano más universal del siglo XX”. Actuar o morir era su lema. En sus “Memorias” expresa:“Para algunos hombres no actuar es morir, morir de desagradable muerte espiritual.



De esa horrible muerte he estado huyendo toda mi vida, pero he estado como doce veces en garras de la otra, tal vez la más común y de cierto la más popular, la muerte física, que indiscriminadamente está sujeta a la acción de aguijones como balas, neumonía e indigestión” (Nogales, 1991: I, 28)

Tildado de caballero andante, fue un aristócrata socialista educado con mucho esmero lejos de sus añoradas montañas andinas. Y en su recorrido por el mundo, demostró su polifacético carácter siendo: un soldado que peleó junto a los españoles contra la invasión de Estados Unidos a Cuba; un traficante de armas en la frontera Mexicana; un vaquero en Arizona y minero en California; cazador de ballenas en Alaska y de Jabalíes en el Jordan; un espía en la guerra Chino-japonesa, y un alto jefe militar en las filas del ejército Otomano y en las Fuerzas Expedicionarias Persas de la Primera Guerra Mundial; fue guerrillero en la revolución Mexicana y en la Nicaragua de Sandino, y fiel opositor al régimen de Juan Vicente Gómez en Venezuela. 

Según comentó en mayo de 2007 el Embajador y profesor Kaldone G. Nweihed, Jefe de la misión venezolana en Turquía y autor del libro “The world of Venezuelan Nogales Bey”, Rafael de Nogales Méndez estuvo en contacto con doce Imperios diferentes, varios de los cuales vio también desvanecerse. Ellos serían los imperios zarista, prusiano, austro-húngaro, otomano, manchú, inglés, español, francés, belga, holandés, portugués y el naciente imperio norteamericano.

Este viajero, revolucionario y militar de escuela (de acción), político, periodista y además escritor, hilvanó cuatro obras, de las cuales, las dos primeras se internan en escenarios bélicos y políticos como: Cuatro años bajo la Media Luna (Four years under the crescente);

El saqueo de Nicaragua (The looting of Nicaragua); y las dos siguientes autoreferenciales, narran impresionantes aventuras de película y reflexión personal: Memoirs of a soldier of fortune (Memorias, Tomo I y II) y Sombrero de copas y espuelas.

En el prólogo de las Memorias del general, la periodista Ana Mercedes Pérez lo describe de la siguiente manera: “Ningún venezolano ha vivido tan peligrosamente como el general Rafael de Nogales Méndez. Lo conocí en Londres en la etapa final del régimen gomecista, época de incertidumbres. Bajo los entrevelos de la especia niebla, su figura vivamente tropical parecía recobrar la fuerza del picacho andino. Solía llegar a las 9 de la noche al centro español situado en Cavendish Square, en impecable traje de etiqueta, caballero de monóculo y flor en el ojal, a intercambiar opiniones en alta voz con la crema de la intelectualidad iberoamericana que allí se daba cita. Era su presencia como un receso fortuito dentro de la fatigante fog británica que solía escurrirse por las rendijas de los pesados pórticos a matizar de Spleen nuestros espíritus acostumbrados a una llamarada de sol.

El general de Nogales era el hombre-noticia. Daba la impresión de una mente en permanente vigilia, con los ojos brillándole en la penumbra como dos brasas y una cierta actitud nerviosa sobresaltada de soldado en la estrategia. De aspecto escrutador y febril, tez bronceada y pelo aindiado a lo Gaitán, su inconfundible tipo andino no faltaba nunca en los grandes rotativos ingleses, ya rindiéndosele el homenaje como héroe de la primera guerra mundial, ascendido a general de División en Turquía, donde al mando de 12.000 soldados turcos había vencido a 35.000 armenios, tomándose a Van, la capital, en pocas horas” (Nogales, 1991: I, 5).



                  General Rafael de Nogales Méndez


El nombre original de Rafael de Nogales Méndez, era Rafael Ramón Intxauspe Méndez, hijo primogénito de don Felipe Intxauspe, de Nutrias y doña Josefa Méndez Brito, de Barinas, ambos de abolengo e hidalga genealogía. El apellido vasco Intxauspe (Inchauspe), fue traducido al español quedando en Nogales, el cual Rafael Ramón adopta por comodidad y simpleza. Desde muy chiquito –a los 7 años de edad-, fue enviado a estudiar al Viejo Mundo. 

Allí es educado austeramente bajo una estricta disciplina militar. Tutores privados de Alemania y Bélgica le enseñan el arte de la guerra y de su estrategia. Estudia filosofía, letras, y ciencia en universidades de Barcelona, Bruselas y Louvain. Aprende a hablar con perfección y fluidez varios idiomas. Además de su lengua materna conocía el inglés, francés, alemán, italiano, árabe y chino. Muchas veces fue confundido con un nativo de Francia o de Suiza por su impecable acento. En 1898, a los 17 años, consigue el grado de sub-teniente y lucha en el ejército español en contra de la injusta invasión norteamericana a Cuba. Allí es herido en combate y regresa a Europa. Es recibido con admiración en el Viejo Mundo. 

Su vida de aristócrata lo mantuvo siempre cerca de poderosas personalidades como el Rey Leopoldo de Bélgica o el Káiser alemán Guillermo II. Pero, para Nogales Méndez, Europa no será el lugar que genere en él una actitud arrogante con vistas a demostrar en América su gran conocimiento y competencia, sino, más bien, el espacio que recorrerá para aprender y vivir, sin olvidar nunca su nido, su hogar. Venezuela será para Nogales su razón de lucha y de vida. En esos momentos de soledad que trae el destierro, los frescos recuerdos de su hogar, cálido y pacífico, lo salvaban de la melaza de la melancolía. 

En sus propias palabras dice: “Durante toda mi vida he peleado bajo muchas banderas y bajo muchas lunas, incluyendo la media luna del Islam. Me he considerado un ciudadano del mundo en todos los lugares del orbe en que alguna cosa se proyectaba. Un dictador que derrocar. Un ejército de patriotas que organizar y dirigir. Una utopía de oro que sobrellevar. Una ballena que harponear. Una injusticia política que señalar para presentarla desnuda al mundo. En medio de todo ello he sostenido un propósito: la liberación de mi país, Venezuela, de la tiranía que lo agobia (…) Ya sean relámpagos fugaces de un minuto los que hayan contribuido a conformar mi vida como caballero andante, sólo el más grande y el más puro parece interesante en este libro: mi ancestro” (Nogales, 1991: I, 28-29).




La primera vez que regresa a Venezuela, después de 13 años de ausencia, se enfrenta al presidente Cipriano Castro. Apenas con 20 años y con un marcado acento alemán, le reclama al dictador en plena recepción en Miraflores que estaba engañando y torturando al pobre pueblo venezolano y que, en la primera oportunidad atacaría a su gobierno. Sin exteriorizarlo Castro enfurece y lo manda a perseguir. En un baile, en el elegante Casino de Macuto, es advertido de que el recinto estaba rodeado y que buscaban su cabeza. 

Entre espesos matorrales logra llegar hasta la orilla de la mar. Un pescador con su peñero le niega rotundamente el traslado hasta un vapor francés que se divisaba a lo lejos, pero Nogales Méndez cuenta: “…cuando lo puse a escoger entre seis tiros o un billete de diez dólares cambió de parecer y me llevó en su pequeño cayuco hasta el vapor, en donde inmediatamente asegurado en mi camarote me dejé ver lo menos posible hasta que estuvimos en alta mar (…) [Desde entonces ha sido un exilado voluntario de su país, en lucha permanente por lograr su liberación de las manos genocidas]: La resolución que tomé aquel día, cuando desembarqué en traje de etiqueta en Puerto Plata fue pasar el resto de mi vida en el exilio, antes de estar de acuerdo o someterme al régimen de Castro o de Gómez. Esto representa la verdadera razón de mi aventura como caballero andante, peleando bajo muchas banderas” (Nogales, 1991: I, 31-32).

A partir de este episodio, en 1901, se despliegan para Nogales Méndez una gran cantidad de sucesos. Parte de República Dominicana pasando por varios países de Centroamérica hasta llegar a Nicaragua. Durante todo ese tiempo mantuvo constante correspondencia con el doctor Rangel Garbiras, líder del partido nacionalista de los andes. Desde Venezuela se estaba planeando una alzada y le solicitaban buscar armas y municiones de reserva en Centroamérica, específicamente con el presidente Zelaya. En bien llega a Managua es muy bien acogido por su presidente, quien le ofrece municiones y todo lo necesario para ejecutar el golpe contra Castro a perpetrarse desde la península de la Guajira frontera con Colombia. Retorna a Santo Domingo donde se encuentra con los compatriotas revolucionarios. De ahí parten en la goleta “La Libertad” hacia el Sur y después de una semana de viaje llega por fin el enfrentamiento. 

