martes, 8 de febrero de 2011

EL GENERAL ANTONIO JOSÉ DE SUCRE



 EL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO


Martín Tovar y Tovar (1827 - 1902) - Salón Elíptico del capitolio Nacional. Oleo sobre tela. Palacio Federal Legislativo, Caracas - Venezuela


Nace en Cumaná (actual, Edo. Sucre) el 3 de febrero de 1795 y es asesinado en Berruecos (Colombia) el 4 de junio de 1830.

Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, Perdió a su madre a los siete años de edad. Aún adolescente fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano de la catedral, presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de ingeniería militar en la Escuela de José Mires. En 1809, con su hermano Pedro y otros jóvenes, integró como cadete la compañía de Húsares Nobles de Fernando VII, en Cumaná, unidad organizada por Juan Manuel de Cajigal y Niño, gobernador de la provincia de Cumaná.

Oficial (general en jefe) del Ejército de Venezuela, Colombia y Ecuador, Gran Mariscal de Ayacucho (Perú). Presidente de Bolivia. Político y estadista. Hijo del teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de María Manuela de Alcalá y Sánchez. Se le considera el militar más completo y cabal de los próceres de nuestra Independencia. Fue un paradigma en el estricto cumplimiento de su deber; era inflexible, duro y justo. Su padre, sus 2 abuelos y 4 bisabuelos y los más de sus tatarabuelos, fueron militares. Perdió su madre a los 7 años. Adolescente fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino el arcediano de la catedral, presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de ingeniería militar en la Escuela de José Mires. En 1809, con su hermano Pedro y otros jóvenes, integró como cadete la compañía de Húsares Nobles de Fernando VII, en Cumaná, unidad organizada por Juan Manuel de Cajigal y Niño, gobernador de la provincia de Cumaná.

En 1810, la Junta de Gobierno de Cumaná le confiere el empleo de subteniente de milicias regladas de infantería. Este grado fue ratificado por la Junta Suprema de Caracas el 6 de agosto de ese mismo año. En 1811 desempeña en Margarita el cargo de comandante de ingenieros. El 31 de julio de ese año recibió el despacho de teniente. En 1812 se halla en Barcelona, en calidad de comandante de la artillería. Allí, el 3 de julio del citado año, junto con otros ciudadanos notables, firmó el acta de la junta de guerra que se reunió aquel día para resolver lo conducente a la seguridad de la República, a raíz de los acontecimientos en Caracas (ofensiva de Domingo de Monteverde) y la ocupación de Cúpira por un grupo de partidarios de Fernando VII.

Tras la capitulación del general Francisco de Miranda regresó a Cumaná, donde el nuevo gobernador realista Emeterio Ureña le extendió pasaporte para que se trasladase a Trinidad; pero no consta que hiciera uso de dicho documento. En 1813, bajo las órdenes del general Santiago Mariño, integra el grupo de republicanos conocido como los "libertadores de oriente" y participa en las operaciones para la liberación de aquella parte de Venezuela. Como edecán del general Mariño, en 1814, asiste a la conjunción de las fuerzas de oriente con las de occidente en los valles de Aragua. Ese año, su hermano Pedro fue fusilado en La Victoria por los realistas; y víctimas de José Tomás Boves mueren en Cumaná sus hermanos Vicente y Magdalena.

No menos de 14 parientes inmediatos perecerán en la Guerra de Independencia. En 1815, tras combatir bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez en Maturín, pasa a Margarita y escapando del general Pablo Morillo, sigue a las Antillas y Cartagena. En esta plaza, con Lino de Pombo de jefe inmediato, dirige los trabajos de fortificación para la defensa de la ciudad contra el asedio realista. En diciembre está en Haití. Cuando regresaba después a Venezuela naufraga en el golfo de Paria. En 1816, Mariño lo nombra jefe de su Estado Mayor y lo asciende a coronel. Este mismo jefe lo designa en 1817 comandante de la provincia de Cumaná. Ese año, después del Congreso de Cariaco (8 mayo) desconoce la actuación de dicho cuerpo y autoridad de Mariño y se traslada a Guayana, donde se pone bajo las órdenes de Simón Bolívar. El 17 de septiembre de ese mismo año recibió de Bolívar la designación de gobernador de la Antigua Guayana y comandante general del Bajo Orinoco; y también el encargo de organizar un batallón con el nombre Orinoco.

Empezaba su carrera de gobierno en la cual desempeñaría todos los cargos de la Administración civil hasta presidente de la República en Bolivia. El 7 de octubre del mismo año (1817) recibió el nombramiento de jefe de Estado Mayor de la división de la provincia de Cumaná, bajo las órdenes del general Bermúdez, nombrado comandante de la citada gran unidad. Estos nombramientos tenían, además la finalidad de reducir la disidencia que reinaba en Cumaná. "El general Bermúdez y Vd. van a hacer cosas grandes en Cumaná y quizás algún día serán llamados los salvadores de su país", dijo Bolívar a Sucre en aquella ocasión.




Arturo Michelena, "Retrato ecuestre de Bolívar (Bolívar en Carabobo)", París, 1888, óleo/tela, 305 x 211 cm. Palacio del Gobierno del Estado Carabobo, Valencia, Venezuela.




En agosto de 1819 fue ascendido a general de brigada por el vicepresidente de Venezuela, Francisco Antonio Zea; grado que será ratificado por Bolívar el 16 de febrero de 1820. Viaja a las Antillas comisionado para adquirir material de guerra; misión que cumple con éxito. Ese mismo año desempeña, interinamente, la cartera de Guerra y Marina y es jefe titular del Estado Mayor General. Fue uno de los comisionados para concertar los Tratados de Trujillo (Armisticio y Regularización de la Guerra) que en noviembre de 1820 suscribieron los generales Bolívar y Pablo Morillo. 

Era su primera empresa diplomática, inicio de otra carrera en la cual también descuella con su brillo habitual. De este instrumento regularizador de la contienda, el cual representa un notable hito en el derecho internacional, dirá Bolívar que fue "...el más bello monumento a la piedad aplicada a la guerra"

El 11 de enero de 1821, en Bogotá, fue nombrado por Bolívar comandante del Ejército del Sur, en reemplazo del general Manuel Valdés; era la fuerza que, desde 1820, operaba en Popayán y Pasto. No recibió Sucre el cargo porque razones de Índole estratégica y política hicieron que Bolívar anulase tal designación y le diese comisión para marchar a Guayaquil, donde reemplazaría al general José Mires y asumiría la misión que se le había encomendado: la de hacer que la provincia (la cual se había independizado de los españoles en octubre de 1820) se incorporase a la República de la Gran Colombia y tomar el mando de las tropas que hubiese en Guayaquil, como pasos previos para la liberación de Quito, que era el propósito principal de las operaciones que se ejecutasen.

El 6 de abril llegó Sucre a Guayaquil y al presentarse ante la Junta de Gobierno, expuso la razón de su presencia allí y de la idea de una unión de la provincia con Colombia. El 15 del mismo mes fue celebrado un tratado entre Sucre (por Colombia) y José Joaquín de Olmedo, Francisco Roca y Rafael Jimena, miembros de la Junta. El tratado estipulaba que Guayaquil mantendría su soberanía, pero bajo la protección de Colombia. En aquella oportunidad Sucre quedó facultado para abrir la campaña contra los realistas, y con tal motivo, Guayaquil le ofreció todos los recursos disponibles. 

En julio de 1821, el mariscal de campo Melchor Aymerich, a la cabeza de una columna de 1.700 hombres abrió operaciones contra Guayaquil, por Guaranda, Babahoyo y Yaguachi; acción combinada con la ejecutada por el coronel Francisco González con 1.000 hombres, por Cuenca hacia Yaguachi.