Fue una lucha terrible. Una minuciosa descripción del momento nos la narra el propio Nogales Méndez: “Siendo yo un hombre de los andes nada más natural que dirigiese el ataque. Me bajé del caballo, escupí mi cigarro y grité bien alto ¡viva la revolución! Irrumpí violentamente al frente de mis hombres, contra las trincheras enemigas, mientras los gobiernistas se apresuraban a recargar sus armas.

¡Chocamos! Nunca olvidaré aquel terrible forcejeo que degeneró en el más dantesco espectáculo ante mis ojos, semejante a una pesadilla. Las cargas de machete, una tras otra, desgarraban los cuerpos sin aliento, separaban los miembros, mutilándolos en cientos de pedazos (…)

El aire seguía aullando constantemente por la boca del cañón. El fuego de los rifles crecía más y más, como las maldiciones y lamentos de miles de hombres que continuaban combatiendo a pesar de sus miembros mutilados, con las puntas de las bayonetas, vomitando fuego por la escopeta de seis tiros o reclavando agonizantes las brillantes peinillas húmedas de sangre. Mientras tanto los heridos (…), se arrastraban entre montones de cadáveres en vano esfuerzo por alcanzar la laguna. Locos de sed.

Sólo aquél que hubiese observado alguna vez la muerte en el corazón de la selva, bajo los rayos de un intenso sol tropical, sin agua, sin alimentos, sin asistencia médica de ninguna naturaleza, puede comprender el macabro panorama que mis ojos vieron en Carazúa” (Nogales, 1991: I, 49-50)

Luego de la fatídica derrota regresa a Santo Domingo preso de la malaria, herido en una pierna y severamente deprimido. No obstante, no se deja abatir. La ambición se posesa de él, al igual que lo hizo tiempo atrás cuando decidió dejar la cómoda vida de traje de etiqueta y sombrero de copa para dedicarse a estudiar. Esa misma pomposa vida que, como comenta, comenzaba a mirar con desgano casi con remordimiento e intranquilidad. Posteriormente llega a México creyéndolo un lugar seguro para refugiarse. Ya que el gobierno de Venezuela y el de Honduras –el de Estrada Cabrera-, le habían puesto precio a su cabeza por la distinguida fama subversiva que a esas alturas se ganaba.

Llega a México muy delgado, sólo cuero y huesos delineaban su figura. Es recibido por Porfirio Díaz en el Palacio Nacional y lo envía con el gobernador de Nueva Luzón, el general Boyes, para que se reestableciera de salud. En cuestión de un mes estaba repuesto, y le es encomendada una importante misión de gobierno: Boyes le pide trasladar dinamita. De esa manera cruza Río Grande y llega a El Paso del Águila, cerca de la frontera con los Estados Unidos. 

Allí su compañero de viaje le confiesa que la carga no era dinamita sino armas, alistadas para sublevarse contra Porfirio Díaz, contra ese mismo hombre que, de alguna u otra manera lo había ayudado. Nogales Méndez vira su camino y sigue así hacia Nevada y Arizona. Se hace llamar Nevada-Méndez por esas comarcas; era más fácil de pronunciar para los vaqueros anglosajones. Allí se transforma en un verdadero cowboy. Luego en Yuma vende su caballo y su equipo, y en San francisco, con lo que pudo arañar aquí y allá compra un pasaje para la China en un vapor volandero. 


Presidente Porfidio Díaz

A principios de 1903 llega al imperio Chino, justamente, en el momento en que comienza a desarrollarse la guerra Sino-Japonesa. Allí participa, muchas veces como señuelo, en estrategias de espionaje comandadas por terceros. Pasa por Cantón y llega a Shangai en la navidad de 1903.

Debido a la pericia con que se manejó Nogales en aquel episodio “espía”, lo nombran agente diplomático y confidencial del gobierno de Corea, del cual era alto oficial, y es despachado hacia Pekín. Tenía en ese momento 23 años. Se le habían confiado importantes investigaciones sobre la alianza chino-rusa para enfrentarse a Japón entre otras acciones de inteligencia militar. Pero, una vez más había sido engañado y utilizado como carnada para conseguir vender Corea a los Japoneses usando a China como escenario. Vive una experiencia curtida de riesgos y amenazas, y finaliza su labor sintiendo cómo una bala rusa pasa rozándole el estómago. Hasta allí llegaron sus días de servicio secreto militar.

Decide llegarse hasta Alaska y dedicarse a la gran casería. De allí parte con la idea de llegar a California, pero pierde el vapor y se embarca en un ballenero que zarpaba hacia Cabo Príncipe de Gales. Era 1905. Para entonces llega cerca del estrecho de Bering con ganas de cruzarlo hasta a Abadir, en Siberia. Pero se queda por esos lugares cazando enormes ballenas con los esquimales y festejando después el botín. No obstante, la idea del “saquito de oro” no lo abandona, y parte nuevamente hacia Alaska para poder tomar el bergantín a vapor. “…A través de una tempestad de nieve interminable, que duró posiblemente unos veinte días. No recuerdo bien. Finalmente llegué a Valdez. Desde allí viajé hasta Nevada donde se anunciaba ya la gran bonanza del oro. Aquella de 1906 a 1907”(Nogales, 1991: I, 124).

Finalmente llega a Nevada a fines de 1906. Pasa por Tonopah, Manhattan y Goldfield. La bonanza económica era descomunal, pero pronto vinieron las huelgas de mineros, seguidas de un pánico financiero que ocasionó el cierre de casi todos los bancos. Nogales Méndez tuvo que vender su pura sangre para llegar a Pasadena, California, y luego pasar a México por El Paso.



Después de experimentar incontables aventuras casi cinematográficas, como eran siempre las suyas, fue alcanzado por uno de los sucesos más determinantes de este lado del Atlántico: la Revolución Mexicana. Ya en Chihuahua se esparcían los focos guerrilleros cuando Nogales Méndez andaba por sus desiertos. No tardaron mucho en solicitarle sus servicios. Sus capacidades de coordinación e iniciativa eran bien conocidas. “Mi misión era ayudar a combatir a los federales y tratar de organizar una acción conjunta, por lo menos en Chihuahua, y en las regiones de Durango y Sonora (…). Luego fui provisto de un caballo. [y] Tomé el mando (…) El espíritu de los hombres era excelente. La revolución se había apoderado de sus mentes como el cuerpo de una mujer desnuda o un tesoro enterrado, y hablaban de ella febril y tumultuosamente. Era un grito de guerra que los sacudía desde la raíz de centurias a través de viejos sueños de independencia, desde el propio seno de la tierra”(Nogales, 1991: I, 177).

Entre luchas estratégicas y cuenta cuentos nocturnos pasaron los días para Nogales en el corazón de México. Buena fama de combatiente había adoptado ya nuestro hombre y, hasta con Pancho Villa el mismo comenta que articuló. Pero, su lealtad nacionalista le reclama el retorno a Venezuela. Castro había sucumbido ante la astucia de Gómez y éste estaba ya usurpándole el banquillo. Instalado en el poder, Gómez hace un llamado para que todos los venezolanos que se encontraban en el exterior lo ayudaran a devolver la normalidad a la situación política del país. 

Tras ocho años de exilio voluntario, De Nogales Méndez llega a Caracas un Diciembre de 1909. Veía la oportunidad de por fin servir a su país en la dura lucha de llevarlo adelante. Sin embargo, no encontró un panorama muy alentador. Apenas con verlo a los ojos supo que, Juan Vicente Gómez, no se inclinaría hacia el cambio democrático que tanto esperaban. “Mientras permanecía en Caracas observé la iniciación de los acontecimientos que se orientaban a establecer las bases de una dictadura. 

Pacíficos venezolanos fueron privados ilegalmente de sus derechos, siendo vendidas sus propiedades por el precio que se les antojó los amigos de Gómez. Pedí públicamente, a través de la prensa, el restablecimiento de la paz y la libertad, tal como la conocíamos en las viejos tiempos constitucionales (…) [pero el dictador hacia caso omiso a las distintas peticiones]. Oponerse a Gómez, políticamente o de cualquier otra manera, era un crimen que se castigaba con cargo de prisión, lo cual frecuentemente equivalía a la muerte. Por el sólo hecho de denunciar a un hombre como enemigo del régimen gomecista, se le engrillaba y se le enviaba a un calabozo, muchas veces para el resto de su vida (…). Cuando partí para los estados andinos al final de 1910, una orden de prisión me precedía” (Nogales, 1991: I, 206,207). Gómez obligó a construir vías de transito y otras obras de infraestructura por medio de trabajos forzados. La crueldad había llegado a su punto más álgido. Sin contar con el desmantelamiento que se le aplica a Venezuela tras el descubrimiento del oro negro; un brutal y cómplice saqueo interno-externo sin el menor remordimiento. Mientras tanto, Nogales Méndez se esforzaba por mantener en pie el frente patriótico.