El 7 de agosto se movió Sucre con unos 1.000 infantes y 200 jinetes, contra la columna de González a quien derrotó el 19 del mismo mes en la batalla de Yaguachi. Sucre contramarchó para enfrentar a Aymerich; pero éste, rehusando el combate, se retiró a Sabaneta y después a Guaranda, bajo la persecución de una unidad republicana. Sucre aprovecha la victoria de Yaguachi para instar nuevamente a la Junta de Gobierno para que defina la suerte de Guayaquil. El 3 de septiembre, la Junta se pronunció en favor de la unión con Colombia; pero no se hizo efectiva debido a la indecisión de Rafael Jimena y a la hostilidad hacia Colombia del coronel Francisco Roca. La situación política de Guayaquil quedó en suspenso. En septiembre del mismo año emprendió Sucre operaciones contra la columna de Aymerich, y en su avance fue derrotado por la columna de Francisco González en Huachi el 12 de septiembre.


Sucre se retiró a Guayaquil, donde reconstituyó sus fuerzas y las aumentó con las tropas reclutadas en la provincia y con las que llegaron de Colombia en octubre de ese año. Para diciembre la situación política de Guayaquil se tornó un tanto delicada por la llegada de los generales Francisco Salazar y José de La Mar, procedentes del Perú; el primero como embajador del Perú y el segundo con el propósito de tomar el mando en la provincia y sus fuerzas militares. Ambos agentes desarrollaron actividades en favor de la causa peruana, lo cual activó el espíritu del partido contrario, cuya consecuencia fue la decisión de Porto Viejo, el 16 de diciembre, cuando declaró su incorporación a Colombia, ejemplo seguido por las localidades de Jipijapa y Manabí.



Carta de la República de Colombia dividida en 12 departamentos en 1824.
Tomado del "Atlas físico y político de la República de Venezuela", 1840. Autor: Agustín Codazzi


La Junta nombró a La Mar gobernador de la provincia y le confió el encargo de someter por la fuerza a los pueblos que se habían pronunciado por Colombia. Intervino Sucre y convenció a unos y a otros de que lo más importante era luchar contra el enemigo común y dejar de lado la contienda partidista para cuando la libertad estuviese consolidada. Inmediatamente Sucre envió como su delegado personal ante las autoridades republicanas de Lima al coronel Tomás de Heres, quien obtuvo el envío de tropas peruanas como ayuda a la empresa de Sucre. Estas tropas, mandadas por el coronel Andrés de Santa Cruz, recibieron el nombre de División Peruana. El éxito diplomático-político de Sucre en Guayaquil, el refuerzo de las tropas de Santa Cruz, la buena opinión que de Colombia se habían formado los guayaquileños y la información de la marcha de las fuerzas de Simón Bolívar hacia Pasto, pusieron a Sucre en condiciones favorables para la prosecución de las operaciones para la liberación de Quito.

Su plan general consideraba una concentración de fuerzas en el área comprendida entre Loja, Saraguro y Oña; en aquella zona debía unírsele la División Peruana. En coordinación con la concentración prevista actuaría una fuerza secundaria cuyo propósito era el de amenazar a Quito y las comunicaciones realistas con Riobamba. Esta misión la encomendó Sucre al teniente coronel Cayetano Cestari, quien desde Babahoyo fue a situarse en las inmediaciones de Latacunga, con 120 infantes y 40 jinetes. Desde Samborondón envió Sucre una pequeña fuerza bajo el mando del capitán José Antonio Pontón, hacia Alausí, a interceptar las comunicaciones realistas entre Cuenca y Riobamba. Las fuerzas realistas estaban constituidas por 3.000 hombres, distribuidos en Cuenca, Riobamba, Ambato y Quito. Por su parte Sucre disponía de 2 divisiones: una de Colombia y la otra de Perú.

A este conjunto dio el nombre de Ejército Unido, cuyo efectivo era del orden de los 2.500 hombres. A fines de enero de 1822 comenzó la operación y para mediados de febrero ya la mayor parte de las tropas republicanas estaba concentrada en Saraguro. Esta operación y la posterior ocupación de Cuenca se llevaron a cabo con relativa facilidad, gracias a las acciones de Cestari y Pontón. Después de algunos días en Cuenca, el general Sucre prosiguió su ofensiva hacia Riobamba, ciudad que fue tomada el 21 de abril. Días antes, el coronel Diego Ibarra, comandante de la vanguardia, había tomado contacto con los realistas en dicha localidad, y como consecuencia de ello, capturó unos prisioneros y puso en retirada las fuerzas que la guarnecían. El 29 de abril reanudó Sucre la marcha y el 2 de mayo tomó posesión de Latacunga donde permaneció 10 días en espera de 2 batallones procedentes de Panamá por mar, mandados por los coroneles José María Córdoba y Hermógenes Maza.


El 13 de mayo reanudaron los republicanos la marcha, y para evitar un ataque frontal, Sucre se desplazó por las faldas del Cotopaxi hasta alcanzar el valle de Chillo, separado de Quito por las alturas de Puengasi. Para neutralizar el envolvimiento planeado por Sucre, los realistas retrogradaron y entraron de nuevo en Quito el 16 de mayo. En conocimiento de que desde Pasto avanzaba una unidad realista en refuerzo de las tropas que se hallaban en Quito bajo las órdenes del mariscal de campo Melchor de Aymerich, Sucre envió al teniente coronel Cayetano Cestari en la dirección de Pasto a fin de retardar la marcha del refuerzo realista. Sucre, con el grueso, se puso en movimiento hacia los ejidos de Iñaquito, donde presentaría batalla a los realistas, con grandes posibilidades de éxito, vistas las ventajas que ofrecía el empleo de la caballería. Durante la ejecución de este desplazamiento se produjo la batalla en las faldas del volcán Pichincha, inmediatas a Quito, el 24 de mayo de 1822; en efecto, al percatarse Aymerich de la maniobra que realizaban los republicanos, marchó hacia el Pichincha y les presentó combate.

La Capitulación de la Batalla de Pichincha. Oleo sobre lienzo de Antonio Salas. (1822)

La victoria fue de Sucre, la cual fue completada con la capitulación que el jefe patriota concedió al mariscal Aymerich el 25 de mayo del mismo año. Con las operaciones cuyas acciones finales se produjeron en las faldas del Pichincha y en la ciudad de Quito, Sucre decidió a su favor la vacilante y delicada situación de Guayaquil; dio libertad al territorio que conforma hoy la República de Ecuador, y facilitó su incorporación a la Gran Colombia. El 18 de junio de ese año, Bolívar le asciende a general de división y lo nombra intendente del departamento de Quito.

Al frente de los destinos de Ecuador desarrolla una positiva obra de progreso: funda la Corte de Justicia de Cuenca y en Quito el primer periódico republicano de la época: El Monitor. Instala en esa ciudad la Sociedad Económica. De su actividad personal es buena prueba que, el día 6 de septiembre de 1822 expidió y firmó en Quito 52 comunicaciones. Interesado por la educación puede afirmar que halló en Cuenca 7 escuelas y dejó 20.

A comienzos de 1823 el Perú llama a Simón Bolívar para que se haga cargo de la empresa libertadora, pero ante la imposibilidad de viajar de inmediato, designó a Sucre y lo proveyó de las credenciales para las comisiones que debía cumplir en el Perú: pedir la ratificación del Tratado de Alianza concluido por los plenipotenciarios del Perú y Colombia el 6 de julio de 1822; proponer el plan de operaciones para la campaña que se debía desarrollar o reformar aquellos que estuviesen vigentes; permanecer en el país como agente diplomático, con libertad para intervenir en las operaciones militares, y a nombre de la República de Colombia podía garantizar cualquier tratado de evacuación del territorio que ocupaban las armas españolas, o de suspensión de hostilidades entre las fuerzas peruanas y realistas. El 10 de mayo de 1823 llegó a Lima y al día siguiente presentó credenciales, en momentos cuando el Perú hacía frente a una situación muy embarazosa, consecuencia de la inestabilidad política y del reciente fracaso de los republicanos en la primera campaña a Intermedios.

Por esta época se hacían los preparativos para una segunda campaña, también a Intermedios, en la cual, Sucre con la División Auxiliar (grancolombiana) debía marchar a la ciudad de Arequipa, donde actuaría en combinación con las acciones llevadas a cabo por el general Andrés de Santa Cruz. El 30 de mayo recibió Sucre el nombramiento de comandante del Ejército Unido, y el 21 de julio fue proclamado jefe supremo militar, cargo aceptado por Sucre con la condición de ejercerlo solamente en el teatro de la guerra.


A pesar de la victoria de Santa Cruz en la batalla de Zepita (25.8.1823), la campaña degeneró en fracaso. Sucre retornó a Lima, después de su retirada de Arequipa; operación muy elogiada por los críticos, particularmente Carlos Dellepiane, quien afirma: "Las atinadas disposiciones de Sucre en Arequipa, por medio de una retirada oportuna y voluntaria, le permitieron salvar parte del ejército, que si se hubiese empeñado, habría realizado el sacrificio más inútil..."

 Batalla de Junín. Óleo sobre lienzo. 
Oleo de Martín Tovar y Tovar (1827-1902)


El 1 de septiembre del mismo año llegó Bolívar al Perú, y desde el mismo día contó con la cooperación de Sucre en la ejecución de las múltiples tareas, tanto militares como políticas. En su condición de comandante general del Ejército Unido participó en las operaciones que condujeron al triunfo de los republicanos en la batalla de Junín (6.8.1824) y en las operaciones que siguieron hasta alcanzar las tropas el territorio de Andahuailas. Allí recibió de Bolívar el encargo de la conducción de las operaciones finales de la campaña libertadora del Perú; tal decisión se originó en la ley del Congreso de Colombia del 28 de julio de 1824, que no sólo revocaba las facultades extraordinarias que antes habían sido conferidas a Bolívar, sino que le retiraba el mando de las tropas grancolombianas existentes en el Perú. A fines de octubre de ese año desde Cuzco lanzan su ofensiva los realistas contra el Ejército Unido Libertador.

Sucre maniobra para evitar el tener que librar combate en condiciones desventajosas y traslada sus fuerzas al campo de Ayacucho donde hace frente a los realistas el 9 de diciembre, con victoria para las armas republicanas, tras la cual los vencidos se entregan mediante una capitulación concedida por Sucre. Fue la última batalla del proceso emancipador. Bajo las órdenes de Sucre combatió una efectiva representación de la unidad continental en oficiales provenientes de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Guatemala, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Curazao, Puerto Rico y México; además de otros procedentes de distintas naciones de Europa. Bolívar, quien redacta y publica en 1825 su Resumen sucinto de la vida del general Sucre, único trabajo en su género realizado por el Padre de la Patria, no escatima elogios ante la hazaña culminante de su fiel lugarteniente: "...La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina [...] Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza..."Bolívar reitera con énfasis: "...El general Sucre es el padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol: es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas.


La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Cápac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por su espada..."El Congreso de Colombia hizo entonces a Sucre general en jefe, y el Congreso del Perú le dio el grado de Gran Mariscal de Ayacucho, equivalente al de general en jefe de Colombia.


Óleo de la Batalla de Ayacucho, una obra de Martín Tovar y Tovar


A raíz de la victoria de Ayacucho Sucre entra triunfante en el Cuzco y liberta después las provincias del Alto Perú. En 1825 convoca a los representantes de dichas provincias para reunirse en asamblea, y con la aquiescencia de Bolívar ésta decide la creación de Bolivia, nueva República (6.8.1825), de la cual Sucre será elegido presidente posteriormente.

Es significativa la obra cumplida por el mariscal Sucre en Bolivia, especialmente en la organización de la Hacienda Pública y de la administración general. Se empeñó en promover la libertad de los esclavos y el reparto de tierras a los indios, y sobre todo en beneficio de la educación y la cultura. Ante el Congreso fue categórico al declarar que: "Persuadido de que un pueblo no puede ser libre, si la sociedad que lo compone no conoce sus deberes y sus derechos, he consagrado un cuidado especial a la educación pública".

En el transcurso de las 13 semanas que van del 3 de febrero al 5 de mayo de 1826, dio a Bolivia 13 decretos referentes a la creación de colegios de ciencias y artes, más institutos para huérfanos y huérfanas en todos los departamentos, y a establecer escuelas primarias en todos los cantones de la República. La historia recoge la cuenta de su orgullo: "La educación pública es lo que ha hecho más progresos. Los colegios quedan establecidos y marchan bien en todas las capitales de los departamentos, donde también se han abierto escuelas de enseñanza mutua que adelantan rápidamente [...] Para la enseñanza, el gobierno ha dado un plan de estudios análogo a la ilustración del siglo".

En cambio, no hay acuerdo entre Sucre como gobernante y Simón Rodríguez como educador, lo cual no permite el desarrollo de los proyectos del segundo en Bolivia.

En su gestión política vuelve a hacer gala repetidas veces de aquella su característica ecuanimidad y de su recto sentido de justicia, los mismos que habían animado su disposición, en La Paz, 1825, para "...que se publique un bando en todos los departamentos invitando a los ciudadanos para que aquellos que crean no les he administrado justicia o tengan alguna otra queja contra mÍ como funcionario público, la eleven a S.E. el Libertador en términos legales, en el concepto de que a más de que S.E. les hará la justicia que les corresponda, les ofrezco no tener jamás el menor resentimiento por ello ni reclamo alguno, y sÍ una satisfacción viendo empiezan a disfrutar de la libertad por que tantos sacrificios han hecho, y que son ciudadanos dignos de vivir bajo de leyes cuyo cumplimiento saben exigir de los magistrados..."Los sucesos de anarquía militar y política que agitan a la nueva y confundida nación tienen su clímax en el motín de Chuquisaca donde Sucre resulta herido en el brazo derecho (18.4.1828). Por entonces envía poder para contraer matrimonio en Quito con Mariana Carcelén y Larrea, marquesa de Solanda (20 abril). En agosto emprende marcha hacia su hogar, y al llegar se establece en Quito.


El héroe independentista venezolano Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho; y su esposa, la quiteña Mariana Carcelén de Guevara, Marquesa de Solanda y Villarocha.


En 1829 la República requiere sus servicios para mandar el ejército que debe enfrentar la ofensiva peruana en el sur del Ecuador. Triunfa en la batalla de TarquÍ (27.2.1829) y ofrece a los vencidos una capitulación que es modelo de generosa fraternidad americanista, fiel a su lema que "Nuestra justicia era la misma antes y después de la batalla". Su hija Teresita, que vivirá sólo 2 años, nació el 10 de julio de 1829. En La Paz había nacido un hijo natural suyo y de Rosalía Cortés, José María, el 13 de enero de 1826. La provincia de Cumaná, a la que guardó permanente afecto lo escogió como su representante al Congreso. En camino a Bogotá tiene conocimiento de la agitación separatista que José Antonio Páez fomenta en Venezuela. 

En la difícil circunstancia de 1830, se destaca en el quehacer político por su consecuencia hacia la persona y la obra de Bolívar. El Congreso Admirable, reunido en Bogotá, lo elige su presidente en enero de ese año; en febrero, el mismo cuerpo le encarga una misión conciliadora ante el Gobierno de Venezuela; le acompañan José María Estévez, obispo de Santa Marta y vicepresidente del Congreso, y el diputado Francisco Aranda. A mediados de marzo la comisión ha llegado a territorio venezolano, pero por la imposición del Gobierno de Venezuela tiene que regresar a la Villa del Rosario de Cúcuta, donde se llevan a cabo las conversaciones, que duran 4 días, sin lograrse resultados positivos.