Se intentan algunas insurrecciones sin éxito y tras estar dos meses en Colombia, perseguido y frustrado, no le queda otra alternativa que internarse entre las sabanas llaneras del Arauca y del Apure, en Venezuela y en las junglas fronterizas con Colombia.

José Manuel “El Mocho” Hernández


En Diciembre de 1913 junto al Mocho Hernández, concibió un excelente plan para invadir a Venezuela a fin de derrocar a Gómez. Pero los planes nuevamente fallan y tiene Nogales que asumir su segundo exilio voluntario, pero esta vez, por más de 19 años. En el viaje del destierro pasa un tiempo en curazao rodeado, como de costumbre, en las más insólitas anécdotas.

Allí recibe la noticia de que la Guerra había estallado en Europa: la Primera Guerra Mundial de 1914. Esto estremece su espíritu marcial y no duda en establecer un plan que le permita partir.“¡Aleluya!, me dije para mis adentros. Aquí estaba la oportunidad de mi vida. Por fin la tan esperada guerra mundial estaba en marcha (…). Di entonces gracias a mi buena estrella que me había permitido nacer no demasiado tarde ni demasiado pronto par intervenir en este conflicto universal. Tenía treinta y cuatro años, la edad justa” (Nogales, 1991: II, 79). 

Es así que decidió marchar a Bélgica para ofrecer sus servicios a la causa del Rey Leopoldo II. Recorre las antillas holandesas y francesas y en Martinica, pudo tomar un vapor que lo condujo a París. De ahí saltó a Londres; luego a Calais y a Dunquerque. Ofrece sus servicios a Francia, la cual es aceptada con la condición de que renunciara a su nacionalidad. Nogales Méndez no se preocupa por refutar semejante petición. Su condición de Venezolano la sostenía muy en alto y no había nada en el mundo que lo condujera a desistir de ello. Una vez en Sofía conoce a Von Der Goltz y a Fethi Bey, ministro de Turquía en Bulgaria. Estos dos hombres le ofrecen unirse al ejercito alemán sin perder su nacionalidad, por lo tanto, en vista de la negativa francesa y de sus aliados acepta la interesante propuesta.

Para ese momento comenta: “Después de todo, una causa es una causa. Puede que sea más o menos justa. Lo que se diga en su defensa, podrá ser más o menos cierto. Pero ¿quién tiene la razón? La guerra es la guerra, como dicen los franceses. Yo, como soldado profesional, naturalmente tenía que tomar parte activa en esa guerra (Nogales, 1991: II, 99). 

Llegando a Constantinopla a principios de 1915, conoce al Mariscal Liman von Sanders, jefe de la misión alemana en Turquía. Tanto él como el general Bronsart von Schellendorf Pachá, jefe de Estado Mayor de los ejércitos turcos, le presentaron a Enver Pachá, quien le ofrece una misión como oficial superior en el ejercito regular. De esta manera penetra el milenario mundo del Medio Oriente. Y ya, para Febrero, las estrechas calles de Van se llenaron de espanto por veinte días consecutivos.

Photo of venezuelan soldier and adventurer Rafael de Nogales  Méndez and the cavalry of the 3rd cavalry division in 1917 in Palestine.

Al mando de 12.000 soldados turcos, Nogales se enfrenta a 35.000 guerrilleros armenios en la ciudad capital de sus antepasados. Perennes malestares volvieron a encontrarse. Los armenios –cristianos- aliados a los kurdos y a los rusos resistieron la poderosa ofensiva de los jóvenes turcos –musulmanes- del Imperio Otomano, el cual, desde antes del siglo XVI mantenía su poder. Mientras tanto Nogales, en pocos meses se había transformado de jefe rebelde de guerrilleros llaneros en Venezuela a un oficial de la Media Luna al que habían apodado Sheitan Osmanlí y que, ocasionalmente, llamaban giaur –perro cristiano-. Nos cuenta a propósito de la toma de Van, ciudad dominada aún por el Imperio Turco Otomano que: “Nuestra lucha feroz y aquel fuego sin tregua de la artillería pesada, habían convertido las dos terceras partes de la ciudad de Van en un amasijo de ruinas y despojos llameantes y humeantes, que parecía eructar lavas de odio, como un volcán en actividad. 

Lenguas de fuego parecían llenar el horizonte de innumerables cascadas de un resplandor purpúreo. Era una escena terrible y dantesca” (Nogales, 1991: II, 101). “Descansaron” unas semanas y después parte a Kotur Dagh, en la frontera ruso-persa, para detener el avance de 30.000 rusos que venían en rescate de Van. Estuvo en Bask-Kale, donde venció a 300 o 400 cosacos ahí apostados; en la ciudad de Sairt, la antigua capital de Kurdistán; y en la segunda batalla de Gaza en el cuartel Tel-Es-Sheriat del frente de Palestina.


 Photo of venezuelan soldier and adventurer Rafael de Nogales Méndez  taken in the siege of Van, Nogales is surrounded by his Kurdish guard.


Estuvo también entre las llanuras Beersheba y fue nombrado gobernador militar turco en la península del Sinaí.

Medalla de Guerra otomana

Así como logró victorias también los fracasos tuvo que vivirlos. Nogales cuenta su vida de una manera equilibrada. Narra los episodios exitosos con esmero, pero también describe minuciosamente sus fracasos. Para él cada batalla perdida, de los errores siempre se aprendía. Su propia vida a veces la sentía inmersa entre la realidad y la fantasía. “El contraste entre el feliz y despreocupado Nevada Méndez, exvaquero, minero en Alaska, y Bey Nogales, comandante del sangriento sitio de Van, me impresionó tanto, que en aquel momento llegué a sentirme como en un sueño” (…) [Y continua en el mismo tono]: Estos sucesos me parecen ahora excitantes y divertidos mientras los voy ordenando en mis recuerdos, frente a la máquina de escribir, en la pacífica New York. Frente a mi papel de héroe para película de cine, como entonces me parecía actuar, las cosas eran diferentes. (Nogales, 1991: II,106,122). 

Cuatro largos años paso Nogales por el Imperio Turco, entre el Medio Oriente y la región del Cáucaso. Se enfrentó a tantas aventuras y al mismo tiempo a tantos peligros que estaba aturdido. A pesar de su fama y leal entrega a la causa turca-otomana/alemana estuvo, en incontables ocasiones a merced de los caprichos y dilemas la de guerra.

Cito nuevamente sus palabras para mostrar su forma de pensamiento: “Me sugerían que también yo era sólo un esqueleto ambulante, casi listo para unirme a ellos en la muerte. Había sido sentenciado a morir por el veneno, el cuchillo o las balas. Sabía demasiado. Había tenido la desgracia de ser el único cristiano, entre los sesenta mil turcos que habían aplastado la revolución Armenia. Había presenciado escenas de las que ningún cristiano debía ser testigo, para ostentar el privilegio de vivir y contarlas más tarde. Khalil y varios otros jefes del partido de los jóvenes turcos, quienes habían cometido estos horrendos crímenes, se daban cuenta de que si yo llegaba con vida a Constantinopla, y divulgaba las informaciones que poseía, se verían en grandes dificultades para justificar su conducta.

No sólo ante el Sultán, sino también ante sus aliados Alemania y Austria-Hungría que venían haciendo todo lo posible por detener estas matanzas y deportaciones” (Nogales, 1991: II, 121). 

No obstante, su objetivo fue tan bien cumplido, con precisos y acertados movimientos más un imponente carácter que le permitió asumir los miedos tal como se les presentaban, que se gana el respeto del gentilicio militar turco, kurdo y alemán. En un de sus retiros intermitentes, Nogales estudia en la academia militar de Turquía donde obtienen el grado de comandante vekile del primer regimiento de lanceros imperiales del Sultán en Dolma Bagtch. Posteriormente recibe el Sable de Mejishovon; la cruz de hierro en Primera Clase, concedida por el Kaiser Guillermo II; la estrella de Mechedieh; su título de Bey y el nombramiento de General de División del Ejército Alemán. 

De esa experiencia se lleva consigo una buena impresión. Para él, aunque un tanto salvajes y crueles, los militares turcos y kurdos fueron hombres fiables y asombrosamente corteses como no se los había encontrado antes.



De ahí sale para Madrid, pero su fama de verdugo de Armenia le impidió un descanso tranquilo. Es así que a los páramos andinos donde se refugia en las montañas de Gramalote durante dos años, cerca de la frontera de Venezuela, para dedicarse a reconstruir sus memorias. “Gramalote me ofrecían el único lugar aislado y suficientemente seguro y solitario para la civilizada tarea de unir en palabras mis recuerdos.

Escribí nueve veces Cuatro años bajo la Media Luna. Rompí los originales, ocho. Para fines de 1922 dos copias del futuro libro estaban listas para abandonar conmigo las montañas en busca de un editor” (Nogales, 1991: II, 202-203). Fue difícil la labor de escribir el libro, pero más lo fue tratar de publicarlo. Fue víctima de varias trabas y persecuciones capitaneadas por Gómez. 

General Juan Vicente Gómez

Es así que debe escapar otra vez y lo hace hacia Centro América. San Jacinto en Nicaragua fue casualmente su primer destino, y de allí, un casi naufragio lo arroja cerca de Santa María la Antigua del Darién. Posteriormente llega a Puerto Obaldía, en Panamá y de ahí a la Capital. De Panamá viaja a Colón y luego a la bahía de Bocas del Toro, para finalmente internarse en las selvas nicaragüenses a cazar jaguares negros.

Pasa muchos años viviendo en Nicaragua. Allí conoce a Augusto César Sandino y colabora con su causa. De sus experiencias escribe un libro que titula El saqueo de Nicaragua, cuyo contenido provocó un gran escándalo y una demanda Norteamericana a la casa editora por la fabulosa suma de 250.000 dólares. 

Augusto César Sandino

El libro fue prohibido en Norteamérica mientras que en Europa se publicaba libremente sin tomar en cuenta otras opiniones. Como cuenta Ana Mercedes Pérez en el prólogo de las I Memorias, “El escritor había denunciado hechos tan graves que obligaron al presidente Roosevelt a retirar a los marines de Centroamérica”. (Nogales, 1991: I, 6). En 1936 regresa a Venezuela.

Gómez había muerto y en su lugar estaba ahora el general López Contreras quien, aunque abre las puertas del país a los exilados, no atiende a los llamados de democracia que todos clamaban. La administración del nuevo general no demuestra ser diferente a la vieja. Continúan las persecuciones políticas, los asesinatos y las huelgas. Prosigue Ana Mercedes Pérez recordando esos tiempos turbulentos:“Como un jaguar solitario, para decirlo con sus propias palabras, se pasea por esta Venezuela congestionada la figura imponente del general Nogales Méndez.

Tiene 58 años, cuarenta al servicio de la causa revolucionaria, soñando con este día de libertad (…). La prensa lo señala con su figura nerviosa de militar activo (…). Quiere terminar su vida en la amada patria –dice a un periodista- y ofrecerle todo cuanto sabe. Su fuerza. Su capacidad. Su cultura” (Nogales, 1991: I, 16). Se le ofrecen dos caminos, el político y el militar, pero en el primero salta a relucir la envidia y la mezquindad. El brillaba demasiado y opacaría a los demás. Y en el segundo sucedía algo similar, sus técnicas y propuestas no eran muy bien recibidas por miedo al reemplazo o la humillación.

Para Nogales Méndez, “el destierro continuó sobre su propio suelo”. Sólo que ahora los obstáculos no eran delirios de poder u ofensivas de guerra sino algo peor: el egoísmo, la indiferencia, la indolencia y la incomprensión. Le fue asignado un puesto de administrador de la aduana de Las Piedras de Falcón, muy por debajo de sus habilidades. Tuvo que aceptarlo, la fortuna no había sido su norte. “…la pobreza rondaba sus talones de hombre honesto. Ahora era simplemente Nogales, escritor, que había sobrevivido por el oficio quijotesco de vender sus libros (…) Ya no llevaba la inquieta mirada y el ademán decidido. Se había vuelto un misántropo. Lucía un aire melancólico y ausente. En pocos meses se había envejecido. Su aparente artritis parecía venirle del alma” (Nogales, 1991: I, 17-18).

Tal vez por el disgusto de sentirse humillado y olvidado en su propia tierra, por la humedad de Las Piedras y los años ganados en el tiempo se le agrava la artritis. Así fue para Panamá, cuando fue invitado para estudiar la gendarmería en ese país. El 7 de Julio de 1937 se somete a una operación de garganta. El 10 de mismo ese mes amanece muy enfermo de pulmonía, falleciendo a las 2 y 45 de la tarde. Sus pocas pertenencias denotaban el grado de pobreza en que se encontraba.

Entre ellas un cheque del National Bank of New York por 1.615 dólares se utilizó para embalsamarlo y trasladarlo a Caracas. “El 24 de Julio de 1937, [cuando se celebraba precisamente el natalicio del Libertador], llega en el vapor de carga Orazio un bulto anónimo que estuvo dando tumbos muchos días sin que nadie lo reclamara (…). La desaparición física de esa gran figura fue recubierta, por parte de nuestras autoridades, de un silencio ominoso” (Nogales, 1991: I, 21). La cancillería hizo caso omiso de la llegada de Nogales muerto.

Nadie sabe qué hacer con aquel cadáver. Nadie lo reclama. Por fin se entera la prensa, 6 días después, que tan ilustre general se encontraba abandonado en la aduana de La Guaira. De nada sirvieron los titulares. Fueron los reporteros organizados los que se encaminan en la búsqueda de Nogales. “Buscan ustedes a un tal señor Nogales. Creo que es ese bulto de aquel rincón”. Fue enterrado en el Cementerio General del Sur el 2 de agosto de 1937 sin honores ni ceremonia.


Plaza de entrada del Cementerio General del Sur. Caracas, Venezuela


Fuentes Consultadas
Jasmina Jäckel de Aldana, “¿Del aventurero trotamundos al héroe nacional venezolano?”, Estudios de Asia y África, El Colegio de México, enero-abril 2000, en http://www.redalyc.uaemex.mx

Luciana Mc Namara, “Rafael de Nogales Méndez, militar y aventurero: venezolano de película”, revista Encontrarte, fascículo 101http://encontrarte.aporrea.org/101/personaje/

Rafael de Nogales Méndez, Memorias, Tomos I y II, Editorial Fundación Biblioteca Ayacucho, Colección La Expresión Americana, 1991. Traducción y prólogo: Ana Mercedes Pérez.

Rafael de Nogales Méndez, Cuatro años bajo la Media Luna, Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2006. Prólogo: Kaldone G. Nweihed.

Rafael de Nogales Méndez, El saqueo a Nicaragua, Fundación Editorial El Perro y la Rana, Caracas, 2007. Traducción y prólogo: Ana Mercedes Pérez.

Violeta Rojo, “Memorias de un aventurero venezolano: Rafael de Nogales Méndez”, Revista Virtual Contexto, N° 8, 2002.




viernes, 28 de diciembre de 2012

Croniquilla. Nerio Duin Anzola, “Mano Nerio”



Fotografía de "Mano Nerio"


 “LA VERDAD DE LA VIDA ES UNA TUMBA”


Personaje popular de los ayeres de Acarigua, nació el 10 de octubre 1892 y murió el 07 de noviembre de 1959,  aquí mismo en su ciudad natal. Fueron sus padres José Tomas Duin Zerpa y Leticia Anzola Cazorla,  era tan curioso, que hasta el historiador Ramón J. Velázquez, escribió sobre él. 

Fue un naturista, viajero, botánico, taxidermista, inventor, cuentista, comunista, bromista, cazador, pescador, preparador de ungüentos a base de manteca  animal y plantas, gran comedor de chimó, preparador de jarabes caseros, además de escritor, pues se dice que dejo  4 libros publicados gracias a la colaboración de algunos amigos y de los cuales se conocen 3.  

Vivió sus últimos 30 años en la Reja de Guanare en su casa llamada “Posada el Viento” para tener una referencia: ubicada en la actual  avenida 36 con calle 21, última calle del pueblo para esos tiempos, luego de allí está la Avenida Las Lagrimas;  vivienda que compartía con su mujer Vicenta Ana Pérez mujer que le toleraba todas sus rarezas.

Su casa era un pequeño museo-zoológico-botica, parada obligada todo los días para muchos visitantes , allí los animales andaban sueltos;  nada grato para los pensionistas, pero si para el que visitaba, pues allí iban mirar todas  sus excentricidades, entre ellas se atribuía  el hallazgo de una espuela del Libertador encontrada  en el lugar donde se libro la Batalla de Araure y espada del general Páez ( no sabemos cómo llego esta a sus manos), allí mismo vendía manteca de raya, de tigre,  colmillos de caimán, animales vivos y disecados por el mismo.