Sucre regresa a Bogotá, mientras la situación se agrava y la obra de Bolívar se fragmenta. Cuando va de vuelta a encontrarse con su familia en Quito, el mariscal Antonio José de Sucre es asesinado, a traición, en la montaña de Berruecos (sur de Colombia), el 4 de junio de 1830, José María Obando fue señalado como autor intelectual y Apolinar Morillo como ejecutor del crimen.


“La muerte de Sucre en Berruecos". Óleo sobre tela de Arturo Michelena. (1895)

La vida de Sucre fue un luchar continuo. Combatía contra las fallas humanas, contra los elementos, contra las distancias. Su preocupación por los servicios, por la eficiencia administrativa, llenó muchas de sus horas.

Fue indoblegable en su actitud vigilante por la probidad. Castigaba sin vacilar, con rigor extremo, crímenes, vicios y corruptelas, pero fue magnánimo con enemigos y adversarios vencidos. Sobre todo resaltan en Sucre sus conceptos del patriotismo americano, del honor, de la gratitud y la lealtad. En la última carta de Antonio José de Sucre a Simón Bolívar, escrita en Bogotá el 8 de mayo de 1830, consta "...el dolor de la más penosa despedida...", y así de su propia mano escribe: "No son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Vd.: Vd. los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. Lo conservaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa, y me lisonjeo que Vd. me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en todas circunstancias merecerlo.


José Antonio de Sucre. Fortaleza de Castillo Real Felipe. Sala de Gobernador. Callao Lima

Adiós, mi general, reciba Vd. por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de Vd. Sea Vd. feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud de su más fiel y apasionado amigo"

Su primera sepultura estuvo  al pie de un árbol, a pocos metros donde Sucre cayera de su cabalgadura, abatido por los disparos de sus asesinos, en un estrecho sendero; húmedo y tenebroso “todo tupido de musgos y helechos”, de un lugar llamado “El Cabuyal” en la serranía de Berruecos. Días después y por disposición de su viuda Doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda, fue trasladado sigilosamente en un guardarropa de madera hasta la hacienda “El Dean” cerca de quito, donde sus restos fueron colocados en un ataúd y sepultados bajo el altar del oratorio. Años mas tarde sus restos fueron exhumados con igual sigilo y trasladados al monasterio de religiosas del Carmen Moderno, no sin antes juntarse con los restos de su pequeña hija Teresa, muerta después del asesinato de su padre.

Hasta el año de 1900; tuvo que transcurrir mucho tiempo, para que los restos mortales del Gran Mariscal, hallaran definitivo descanso en la cripta de la Catedral de Quito. Se ha planteado repatriar sus restos a su patria, Venezuela, para ser colocado en altar que para él está diseñado en el Panteón Nacional, en Caracas.



Monumento a Antonio José de Sucre en el Panteón Nacional de Venezuela







Firma de Antonio José de Sucre, realizado en inkscape por David Torres Costales


RESUMEN SUCINTO DE LA VIDA DEL GENERAL SUCRE ESCRITO POR EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR
El general Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, en las provincias de Venezuela, el año de 1795, de padres ricos y distinguimos.

Recibió su primera educación en la capital, maracas. En el año de 1808 principió sus estudios de matemáticas para seguir la carrera de ingeniero. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros días una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra, y desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdés emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor.

En los célebres campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de Los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores. Quinientos paisanos armados, mandados por el intrépido Piar, destrozaron a ocho mil españoles en tres combates en campo raso. El general Sucre era uno de los que se distinguían en medio de estos héroes.

El general Sucre sirvió el E.M.G. del Ejército de Oriente desde el año de 1816 hasta el de 1817, siempre con aquel celo, talento y conocimientos que lo han distinguido tanto. Él era el alma del ejército en que servía. Él metodizaba todo: él lo dirigía todo, más, con esa modestia, con esa gracia, con que hermosea cuanto ejecuta. En medio de las combustiones que necesariamente nacen de la guerra y de la revolución, el general Sucre se hallaba frecuentemente de mediador, de consejero, de guía,  sin perder nunca de vista la buena causa y el buen camino. Él era el azote del desorden y, sin embargo, el amigo de todos. Su adhesión al Libertador y al Gobierno lo ponía a menudo en posiciones difíciles, cuando los partidos domésticos encendían los espíritus.

El general Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavados los ojos en su patria, y sin perder, no obstante, el aprecio y amor de los que combatía. Después de la batalla de Boyacá, el general Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad asociado al general Briceño y al coronel Pérez, negoció el armisticio y regularización de la guerra con el general Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del general Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron: él será eterno como el más bello monumento de la edad aplicada a la guerra: él será eterno como nombre del vencedor de Ayacucho.

Luego fue destinado desde Bogotá a mandar división de tropas que el Gobierno de Colombia puso a sus órdenes para auxiliar a Guayaquil, que había insurreccionado contra el Gobierno español. Allí Sucre desplegó su genio conciliador, cortés, activo, audaz. Dos derrotas consecutivas pusieron a Guayaquil al lado del abismo. Todo estaba perdido en fuella época: nadie esperaba salud, sino en un prodigio de la buena suerte. Pero el general Sucre hallaba en Guayaquil, y bastaba su presencia para hacerlo todo. El pueblo deseaba librarse de esclavitud: el general Sucre dirigió este noble deseo con acierto y con gloria. Triunfa en Yaguachi, y libra así a Guayaquil. Después un nuevo  ejército se presentó en las puertas de esta misma ciudad, vencedor y fuerte. El general Sucre lo conjuró, lo rechazó sin combatirlo. Su política logró lo que sus armas no habían alcanzado. La destreza del general Sucre obtuvo un armisticio del general español, que en realidad era una victoria.

Gran parte de la batalla de Pichincha se debe a esta hábil negociación; porque sin ella, aquella célebre jornada no habría tenido lugar. Todo habría sucumbido entonces, no teniendo a su disposición el general Sucre medios de resistencia. El General Sucre formó, en fin, un ejército restable durante aquel armisticio con las tropas e levantó en el país, con las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del general Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito. La campaña que terminó la guerra del Sur de Colombia, fue dirigida y mandada en persona por el general Sucre; en ella mostró sus talentos y virtudes militares; superó dificultades que parecían invencibles; la naturaleza le ofrecía obstáculos, privaciones y penas durísimas. Mas a todo sabía remediar su genio fecundo.

La batalla de Pichincha consumó la obra de su celo, de su sagacidad y de su valor. Entonces fue nombrado premio de sus servicios, General de División e Intendente del Departamento de Quito. Aquellos pueblos veían en él su Libertador, su amigo; mostraron más satisfechos del jefe que les era atinado, que de la libertad misma que recibían de sus manos. El bien dura poco; bien pronto lo perdieron. La pertinaz ciudad de Pasto se subleva poco después de la capitulación que les concedió el Libertador con una generosidad sin ejemplo en  guerra.

La de Ayacucho que acabamos de ver con asombro no le era comparable. Sin embargo, este pueblo ingrato y pérfido obligó al general Sucre a marchar contra él, a la cabeza de algunos batallones y escuadrones de la guardia colombiana. Los abismos, los torrentes, los escarpados precipicios de Pasto fueron franqueados por los invencibles soldados de Colombia. El general Sucre los guiaba, y Pasto fue nuevamente reducido al deber. El general Sucre, bien pronto fue destinado a una doble misión, militar y diplomática cerca de este Gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, cuando el Gobierno del Perú le instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejército unido; él se denegó a ello, siguiendo su deber y su propia moderación, hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.