Contó  el cronista Alí  Carrillo; uno de sus amigos y escribiente de sus libros (junto a Luis Bazán García), que en una ocasión le enseño un terreno que había comprado a su hermana Isabel de aproximadamente media hectárea, sembrado con  cedros y árboles frutales, que le dijo:

__Mira Ali! algún día esto será un bosque!  

Es el actual parque Mano Nerio inaugurado en 1962, primer parque zoológico con que conto la ciudad, construido por la administración del para entonces Gobernador Dr. Pablo Herrera Campins (1959-1964). Lugar de orgullo donde hacían vida diferentes tipos de animales, entre ellos, monos, culebras, gran variedad de pájaros, caimanes, venados y muchos más, además de disponer de columpios y juegos para el disfrute de los turistas de otras ciudades y de los niños y  jóvenes de aca de estado Portuguesa y de ser un sitio de excelencia para invitar a la novia a distraerla y robarle un beso.

Otra anécdota contada por el acarigueño Ali Carrillo, refiere a un funeral fingido por Mano Nerio del cual colectó un bolívar por cada amigo y se hizo de 200 bolos y con ello compró una urna para fingir su funeral,  esta la hizo pintar con animales y en ella se lució la lista de los contribuyente y la frase: “La verdad de la vida es una tumba”, toda una pauta publicitaria, sin duda alguna Mano Nerio fue un acarigueño de excepción.

Hoy el parque está en el más total abandono, sus animales fueron desaparecidos por los borrachitos que ocuparon ese espacio ante la mirada indiferente de los gobernantes de turno, es hora de dejar la apatía y rescatarlo para sembrar nuevas esperanzas y cambios en nuestros niños y jóvenes, para aprovechar sus espacios y recrear en ellos y eliminar el ocio.  

El Parque Mano Nerio nos pertenece y debemos rescatarlo del olvido. 




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Bolívar W. (2008) Acarigua, Testimonios en el Tiempo. Compilación. Talleres GRAIMPSA, Acarigua, estado Portuguesa, Venezuela

Bolívar W.  (2005) Acarigua 100 años. Crónicas e imágenes. Impresora Portuguesa C.A.

Ojeda, C.J. (2010) Acarigua, 390 años. Su historia y su gente. Editorial Quinta Columna C.A.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

RESTOS MORTALES DE JOSÉ ANTONIO PÁEZ


El General José Antonio Páez,
 Litografia de 1858 de Francois D´Avignon

El General José Antonio Páez falleció en Nueva York el 6 de mayo de 1873, cuando contaba con 83 años de edad. Su muerte se produjo a las siete y veinticinco de la mañana, en una modesta casa marcada con nro. 42 de la calle 20 este, Asistido por el Médico A.K Gardner, muere a causa una bronconeumonía, resultado de un fuerte resfriado, probablemente adquirido en los paseos a caballo que acostumbraba a realizar  por Central Park en las semanas previas a su fallecimiento, debido al frio clima Neoyorkino.

Fue el más longevo de todos los próceres de nuestra independencia y como tal quien más actividad militar y política desarrollo.

Para el momento de fallecer, estaban a su lado, su hijo Ramón Páez Ricaurte y muchos emigrados políticos como él, la mayoría cubanos, que le amaron y le respetaron en vida, recordando la excelente disposición que mantuvo Páez, de obedecer la escogencia que de  él hizo  el Libertador Simón Bolívar, para conducir y mandar una expedición a Cuba, con miras a consolidar la independencia de esa isla caribeña y quisieron tributarle en sus últimos momentos una prueba de ese amor y  ese respeto que por tantos títulos  era acreedor el anciano General venezolano.

En la prensa americana  de ese día  6 de mayo, aparece lo siguiente: “…Murió pobre, emigrado de su país natal, del suelo que libertó con su pujante lanza, con el fuego de su corazón y con la energía de su espíritu ardiente como el sol que baña los inmensos llanos que fueron la cuna de este ilustre campeón de   la independencia americana; como si la Providencia hubiese querido recibirle en su seno maternal, en los momentos de su muerte, en la misma condición humilde y sencilla en que le dio el soplo de vida en la ignota y pobre villa de Araure…”

Había muerto casi en la miseria y en sus últimos años se le veía llevar una vieja ropa para ser remendada. Su cadáver fue embalsamado gratuitamente por el médico cubano Federico Gálvez.

Su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cementery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada. Alli permaneció durante 15 años y estuvo a punto de ser colocado en una fosa común por cuanto no había dejado bienes de fortuna a sus familiares para que estos cubriesen los gastos de un sepulcro digno y privado

Tomas Michelena en su obra Resumen  de la vida Militar y Política del Ciudadano Esclarecido  General José Antonio Páez (Tipografía El Cojo, 1899) describe el hecho de la siguiente manersa: “… ayer por la mañana a las 10, los amigos personales del muerto, inclusive los doloridos, se reunieron en la última morada  de la Calle 20 del Este, para dar la  última  visita a sus restos. - A las diez y cuarto salió el féretro entre las lágrimas de los dolientes, y fue colocado en un sencillo carruaje tirado por dos caballos. Sobre el féretro había dos banderas americanas, una de las cuales hecha de seda y terciopelo y hermosamente bordada en plata y oro, había sido presentada por el propio General Páez al Mayor A.E. P. Green quien comandaba la tropa que  escoltó al caudillo   al buque que lo llevó a Venezuela, en la primera partida de esta ciudad a su Patria… …El carruaje y el acompañamiento compuesto de una docena de coches, llegaron a la Iglesia  Católica  Romana de San Esteban (sic) a las diez y media de la mañana. Ya a esta hora estaba llena la hermosa iglesia por todas partes. El féretro fue llevado al pie del presbítero y colocado sobre unas andas a cuyos lados había seis candelabros con velas encendidas. Sobre el ataúd había cuatro guirnaldas de flores, mientras a la cabeza y pies estaban colocados en posición recta dos cruces de flores siemprevivas…” 

“…Posteriormente fue llevado al Marbel Cementery y depositados temporalmente en una bóveda a la espera que el Gobierno y el pueblo de Venezuela reclamaran los restos de aquel patriota para ser sepultados con honores militares…”


General General José Antonio Páez
Foto de Federico Lessman, Col. Museo Bolivariano Caracas

Fue solamente en 1888 cuando Páez regresó a su patria, durante el gobierno del General Hermógenes López. Los actos que entonces se organizaron para llevar sus restos al Panteón se intitularon “La Apoteosis del General Páez”. Su cadáver había estado fuera de su tierra natal durante quince años.
           
Trascurre el día 7 de abril de 1888, cuando en horas del mediodía, el Fortín El Vigía del puerto de la Ciudad Histórica La Guaira, con repiques de campaña y con su conocido código de señales anunciaba que había “fragata americana a la vista”, lo que produjo una gran excitación entre el pueblo del puerto que esperaba el arribo de dicho navío. La fragata extranjera era el “Pensacola”, que había salido de Nueva York con los restos del ilustre venezolano el día 24 de marzo, después de haber permanecido cuatro días en capilla ardiente las cenizas del héroe, recibiendo los más grandes honores del pueblo del pueblo norteamericano.



Exequias militares rendidas a José Antonio Páez

(Foto. Fundación Jhon Boulton)



Honores en capilla ardiente en Nueva York en 1888


Fue impresionante el desfile por la Quita Avenida hasta llegar al embarcadero donde acudió el pueblo en masa a darle el último adiós.




Procesión de los restos de José Antonio Páez por la 5ta. Avenida de Nueva York

(Foto. Fundación Jhon Boulton)


Cortejo fúnebre rumbo al embarcadero

(Foto El Cojo Ilustrado 1896)

Llegada del carro fúnebre al embarcadero de Nueva York.
(Foto Fundación Jhon Boulton)


Embarque de los restos de José Antonio Páez a la Fragata Americana Pensacola
(Foto El Cojo Ilustrado 1896)


A las dos de la tarde atracó el buque de guerra en la rada del puerto de La Guaira, e inmediatamente todos los buques anclados en el puerto izaron las banderas a media asta, lo mismo hicieron los dueños de los edificios públicos y casa particulares.

Como era día sábado, las autoridades decidieron que el desembarco de los restos fuese el lunes siguiente, o sea el 9 de abril de 1888.