Todo estaba en desorden; todo iba a sucumbir sin el jefe militar que pusiese en defensa la plaza del Callao, con las fuerzas que ocupaban esta capital. El general Sucre tomó, a su pesar, el mando. El Congreso que había sido ultrajado por el presidente Riva-Agüero, depuso a este magistrado luego que entró en El Callao, y autorizó al general Sucre para que obrase militar y políticamente como Jefe Supremo. Las circunstancias eran terribles, urgentísimas: no había que vacilar sino obrar con decisión. El general Sucre renunció, sin embargo, el mando que le confería el Congreso, el que siempre insistía con mayor ardor en el mismo empeño, como que era él el único hombre que podía salvar la patria en aquel conflicto tan tremendo. El Callao encerraba la caja de Pandora, y al mismo tiempo era un caos. El enemigo estaba a las puertas con fuerzas   dobles; la plaza no estaba preparada para un sitio: los cuerpos de ejército que la guarnecían eran de diferentes Estados; de diferentes partidos; el Congreso y el Poder Ejecutivo luchaban de mano armada; todo el mundo mandaba en aquel lugar de confusión, y al parecer el general Sucre era responsable de todo.

Él, pues, tomó la resolución de defender la plaza, con tal que las autoridades supremas la evacuasen, como ya se había determinado de antemano por parte del Congreso y del Poder Ejecutivo. Aconsejó a ambos cuerpos que se entendiesen y transigiesen diferencias en Trujillo, que era el lugar designado para su residencia. El general Sucre tenía órdenes positivas de su Gobierno de sostener al del Perú, pero de abstenerse de intervenir en sus diferencias intestinas; ésta fue su conducta invariable, observando religiosamente sus instrucciones. Por lo mismo, ambos partidos se quejaban de indiferencia, de indolencia, de apatía por parte del general de Colombia, que si había tomado el mando militar, había sido con suma repugnancia, y sólo por complacer a las autoridades peruanas; pero bien resuelto a no ejercer otro mando que el estrictamente militar. Tal fue su comportamiento en medio de tan difíciles circunstancias. El Perú puede ir si la verdad dicta estas líneas.

Las operaciones del general Santa Cruz en el Alto Perú habían empezado con buen suceso y esperanzas probables. El general Sucre había recibido órdenes de embarcarse con cuatro mil hombres de las tropas aliadas, hacia aquella parte. En efecto, dirige su marcha con tres mil colombianos y chilenos: desembarca en el puerto de Quilca y toma la ciudad de Arequipa. Abre comuniones con el general Santa Cruz que se hallaba el Alto Perú: a pesar de no recibir demanda alguna de dicho general de auxilios, dispone todo para obrar inmediatamente contra el  enemigo común. Sus tropas habían llegado muy estropeadas, como todas las que hacen la misma navegación: los caballos y bagajes, había costado una inmensa dificultad obtenerlos: las tropas Chile se hallaban desnudas, y debieron vestirse antes de emprender una campaña rigurosa. Sin embargo todo se efectuó en pocas semanas. Ya la división del general Sucre había recibido parte del general Santa Cruz, que le llamaba en su auxilio, y algunas horas después de la recepción de este parte estaba en marcha, cuando se recibió el triste anuncio de la disolución de la mayor parte de la división peruana en las inmediaciones del Desaguadero. Por entonces todo cambiaba de aspecto.

Era, pues, indispensable mudar de plan. El general Sucre tuvo una entrevista con el general Santa Cruz en Moquegua, y allí combinaron sus ulteriores operaciones. La división que mandaba el general Sucre vino a Pisco, y de allí pasó por orden del Libertador, a Supe para oponerse a los planes de Riva-Agüero que obraba de concierto con los españoles. En estas circunstancias el general Sucre instó al Libertador para que le permitiese ir a tomar valle de Jauja con las tropas de Colombia, para oponerse allí al general Canterac que venía del Sur. Riva-Agüero había ofrecido cooperar a esta maniobra; mas su perfidia pretendía engañarnos. Su intento era dilatarla hasta que llegasen españoles, sus auxiliares. Tan miserable treta no podía alucinar al Libertador, que la había previsto con anticipación, o más bien que la conocía por documentos interceptados de los traidores y los enemigos. El general Sucre dio en aquel momento brillante testimonio de su carácter generoso.

Riva-Agüero lo había calumniado atrozmente: lo suponía autor de los decretos del Congreso; el agente de la ambición del Libertador; el instrumento de su ruina. No obstante esto, Sucre ruega encarecida y ardientemente al Libertador; para que no lo emplee en la  campaña contra Riva-Agüero, ni aun como simple soldado; apenas se pudo conseguir de él que siguiese como espectador, y no como Jefe del ejército unido; su resistencia era absoluta. Él decía que de ningún modo convenía la intervención de los auxiliares en aquella lucha, e infinitamente menos la suya propia, porque se le suponía enemigo personal de Riva-Agüero, y competidor al mando. El Libertador cedió con infinito sentimiento, según se dijo a los vehementes clamoreos del general Sucre. Él tomó en persona el mando del ejército, hasta que el general La Fuente por su noble resolución de ahogar la traición de un jefe, y la guerra civil de su patria, prendió a Riva-Agüero y a sus cómplices.

Entonces el general Sucre volvió a tomar el mando del ejército; lo acantonó en la provincia de Huailas donde se le ordenó; allí su economía desplegó todos sus recursos para mantener con comodidad y agrado las tropas de Colombia. Hasta entonces aquel departamento había producido muy poco o nada al Estado. Sin embargo el general Sucre establece el orden más estricto para la subsistencia del ejército, conciliando a la vez el sacrificio de los pueblos y disminuyendo el dolor de las exacciones militares con su inagotable bondad y con su infinita dulzura. Así fue que el pueblo y el ejército se encontraron tan cuanto las circunstancias lo permitían. Sucre tuvo orden de hacer un reconocimiento de la frontera, como lo efectuó con el esmero que acostumbra, y dictó aquellas providencias preparatorias que debían servirnos para realizar la próxima campaña. Cuando la traición del Callao y de Torre-Tagle llamó a los enemigos a Lima, el general Sucre recibió órdenes de contrarrestar el complicado sistema de maquinaciones pérfidas que se extendió en todo el territorio contra la libertad del país, la gloria del Libertador y el honor de los colombianos.

El general Sucre combatió con suceso a todos los adversarios de la buena causa; escribió con sus manos resmas de papel   para impugnar a los enemigos del Perú y de la libertad; para sostener a los buenos, para confortar a los que empezaban a desfallecer por los prestigios del error triunfante. El general Sucre escribía a sus amigos que más interés había tomado por la causa del Perú, que por una que le fuese propia o perteneciese a su familia. Jamás había desplegado un celo tan infatigable; mas sus servicios no se vieron burlados: ellos lograron retener en la causa de la patria, a muchos que la habrían abandonado sin el empeño generoso de Sucre. Este general tomó al mismo tiempo a su cargo la dirección de los preparativos que produjeron el efecto maravilloso de llevar el ejército al valle de Jauja por encima de los Andes, helados y desiertos. El ejército recibió todos los auxilios necesarios debidos, sin duda, tanto a los pueblos peruanos que los prestaban como al jefe que los había ordenado tan oportuna y discretamente. El general Sucre después de la acción de Junín se consagró de nuevo a la mejora y alivio del ejército.

Los hospitales fueron provistos por él, y los piquetes que venían de alta al ejército, eran auxiliados por el mismo general: estos cuidados dieron al ejército dos mil hombres, que quizá habrían perecido en la miseria sin el esmero del que consagraba sus desvelos a tan piadoso servicio. Para el general Sucre todo sacrificio por la humanidad y por la patria, parece glorioso. Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón: él es el general del soldado. Cuando el Libertador lo dejó encargado de conducir la campaña durante el invierno que entraba, el general Sucre desplegó todos los talentos superiores que lo han conducido a obtener la más brillante campaña de cuantas forman la gloria de los hijos del nuevo mundo. La marcha del ejército unido desde la provincia de Cochabamba hasta Huamanga, es una operación insigne, comparable quizá a la más grande que presenta  la historia militar.

Nuestro ejército era inferior en mitad al enemigo, que poseía infinitas ventajas materiales sobre el nuestro. Nosotros nos veíamos forzados a desfilar sobre riscos, gargantas, ríos, cumbres, abismos, siempre en presencia de un ejército enemigo, y siempre superior. Esta corta, pero terrible campaña, tiene un mérito que todavía no es bien conocido en su ejecución: ella merece un César que la describa. La batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho, semejante Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza.

El general Sucre es el padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol: es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por su espada.

Lima: 1825
Tomado de la Edición de la Academia Nacional de la Historia en
Conmemoración del Centenario de Berruecos (4 de junio de 1930)


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lunes, 17 de enero de 2011

VIDA DEL GENERAL EZEQUIEL ZAMORA





EL GENERAL DEL PUEBLO SOBERANO


Faccioso, forajido, pulpero, sanguinario, sucio peón, criminal, desalmado,... adjetivos que la canalla oligarca dio a Zamora, el taita, el cabo, el General del Pueblo Soberano, ...el Valiente Ciudadano, como se le conoció entre las filas populares. El mismo Don Laureano Villanueva nos dice en su obra que aunque se “siente el prestigio mágico de Zamora”, y se oye con “exaltación de ánimo la relación de sus hazañas”... necesario es “esclarecer su causa política”, “estudiar su tiempo” y “descorrer las nubes que han hecho invisible desde 1846 al Zamora verdadero...”.

Florencio Porras Echezuría


CONTEXTO HISTÓRICO

En los años posteriores a las guerras de independencia, la oligarquía estuvo dominando totalmente al país. Todas las ventajas eran para los caudillos militares que se asociaron a la oligarquía y los terratenientes. Sin embargo, la situación era un poco complicada entre las clases y las diferencias políticas, ya que, la independencia dejó algunas desigualdades sociales, crisis a nivel económico, diferentes formas de pensar, y una gran prepotencia por parte de los poderosos. Era una época que reflejaba la lucha del pueblo por una sociedad igualitaria y democrática, para lograr que se les respetara su trabajo, sus conucos y a sus familiares. Existían atropellos por parte de los poderosos hacia el campesinado, una explotación incesante hacia los mismos, y el afianzamiento de la esclavitud. La economía se basaba en el trabajo de la siembra de cacao y en el ganado, que realizaban los esclavos y peones de las haciendas ganaderas, vilmente maltratados por los dueños de éstas.

Al final de la guerra de independencia, la situación era muy difícil, ya no era la lucha por la libertad, no era solo el librarse del yugo español y ser dueños de su propia tierra… Ahora en ese momento, después de que se logró la libertad, gracias a los patriotas y a Simón Bolívar; que se logró la independencia del pueblo venezolano del reino español; y de formar una República, pese al fracaso de la Gran Colombia, se había logrado el sueño de libertad, pero durante la época que sucedió la muerte de Bolívar, y de la que estamos describiendo ahora, ya la unión entre el pueblo se había desvanecido, ahora solo existía el interés particular o más bien de los particulares de tener el dominio del país y de su gente. El país se había comenzado a dividir entre dos bandos totalmente opuestos en su filosofía política y forma de pensamiento, unos a favor del poder, de la ganancias, de los lujos, del interés propio, y de manejar al país a su antojos, ese grupo político era el conservador, el que imponía la esclavitud, la pena de muerte y la represión, y que dominaba en aquél entonces, el gobierno a través del general José Antonio Páez.

El otro bando era un grupo político sin mucha fuerza porque legalmente no estaba formado, era simplemente el grupo político de la oposición con pensamientos liberales, quienes a diferencia del conservador, estaba a favor del pueblo, de la justicia, de la abolición de la esclavitud y pena de muerte, de la reforma agraria, de la igualdad de los derechos para todos, de la revolución e igualdad de condiciones para todos. Siempre hubo pequeñas manifestaciones hacia el gobierno conservador por parte del campesinado y esclavos, lo cual nunca les hicieron caso, y los reprimían, los maltrataban y los amenazaban incluso, con la pena de muerte. Fue una época en que se dejó de luchar ya por la libertad y en ser un país independiente, de dejar de ser una colonia, ya no era una lucha entre la colonia y el reino, era una lucha entre el mismo pueblo, una lucha de poder y de igualdades, una lucha por el manejo del país con egoísmo o sin ello.

SU HISTORIA

Ezequiel Zamora, nace en la población de Cúa, estado Miranda, el 1 de febrero de 1817. En ese momento, Venezuela estaba pasando por una, muy difícil situación de miseria, y de crisis social y económica, a causa de la guerra de independencia. Sus padres fueron Alejandro Zamora y Paula Correa, oriunda de la Villa de Cura, y sus abuelos eran de la región de los llanos, de Calabozo. Perteneciente al estrato de los “blancos de orilla”, eran una familia tradicional de la época, que no despreciaban a nadie por su raza, religión ni condición económica, y vivían en condiciones decentes, con pocos bienes pero si con lo necesarios, eran pequeños propietarios agropecuarios pero formaban parte de las élites oprimidas de la Venezuela colonial. Debido a la situación que atravesaba Venezuela, una época de guerra, de persecución, de terror, y de lucha, Ezequiel Zamora empieza a conocer desde pequeño lo que es la represión política, a través de su padre, ya que éste era un oficial del ejército independentista.

Zamora supo lo que era la entrega y la abnegación, así como también, el sacrificio humano, en su niñez, vivió dentro de un ambiente hostil y violento por las luchas contra España, pero habitaba en un pueblo muy tranquilo, en el cual, asistió a una escuela elemental rudimentaria, en donde, aprendió a leer y a escribir, y tener algunos conocimientos de aritmética y religión; aunque en ese tiempo Venezuela era un país totalmente analfabeta, le sirvió mucho ser la excepción, ya que más tarde pudo aprender alguna nociones de política. Cuando murió su padre, Alejandro Zamora, quien murió como un soldado más, en 1821, en la lucha por la libertad, esto coincide con el final de la guerra y la expulsión de los colonizadores europeos, y se traslada con su madre y sus hermanos a Caracas, y continúa la escuela primaria lancasteriana, fundada por el pedagogo inglés José Lancaster; esa fue su única educación formal, en manos del maestro Don Vicente Méndez, una escuela ubicada en una esquina de Las Mercedes.

La vida en Caracas fue un poco difícil, ya que tuvo que ayudar a su madre a las labores cotidianas y por esa razón deja los estudios, pero va adquiriendo otros tipos de aprendizajes y experiencias en lo que llaman la “escuela de la vida”. Zamora recibió ya en sus años de juventud, influencia y conocimientos de su cuñado, un francés llamado Juan Caspers, que huyó de Francia por la represión que existía allí y quien le habla y le relata todo lo relacionado con la situación revolucionaria en Europa, un asunto que le llamaba mucho la atención. Gracias a Caspers, aprendió mucho sobre la revolución, y la democracia. Poco a poco, Zamora va adquiriendo una personalidad heroica, perseverante, altivo y enérgico; y se va interesando por la política, y por la justicia y la igualdad entre los pueblos. Zamora comienza a viajar para los llanos y fortalece una amistad con el abogado José María García. Con él también aprende muchas cosas de los libros que García le obsequiaba y a través de ellos pudo saber más sobre el derecho, la historia, la política y todo sobre las revoluciones y movimientos sociales creados por el pueblo, especialmente en Francia. Zamora hablaba mucho con su amigo García y desde entonces, empieza a sentir mucha sensibilidad por los problemas sociales, por la libertad, por los ideales democráticos e igualitarios.