Ese día escogido, a las nueve y quince de la mañana, se desprendió de la fragata una falúa pintada de negro y con el tricolor patrio adornado de un crespón negro, en donde fueron colocados los restos mortales del héroe. Enseguida, el General Carlos Ferrero, con precisión y gran lucimiento inició la marcha naval hacia los muelles, haciendo escolta de honor a la falúa en la cual venían los restos del General Páez, todos los botes y lanchas que se encontraban fondeadas, siempre con las banderas a media asta. En varias lanchas venían unos marinos de la fragata “Pensacola”, quienes al desembarcar rindieron honores en correctas formación. En el momento del desembarco, la fragata hizo una salva de despedida de 21 cañonazos.

Los pilares del muelle habían sido vestidos con tela blanca, artísticamente cruzadas con cinta negra, sosteniendo 36 trofeos formados por las banderas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia. En el centro de cada trofeo iba un escudo orlado de laureles, donde se grabó el nombre de alguna batalla de nuestra independencia en la que hubo combatido Páez.

El techo que cubría el muelle estaba cubierto de bambalinas con los colores nacionales, completándose así adorno del sitio de llegada. Para mayor realce del acto, el piso del muelle había sido enarenado convenientemente y se colocaron alfombras en el centro del mismo.

Al atracar la falúa con los restos de nuestro héroe, toda aquella inmensa multitud que esperaba en silencio, se descubrió respetuosamente y sombrero en mano permaneció hasta que los restos del General José Antonio Páez fueron colocados en un vagón del ferrocarril, que había sido acondicionado para dicho evento. Enseguida, el General Jacinto Regino Pachano en emocionado discurso hizo entrega de tan preciosa reliquia a la Directiva de La Guaira encargada de recibirla. También manifestó su agradecimiento al Gobierno y al pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica por los actos celebrados en Nueva York, y que él había tenido la oportunidad de presenciar. El General Juan Bautista Arismendi, tomó la palabra para decir entre otras cosas: “En nombre de la Junta Directiva que tengo el honor de presidir, recibo las gloriosas cenizas del héroe de nuestra independencia que fatigó a la historia con sus hazañas y cuyos sacros restos la Patria espera para colocarlo en el templo de la inmortalidad, al lado del gran Bolívar y sus otros compañeros de gloria. Allí reposarán esas reliquias veneradas y servirán de estímulo a las generaciones venideras cuando se trate de la honra de la Patria…”.

Junto con la multitud había un grupo de señoritas, quienes vestían trajes similares a los usados en la época romana, y que representaban a las naciones bolivarianas. Al lado de cada una de ellas, se había colocado un general venezolano, portando la bandera de cada una de esas naciones hermanas, excepto la venezolana que la llevaba el Cónsul de los Estados Unidos de Norteamérica, señor Winfild S. Bird, como homenaje al país que había recibido con fraterno cariño a nuestro destacado venezolano fallecido.

Las banderas bolivarianas las portaban los generales Tito Alfaro, Alfredo Sarría, José García y Esteban Aranda. Las banderas de los Estados Unidos la sostenía el General Juan Bautista Arismendi, quien presidía la Junta Directiva de la Comisión por La Guayra. Una banda marcial ejecutó el Himno de Venezuela mientras toda la oficialidad y tropa se cuadraba. Luego fue ejecutado el Himno de los Estados Unidos.

El desfile desde los muelles hasta el vagón del ferrocarril se organizó así: a la izquierda los soldados venezolanos y a la derecha la tropa norteamericana formada por marinos. En medio de estas dos columnas y detrás del féretro venían los familiares de Páez; la comisión venezolana y el comité de Nueva York, encargados de la repatriación de los restos del héroe; el comandante de la fragata, Capitán Arthur R Yates y el Segundo Comandante, W. Reisinger; la oficialidad de la nave norteamericana; los prominentes jóvenes del litoral; Miguel Castillo Rivas, César García Monjuí, Juan Francisco Hernandez, Luis Castillo Rivas, Carlos Hellmund, Froilan Monteverde, Ramón de Lergórburu, Enrique Abadíe, Martín Anderson, Enrique Olaizola, Prudencio Gutierrez, Pedro Dominguez Gil, Lorenzo Badillo, Porfirio Tamayo, Pedro Díaz Otero, Ramón S. Gosling, Heriberto García Monjúi, Juan Guerra Ciasneros y Manuel Badillo. La Junta Directiva de La Guayra hizo entrega de un bello ramo de flores para ser colocado sobre los restos mortales.



Honores militares rendidos a Páez frente a la Casa de la Aduana en La Guayra

(Foto Fundación Jhon Boulton)


Cuando el vagón del ferrocarril terminó de llegar a la estación situada frente a la casa de la Aduana, hoy casa Guipuzcoana, los marinos de la fragata y tropa venezolana, presentaros armas de frente, mientras que un grupo de hermosas damas del litoral lanzaban una lluvia de flores desde la casa de la Aduana.

La Junta Directiva de La Guayra, presidida por el General Juan Bautista Arismendi, procedió a colocar sobre el féretro situado en el vagón especial, las insignias y objetos siguientes: Charreteras de General en Jefe, el bastón de mando, el sombrero y la magnífica espada que perteneciera al General Juan Bautista Arismendi; la barra de oro que fue del General Miranda; una hermosa bandera venezolana de seda y una preciosa corona de inmortales entretejida por un tul negro con flecos de plata y sujeto con un gran lazo tricolor, también le fue ofrendada la bandera de los Estados Unidos que vino cubriendo la urna desde Nueva York.

La señoritas que representaban las naciones bolivarianas, tomaron cada una uno de los cordones de seda con borlas de oro de la urna que contenía los restos, mientras que la otra mano llevaban cestas colmadas de flores para regalarlas al paso. Estas señoritas eran: Luisa Aurora Arismendi, nieta de Luisa Cáceres de Arismendi; Dolores Arismendi, prima hermana de la anterior; María Teresa Smith, bisnieta del prócer Guillermo Smith; Isabel Golding, bisnieta del Almirante Luís Brión; y Marta Teresa García, nieta del Capitán de Navío Jose María García. Representó a los Estados Unidos, la señorita Ana Teresa Arismendi también nieta de Luisa Cáceres de Arismendi y del General Juan Bautista Arismendi.

En horas del mediodía se ofreció un banquete en la Casa Guipuzcoana al Comandante y oficialidad de la nave “Pensacola”, entregándosele como recuerdo, una hermosa bandera venezolana. Mientras tanto, seguía llegando gente del pueblo a la estación del tren para darle el último adiós al General Páez. A las tres de la tarde partió el tren hacia Caracas, adonde eran conducidos para que reposaran para siempre en el altar de la Patria.


Jóvenes de Caracas vestidos con el uniforme de los Husares de Páez  a la espera para el traslado de las cenizas del General José Antonio Páez al Panteón Nacional



José Antonio Páez
Foto anónima, 1863








Epitafio del General José Antonio Páez, publicado en año 1888 en el Cojo Ilustrado




Estatua del general Páez en Acarigua-Araure, estado portuguesa, Venezuela

BIBLIOGRAFÍA

-Velásquez, Ramón J. (1988). Los pasos de los héroes. Edición Especial Homenaje del IPASME al Autor. Caracas – Venezuela. ISBN 980-6122-01-1.
-Romero Martínez, Vinicio (1987). Mis mejores amigos, 110 biografías de venezolanos ilustres. Editorial Larense, C. A. Caracas-Venezuela. ISBN 980-211-120-1.
-Corpoven (1989). Un mito: se llamaba Páez, se llamaba Apure en: Venezuela Tierra Mágica. Ediciones de Corpoven, S. A. Caracas – Venezuela.. ISBN 980-259-299-4.
-Arrechea Rodríguez, Elio (1977). Próceres y batallas de la independencia en la América bolivariana. Cardenal Ediciones, S.A. Caracas – Venezuela. ISBN 84-399-8594-0.
-Alfonzo Vaz, Carlos (1973). Páez y Argentina. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas – Venezuela.
-Cova, J. A. (1947). El centauro. Vida del General José Antonio Páez. Caudillo Venezolano y Brigadier del Ejercito Argentino. Editorial Venezuela. Buenos Aires Argentina.
-Fundación Polar (1995). Campaña de Carabobo. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
´-Fundación Polar (1995). Toma de las flecheras. En: “Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Naranjo, Carmen (1995). Entrevista de Páez y Falcón. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Adolfo (1995). Gobiernos de José Antonio Páez. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Adolfo (1995). José Antonio Páez. En: Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Fundación Polar. Caracas – Venezuela.
-Rodríguez, Manuel Alfredo (1973). Páez y la unidad venezolana. Revista Guardia Nacional. XXIV(141-142):28-39..
-Morón, Guillermo (1979). Los presidentes de Venezuela. 1811 - 1979. S.A. Meneven. Caracas - Venezuela. 334p..
cita de artículo
-Ojeda,Carlos José  "José Antonio Páez Herrera de Mendoza Xaimes de Aguero y El Correcto Nombre de Nuestros Próceres de Independencia". Edición del diario Ultima Hora, del 13 de Junio de 2001. Editorial: Diario Ultima Hora, Acarigua, Portuguesa - Venezuela, 4 p, Cuerpo de Opinión del Cronista del Municipio Páez, del Estado Portuguesa.


sábado, 10 de septiembre de 2011

EL GENERAL JUAN GUILLERMO IRIBARREN


Los Iribarren, se establecieron en Araure desde los principios del siglo XVIII y el apellido  se encuentra en documentos de la época relativos a la Villa. Don Pedro Rodas, autor de un importante trabajo titulado Noticias y documentos relativos a la ciudad de Araure, publicado en 1903, registra que el 04 de Marzo de 1712 Don Juan Clemente del Valle al hacer una donación de una parte importante de sus tierras a la Virgen del pilar, presenta el documento correspondiente ante el escribano Juan Francisco Iribarren.