Posteriormente, Ezequiel Zamora vivió en la Villa de San Luis de Cura, hoy Villa de Cura, entre los años 1838-1846, en esa época era un pueblito de escasa población urbana, pero con mucha riqueza en su suelo, ya que existían grandes sembradíos, habían grandes latifundios ganaderos y agrícolas, era una tierra con gran importancia económica para ese entonces. Había enfrentamientos entre los ganaderos, dueños de haciendas con los peones y esclavos, estos  últimos sufrían de abusos y opresión, la gente humilde era reclutada para ser esclavos, y el Estado Oligárquico reprimía las protestas del pueblo, todo esto ocurria bajo la presidencia del general Carlos Soublette. Zamora vivió toda ésta coyuntura y siempre estaba de parte del pueblo humilde y reprimido y no estaba de acuerdo con la esclavitud ni con algunas leyes que el Estado imponía, para él la democracia debía ser primero y los hombres ser libres de expresarse.

Todo el pueblo corría hacia la casa de Zamora a expresarle su descontento con el gobierno, y Zamora convencido de que había que vivir en democracia, le decía a sus vecinos que había que unificarse, luchar en contra de los que poseían el poder. Zamora al ver que el pueblo lo apoyaba en sus argumentos democráticos, realizaba algunas reuniones con peones y esclavos, en su casa de los llanos, y comenta sobre algunos artículos impresos en “El Venezolano”, que hablaban de los abusos de los poderosos hacia los humildes, como por ejemplo, que muchos ganados de los oligarcas destruían los conucos de los campesinos, y a pesar de les ofrecía indemnización, lo seguían haciendo.

Durante la época de los años 40, existían luchas y enfrentamientos entre las clases, a causa de la desigualdad social que había dejado la guerra de independencia, y por las acciones del gobierno conservador y su programa, que no favorecían a las clases más humildes. El país estaba dividido, entre el grupo oficialista encabezado por José Antonio Páez y el liberal por Antonio Leocadio Guzmán. Por lo tanto, todo este grupo marginado del gobierno conservador, se unieron al Gran Partido Liberal, creado en 1840, junto con el diario “El Venezolano” creado el 24 de agosto de ese mismo año y dirigido por Antonio Leocadio Guzmán, para impulsar el movimiento democrático y defender o más bien, apoyar a las políticas democráticas de Guzmán, y para incorporar a las clases populares a la lucha política de ese momento. Se forma la Sociedad Liberal de Villa de Cura y se trataba de una organización democrático-revolucionaria de la población campesina de los llanos. ¡Tierra y hombres libres! era su consigna, luego se fue formando en varias partes del país en apoyo a la revolución y a la democracia, y por lo tanto, a la defensa de los campesinos y esclavos.

Es así que para el 9 de febrero de 1844, se forma un movimiento de todas las masas de la clase humilde, que salió en defensa del liberal Antonio Leocadio Guzmán, ya que iba a ser enjuiciado por el gobierno, por las críticas hechas a las acciones del Banco Nacional ante la crisis económica que se estaba viviendo; pero Zamora no participa en esa manifestación. Zamora desde 1840 ha estado luchando contra la oligarquía y se unió al partido liberal y a Antonio Leocadio Guzmán convirtiéndose en el Jefe regional de los liberales, participando en la protesta campesina a favor de Guzmán en 1840.

OLIGARCAS TEMBLAD...¡Viva la Libertad!

La insurrección campesina de 1846, comienza el 1 de septiembre de 1846, de una forma instantánea, sin planificación, espontáneamente, impulsivamente, por parte de las masas populares, a causa de la represión de la misma en los llanos centrales, y por la decisión del gobierno conservador de anular el resultado a favor de Zamora en las elecciones de 1846. Los primeros levantamientos fueron impulsados por las ideas democráticas de Antonio Leocadio Guzmán y acompañado de Ezequiel Zamora. Son ellos los principales promovedores de la insurrección campesina de 1846. La insurrección campesina comienza con el alzamiento de Francisco José Rangel, un antiguo soldado de la guerra de independencia, acompañado de 300 peones de algunas haciendas importantes, de varios lugares del país; luego se van incorporando otros peones, esclavos y campesinos de otras haciendas en apoyo a los ideales y pensamientos de Zamora y Guzmán. Y así se van sublevando simultáneamente las masas populares, en cada ciudad, en cada pueblo, en cualquier parte del país, se fugan los esclavos, y el caos se apodera del país.

En este proceso, Zamora se destaca en primer lugar, a pesar de su poca experiencia en el área, como un jefe militar, por sus proyecciones y estrategias muy bien formuladas, pero también se hace ver como un gran revolucionario, fiel a sus ideas pero consciente de lo que estaba promulgando, de sus objetivos y de lo que podía estar por venir. Fue un buen compañero de armas, muy unido a sus hombres de guerra, un abnegado compañero, y muy preocupado por sus pueblo, por su país.

Zamora es el cerebro de este nuevo ejército, unifica a casi todo un pueblo, y crea una fábrica de armas para sus hombres, los enseñó a cómo utilizarlas, seleccionó a los que iba a ser oficiales, y organizó un Estado Mayor. Zamora creó satisfactoriamente su ejército, y se fueron rumbo a San Francisco de Tiznados. Algunos de los que integraban el gobierno conservador, e incluso, los que también integraban el ejército del mismo, propusieron hasta los más inhumanos planes para derrota al ejército de Zamora, como por ejemplo, quemar todos los ranchos y conucos, sin embargo y a pesar de todas estas movilizaciones, Zamora derrota consecutivamente a sus adversarios en 20 acciones guerrilleras y en la batalla de Cantaure. La demostración de fuerza del gobierno a resultado ineficaz. Es una guerra entre explotados y explotadores. El general  Páez,  se dedicó a armar mejor su ejército, fortalecerlo ante el de Zamora.
  
Es así, como a principios de 1847  Zamora enferma gravemente, primero de fiebre amarilla, y luego de tifus y esto es aprovechado por los oligarcas y es  derrotado el ejército soberano, por el ejército del Estado. Esa acción fue celebrada y aplaudida por los afectos al gobierno y todos lo que integran el mismo. Aunque a pesar de que el gobierno conservador venció en esta batalla, continuó la fuga de esclavos, criados y ciervos de las haciendas  y comenzaron a pedir recompensas para la captura y entrega de los insurrectos al gobierno. Por un momento pensaron que  Zamora había muerto, pero él escapó, y al enterarse de ello promovieron una persecución, hasta que fue capturado el 26 de marzo de 1847.

Zamora fue condenado a cadena perpetua y tuvo que rendir declaraciones en Villa de Cura. “El 5 de abril de 1847, le pusieron bajo la autoridad del Juez de 1ª Instancia del 4º circuito, que era el de Cura, por disposición del General en Jefe del Ejército, y desde el 8 empezó la causa en este Tribunal hasta el 27 de julio en que fue sentenciado a muerte.” Zamora tuvo varios defensores para su caso, y para varias declaraciones que tenía la obligación de dar, se apeló la decisión en relación a la pena de muerte para Zamora y se abrió un debate para decidir cual pena debería cumplir. Mientras que eso pasaba, José Tadeo Monagas asume la Presidencia de la República y le conmuta  la condena a muerte.

Zamora, se escapa de la cárcel de Maracay, después de varios intentos de asesinato, y ataques hacia su persona, lo cual nunca se supo quién lo planificó. Luego se presentó el 24 de enero, al General José Tadeo Monagas, en pleno agite y ataques de la oligarquía para destituir a Monagas; por esa razón, éste le encargó de formar un batallón en Villa de Cura. Enseguida, Zamora cumple con las órdenes de Monagas, y forma ese batallón integrando a todo campesino o esclavo que se ofreciera como soldado, lo cual, no le fue difícil porque todos estaban dispuesto a luchar y batallar junto a él. Con esto, Zamora inicia su carrera militar, con la creación del batallón, y su nombramiento como Comandante de Milicias Nacionales, en el cual, participó en varias campañas contra los oligarcas, en los llanos, en el Zulia y Mérida, entre 1848 y 1849, bajo el mando de Monagas y Santiago Mariño.