Juan Guillermo, nació en Araure (Edo. Portuguesa), el 25 de Marzo de 1797, hijo de Juan Bautista Iribarren, natural de Navarra, administrador de la Real Hacienda en Araure, y de Juana Goyena de Xuarez, natural de Araure y casados en la Iglesia Nuestra Señora del Pilar en junio de 1794.  Las primeras enseñanzas las recibe en el seno del hogar y a los 11 años, junto con su hermano José María ingresa en el Colegio Seminario Tridentino de Santa Rosa de Lima, en Caracas. Presencia los acontecimientos del 19 de abril de 1810.

En 1814, abandona el Seminario y se incorpora a las fuerza patriotas comandadas por José María Rodríguez con quien hace su bautizo bélico en la defensa de Ospino el 2 de febrero de 1814. Participa en las siguientes acciones: San Carlos, Valencia (1814); acompaña al general Rafael Urdaneta cuando éste reorganiza el ejército patriota en Humocaro Bajo. Auxilia, con las fuerzas de Urdaneta a Andrés Linares (17.9.1814), emigra a la Nueva Granada pasando por los llanos de Casanare con Miguel Antonio Vásquez, y forma parte del ejército de Apure que comanda José Antonio Páez. Pelea en la Trinidad de Arichuna (1815), Los Cocos y El Yagual y por su actuación en esta última batalla es ascendido a capitán.

El 28 de enero de 1817 participa en la batalla de Mucuritas siendo designado por Páez para comandar un cuerpo especial para operaciones en Barinas y Casanare. El 20 de abril del mismo año, con una unidad de dragones (caballería) vence al coronel José Navas en el combate de Banco Largo. Como recompensa, el general Páez le impone una condecoración, cuya presea (un escudo de oro) lleva grabadas las palabras «Arrojo Asombroso» y le da el despacho de primer comandante.

La trascendencia del triunfo estaba dada por el hecho de que la ocupación de este sitio permitía establecer el contacto del ejército republicano con las comarcas barinesas. En 1818 alcanza el grado de coronel y participa junto con Simón Bolívar en la Campaña de los llanos; en octubre Bolívar lo nombra miembro de la Orden de Libertadores. Ese año Guillermo Iribarren se casa en Cunaviche de Guayana con Candelaria Arana.

El General Juan Guillermo Iribarren
El 27 de mayo de 1819, es nombrado vocal de la junta de guerra que se reúne en la aldea de Setenta para decidir sobre la libertad de la Nueva Granada, allí se produce la deserción de un apreciable grupo de soldados del escuadrón de Iribarren. El incitador es un capitán de apellido Pérez, y el coronel Iribarren no tiene participación en este suceso. Superada esa crisis, sigue a la cabeza de su escuadrón bajo las órdenes del general Páez durante el 1820, en el ejército de Apure y participa en la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821; apenas concluida ésta, el Libertador le encomienda perseguir a los dispersos del ejército español que huían hacia los llanos. Nuevamente a las órdenes de Páez se halla en el sitio de Puerto Cabello, y combate en la acción de Naguanagua (12.8.1822). En 1824 inicia una nueva faz de su carrera al ser nombrado comandante general del cuarto distrito militar de Venezuela. En 1826 no participa en el movimiento separatista de La Cosiata y mantiene su distrito al margen de los hechos.

ACTUACIÓN EN LA GESTA EMANCIPADORA

Según Morales Marcano, al referirse a Juan Guillermo Iribarren dice "el verbo de la libertad había encarnado en nuestro patricio educando; y aquilatándose su espíritu en la gestación misteriosa de la idea democrática que lo poseía faltaba sólo una ocasión propicia a la explosión del aliento marcial que le impulsaba al campamento de los libres, y cuyas manifestaciones en los asuetos de la vida claustral del seminario, consistía en simulacros de batallas que formaba, con sus jóvenes cofrades y que resolvía en catástrofe para las armas reales y triunfos de Bolívar"

(1814)  "En el curso de la peregrinación de su noviciado militar hizo sus primeras armas a la orden del General Rafael Urdaneta". "El Comandante Miguel Antonio Vargas fue designado por Urdaneta para organizar en Casanare un cuerpo de caballería, se ha dicho que Juan Guillermo Iribarren estaría en este grupo. Ya el 2 de Febrero, esta combatiendo en la defensa de la plaza de Ospino, a las órdenes del eminentísimo Comandante José María Rodríguez, español que con tanto arrojo lucho a favor de la causa emancipadora y cuyos hombres según la memoria de Urdaneta eran "modelos de bravura y de constancia en la adversidad" Según Boletín Oficial, dado en el Cuartel General republicano, en Valencia, el 17 de febrero, y publicado en la Gaceta de Caracas.

Dice así este documento: "El 2 del corriente se presentó delante de la villa de Ospino el Teniente Coronel Gogorza, con trescientos infantes y cien caballos, para auxiliar los doscientos hombres del Batallón de Barlovento, que al mando del capitán José María Rodríguez sostenían la plaza, sitiada desde el día primero por el canario Yánez, a la cabeza de doscientos fusileros y setecientos caballos. Un combate sangriento se empeñó entre ambos cuerpos; pero al cabo de una hora fue derrotado completamente el enemigo, con pérdida de la mayor parte de su gente, y entre ellos el mismo Yánez"

(6-10-1816) Batalla de los Cocos. En el Yagual (8-10-1816). Obteniendo el grado de Capitán.
(1817) Mucuritas (Enero). Batalla de Banco Largo. (Marzo) Se le concede el Escudo "Arrojo Asombroso" por su extraordinaria actuación en esta victoria. El Capitán Juan Guillermo Iribarren apenas, con veinte años de edad "al mando de quinientos aguerridos hombres del "Batallón Dragones", sorprendió a los realistas con tal ímpetu y pujanza que en acción solitaria los hizo rendirse, fue tan fulminante la sorpresa tan súbito y fragoroso el acometer que pasmado el enemigo de tan inconcebible audacia y creyéndose acometido por el ejército entero del temible Páez, apenas si acertó en su pavoroso aturdimiento a disparar un solo tiro que, postro sin vida al valeroso Sargento Roso González, única víctima que cobró a nuestro dragones vencedores" En esta Batalla las bajas realistas y prisioneros eran incontables.

Al llegar triunfante Páez enseguida expidió un Decreto especial condecorando al Capitán Juan Guillermo Iribarren, con un escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" medalla ésta, única concedida por Páez en todo el curso de su dilatada carrera. Con los prisioneros se conformó el Batallón de Infantería "Bravos de Páez" y luego más tarde en la incomparable Campaña de Cundinamarca, recibieron el título glorioso de "Vencedor en Boyacá". El Libertador por su parte al conocer la hazaña de Iribarren lo ascendió al grado de primer Comandante, haciéndolo reconocer al mismo tiempo como jefe nato de sus "Husares". El 31 de diciembre de 1817 es ascendido al grado Coronel vivo de caballería.

(1818) Las Galeras de Ortiz. Combate en las Galeras de Ortiz, donde es herido el Comandante Genaro Vásquez y rescatado por Juan Guillermo Iribarren.
(1818) Participa en el Combate de San Carlos en el mes de abril y en el mes de mayo en la Batalla de Cojedes. En Octubre de 1818 se le concede la orden de los Libertadores.
(1819) Convocado por el libertador para conformar la Junta de Guerra para emprender la Campaña de Nueva Granada.
(1820) Se mantuvo a las órdenes de José Antonio Páez, en el Ejército de Apure.
(1821) Batalla de Carabobo.

(1824) Fue designado como Comandante General del Cuarto Distrito Militar de Venezuela, "en cuyo cargo presto servicios, en la organización y administración de su gobierno, sobremanera estimables, en esta nueva faz de su carrera desplegó dotes de mando que, cónsonos con las ideas de su época y con la índole de los pueblos que gobernaba, lo formaron, especialmente en la comarca del Guárico, era enérgico para hacer el bien y extirpar el mal, amigo y decidido protector del mérito, intransigente con el desorden, irreconciliable con el vicio y el escándalo.

En medio de estas pacíficas tareas con las que se esmeraba en consolidar el establecimiento de la moral y la libertad a la que había contribuido a alcanzar, llegó a sus oídos el sordo rumor de aquella amenazante perturbación política iniciada en el Congreso de Valencia (1826) Llamada la "Cosiata". Aunque fiel y constante amigo del General en Jefe José Antonio Páez, a quien proclamaban caudillo de los refractarios de Valencia. Iribarren, no reconoció el carácter y las tendencias extralegales de aquellos novadores contra la autoridad constitucional del Libertador, manteniendo una actitud circunspecta, expectante que bien a las claras cuentas significaban su opinión hostil a todo conato de revueltas. Cautivado grandemente el Libertador por la respetable conducta de Iribarren, en aquella crisis y por el género nuevo de servicio de su antiguo Coronel de los "Húsares". 

El 3 de Marzo(1827) es ascendido al grado de General de Brigada por decreto del Libertador y pocos días después el 28 de Abril muere en la ciudad de Calabozo Estado Guárico, donde se residió buena parte de su vida, con su esposa Candelaria Arana con la que contrajo matrimonio en 1819 en Cunaviche, Estado Apure.

Doña Candelaria Arana era hija de María Antonia Báez, dueña del Hato La Candelaria, donde posiblemente el Libertador y su Estado Mayor comenzaron a planificar la Batalla de Carabobo, posteriormente propiedad de Juan Vicente Gómez e inmortalizada en las páginas de la novela Doña Bárbara escrita por Rómulo Gallegos. En el matrimonio nacieron cuatro Hijos: Juan Guillermo, José María, Eduardo y Teolinda Iribarren Arana. Se conoce la descendencia de uno de sus hijos Eduardo Iribarren Arana, casado con la Doña Florentina Rivas, con quién tuvo tres hijos: José Gregorio, María Amparo y María Luisa Iribarren Rivas. Su hija Doña María Amparo Iribarren, casada con Rafael Soto Planas, de esta unión provienen, las bisnietas de Juan Guillermo son: Marina Soto Iribarren de Laclé (Murió el 16 de Marzo de 1992) y Josefina Soto Iribarren de Garrido y Flor Soto Iribarren de Aranguren, las dos primeras tuvieron el privilegio de celebrar por primera vez el Natalicio de Juan Guillermo Iribarren visitando la ciudad natal el 25 de Marzo de 1988.

ATRIBUCIÓN

En 1884, en la oportunidad de solicitar una pensión como viuda legítima del prócer Doña Candelaria Arana de Iribarren hace dramáticas revelaciones acerca de su situación económica que expresan la calidad moral de aquellos hombres y mujeres que entregaron sus vidas al servicio del país.

El texto de Doña Candelaria, al Ministro de Guerra es el siguiente:

"Ciudadano Ministro de Guerra y Marina"

"Candelaria Arana de Iribarren, viuda del general Juan Guillermo Iribarren prócer de la Independencia se permite valerse del respetable órgano de usted para elevar al benemérito General de la presidencia de la República la presente exposición: "Victima expiatoria de las guerras intestinas que han asolado al país, pesando ya sobre mí el hielo de los años, cercana a la tumba, os dirijo la voz para pediros me acordéis la pensión de ochocientos bolívares mensuales que señalaría acaso la que correspondiera a mi esposo si el viviese" Fundada mi esperanza en vuestro noble corazón, no rehusareis a la anciana viuda esta dadiva, por aquel, que durante dieciochos años lidió esforzadamente por la causa independentista y obtuvo el concurso de los hechos por el general José Antonio Páez, el escudo de oro con el lema "Arrojo Asombroso" en premio de sus hazañas, y único en la historia de aquella época.

A los veinte y un años el general Simón Bolívar le expidió el título de la "Orden de los Libertadores", y a los treinta y un años en que murió ya había ascendido a los más altos grados de la milicia." "Me permito observaros que sólo desde el año de mil ochocientos setenta y tres impelida por la necesidad, acepté la limosna que el Gobierno designó distribuir a las viudas de los próceres" "Os acompaño los despachos y títulos en clase de devolución que acreditan esta breve exposición, suplicando trasladéis vuestro recuerdo a la Historia de la Patria para que así estiméis la justicia de mi petición, que en ningún tiempo se había animado dirigir a los que han regido los destinos de Venezuela"

La Orden de los Libertadores fue creada por Simón Bolívar para rendir tributo y enaltecer las hazañas gloriosas de quienes se consagraron conscientemente al servicio incesante de la libertad y la justicia, combatiendo sin tregua, sin fatiga y sin desaliento a los opresores. La medida del valor de esta orden, la da el propio libertador, cuando en su opinión: El premio del mérito es el acto augusto del poder humano "o que" "las recompensas honoríficas, deben ser raras y muy justas" así sustentó éticamente la instauración de la orden": "Sólo los hombres tributados a los talentos y virtudes militares puede ser una digna recompensa de los heroicos sacrificios que hacen los defensores de la patria"

Por su participación en las Batallas de San Carlos y Cojedes de la Campaña de 1818, bajo las órdenes de José Antonio Páez, Simón Bolívar en Octubre de ese mismo año le otorgó la Orden de los Libertadores, autorizándole para usar la venera mientras recibía la estrella. Y por esto y compañero aunque fortuitamente inactivo, de los héroes de las Queseras del Medio (1819) alcanzó la cruz de dicha orden, que decretó Bolívar, a aquellos vencedores. "bien sentada esa tan apreciada insignia del valor y del honor en el pecho de aquel fuerte, que debía al brillo de entrambas dotes el vivo afecto de su General y el personal aprecio del Libertador"

Su nombre está inscrito en los MEDALLONES DE LOS PRÓCERES. En el Monumento erigido en la conmemoración de esta Batalla al lado de los que participaron en el crucial y definitivo acontecimiento. Estos medallones realizados en barro cocido diseñadas por el escultor venezolano Adolfo Estopiñán y posteriormente copiadas en bronce. Son obras en relieve de 16 oficiales que tuvieron participación destacada en la Batalla de Carabobo. Ellos son: los Generales Daniel Florencio O'Leary, Juan Uslar, Judas Tadeo Piñango, Juan José Flores, José Ignacio Pulido, Arthur Sandes, José Gabriel Lugo, Charles Minchin, José Justo Briceño, Juan Guillermo Iribarren, Carlos Luis Castelli, José Ribeiro de Abreu y Lima, y los coroneles Fernando Figueredo, José Francisco Aramendi, Juan Ramón Burgos y Francisco José Torres Arriechi. Con esta representación se les rinde un merecido homenaje a estos patriotas. Estos medallones miden 30 cm, y están ubicados en las barandas de la tribuna presidencial.

Este monumento enaltece el gentilicio venezolano, en él se plasma la gallardía y valentía de los hombres, que lucharon fervorosamente por lograr la tan anhelada libertad, en esta sabana, la sangre derramada por los patriotas, dio paso a una Venezuela libre, para amarla, tal y como éstos próceres de la independencia, lo hicieron.

En 1997, en el marco de la conmemoración del Bicentenario del Natalicio del General Juan Guillermo Iribarren se funda, el 21-04-97, en el Municipio que lo vio nacer, una Escuela Básica para atender alumnos de secundaria. Desde que esta institución abrió sus puertas a la comunidad araureña, lleva con orgullo el nombre, de Juan Guillermo Iribarren, caracterizándose por enaltecer y difundir las proezas y gloriosas batallas del héroe epónimo.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-Bolívar, W. (1997, Abril 7) Crónicas y personajes de la Historia. Reencuentro del general Juan Guillermo Iribarren. El día que volvió a Portuguesa EL Regional p.10.

-Morales, J. (1977). General Juan Guillermo Iribarren. Dirección de Extensión Universitaria. Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto: Editorial Cuyuní.

-Propuesta de creación de la Cátedra Vida y Obra del “General Juan Guillermo Iribarren” Autor: Dra. Chirinos Eneida Araure. Marzo 2006.