Durante el régimen del General José Tadeo Monagas, se rompieron relaciones con el gobierno conservador y se unió a los ideales del liberalismo, como prueba de ello, fue la decisión aplicada por la presidencia de los Monagas, que fue la abolición de la esclavitud. En una ocasión Zamora tuvo que batallar en contra de los rebeldes oligarcas por un atentado que sufrió José Tadeo Monagas, y participó también en algunas rebeliones de los partidarios oligarcas, con atentados en contra de otros miembros del gobierno, para sabotear el régimen de Monagas.

En 1851, fue ascendido en su carrera militar, después de sus éxitos como líder de campaña militares en los años anteriores, es nombrado Coronel; en 1854 fue nombrado como General de Brigada y en 1856, fue nombrado como Comandante de Armas de la Provincia de Cumaná. Después de esto, Zamora se retiró temporalmente de la vida política por pequeñas diferencias con el gobierno liberal; se casó con Doña Estefanía de Falcón, hermana del General Juan Crisóstomo Falcón, y se fue a vivir a Coro con su esposa e hijos adoptivos. En 1858, asume se manera provisional la Comandancia Militar de la Provincia de Paraguaná, para luchar contra el contrabando armas que operaban los godos u oligarcas en varias partes del país, pero un suceso inesperado lo hace renunciar de manera abrupta: el golpe contra el gobierno de José Tadeo Monagas, en marzo de 1858. Julián Castro asume la Presidencia de la República. Por ende, desde el exilio en Curazao, Zamora conversó con sus amigos y propuso reiniciar una nueva insurrección dirigida al principio por él desde Curazao, y así ayudar a Juan Crisóstomo Falcón; Zamora les decía que había que aprovechar las elecciones provinciales para comenzar con la insurrección, ya que si esperaban, podía ser demasiado tarde. 

La Guerra Federal o Civil de 1859 hasta 1863, fue una de las guerras civiles más sangrientas que vivió nuestro país, dejando una huella importante en la historia. Fue conocida como la Guerra de los Cinco Años por su duración, y durante el curso de la guerra estuvieron gobernando los siguientes presidentes:

-1858-59 Julián Castro quien no puso manejar la situación y renunció a su cargo.
-1859 Dr. Pedro Gual quien también renunció.
-1859-61 Dr. Manuel Felipe Tovar quien fue derrocado por Páez.
-1861-63 Gobierna Páez por tercera vez, quien impuso una dictadura para poder oprimir la guerra, pero fue vencido.

LA GUERRA FEDERAL

La Guerra Federal o Guerra Larga, fue una lucha armada por la población civil, que sostuvieron los simpatizantes del pensamiento liberal contra el gobierno conservador. La guerra se desató en el año 1859 hasta 1863. Se llamó Guerra Federal porque el objetivo de la misma era crear un Estado federal, que cada provincia sea independiente y democrática, los liberales eran representados por una bandera amarilla que era la del federalismo.

CAUSAS DE LA GUERRA FEDERAL

Resumiendo Las causas son las siguientes:

1.- El reparto desigual de las tierras y la ganadería, estaban en manos de unas cuantas familias de caudillos militares que habían luchado en la Independencia.

2.- La miseria en la que vivían alrededor de cuarenta mil libertos (ex-esclavos) que, al no encontrar trabajo, habían regresado como sirvientes a las casas de sus antiguos amos o deambulaban por distintas partes del país en situación de miseria.

3.-Las prédicas de los liberales sobre la igualdad social, en contra de la desigualdad que se manifiesta por todas partes. Esto coloca al pueblo contra los conservadores y los propietarios de grandes haciendas y hatos.

4.-La crisis económica de 1858 tanto a nivel nacional como internacional. Como reflejo de esta crisis el país se hace deficitario, ya que los ingresos obtenidos por los productos de exportación disminuyen, puesto que esos productos bajaron de precio.

5.-La expulsión del país de los dirigentes liberales, quienes se refugiaron en las islas de Saint Thomas y Curazao, y formaron la Junta Patriótica de Venezuela.

Con la toma del poder de Julián castro, los liberales protestaron y no aceptaron el nuevo gobierno, porque vuelve la tiranía y la represión hacia el pueblo. Para ese momento, Zamora estaba en Curazao y se enteró de la situación por medio de sus compañeros y amigos que vivían en Venezuela; también tuvo contactos con los miembros del movimiento liberal quienes le dijeron que todos estaban dispuestos, incluyendo el pueblo, de enfrentar al nuevo gobierno y defender las medidas impuesta en los gobiernos de los hermanos Monagas.

Definitivamente Zamora, es el gran jefe de la insurrección, este; luego de dos días de comenzar la guerra, viaja a Coro el 22 de febrero y toma el mando del alzamiento y se une a sus compañeros en la lucha contra el gobierno de Julián Castro. Zamora fue recibido por muchísima gente quienes le demostraban su cariño, su agradecimiento y le manifestaban su apoyo, y es tanto así, que la insurrección se extendió por toda la Provincia de Coro y el Gobierno Provisional Revolucionario del Estado de Coro, lo nombró General de División y Primer Jefe del Ejército del Estado de Coro y del Ejército de Occidente. Con esta misión, Zamora se dedicó en la organización de las Fuerzas Armadas revolucionarias tanto de mar como de tierra, adquiriendo dos buques cuyos nombres eran “La Guaireña” y “El Coriano”, armó también sus estrategias, y otorgó las armas necesarias para su ejército de 2.000 hombres.

La Guerra Federal, se fue extendiendo por todo el país, se formaron guerrillas para atacar al ejército del gobierno, y todas la provincias venezolanas se levantaron, y se sublevaron los presos de la cárcel de Barinas. Zamora dirige su campaña hacia las ciudades del centro, tomó Valencia y deja a Coro libre en manos de su compañero, el Coronel Tirso Salavarría. En Valencia y a sus alrededores, Zamora destruye un pequeño ejército del gobierno; luego se dirigió hacia Morón y El Palito, en donde atacó a sus enemigos de una manera minuciosa y sorpresiva. Aquí en El Palito, Zamora destruyó totalmente a sus adversarios y fue gracias a su estrategia que fue la de ocultar todos sus movimientos por toda la costa con mucha sagacidad y reserva.

Después de este sangriento combate, se enterraron todos los muertos de los dos bandos, Zamora se dirigió hacia Yaracuy, pasó por los pueblos de Chivacoa, Urachiche y San Felipe para tomar la plaza, y luego el ejército federal se fue a Barquisimeto, plaza tomada por Juan Crisóstomo Falcón, quien a pesar de tener diferencias con Zamora, organizó junto con él, el gobierno de ambas ciudades. Pero con esta acción, no se pudo, todavía, conseguir sacar del gobierno a Castro; éste estaba preparando un ejército mayor para poder derrotar a Zamora, lo cual, este estuvo atento a cualquier ataque en Barquisimeto pero como no sucedió, se dirigió hacia los llanos centrales, y fue bien recibido en Araure, Guanare, y abrió una operación en la plaza importante de Barinas, la cual fue atacada en la madrugada, donde Zamora le dijo al General Escobar: “Viejo oligarca, godo miserable, no combatas con los enemigos de la República, ven a formar a nuestras filas, en las filas de la libertad”

BATALLA DE SANTA INÉS

Ezequiel Zamora, como General en Jefe y Generalísimo de los Ejércitos Federales de la República de Venezuela, tenía en mente librar otra nueva batalla: la batalla de Santa Inés. Con sus tropas se fue a San Carlos a promover esa lucha y llegó hasta Apure, convenciendo al pueblo de cooperar para la realización de esa batalla. Para ello, levantaron un plano de Santa Inés para ver como estaba formado ese territorio, y para ver hacia dónde se podían replegar toda la tropa; en donde podía construir trincheras y cómo sería su estrategia.

Santa Inés era un pueblito que estaba ubicado a 36 km de Barinas, en el Estado Barinas, comprendido por un conjunto de caseríos y ranchos construidos entre selvas y llanuras. La Batalla de Santa Inés es una de las batallas más importantes que se dio dentro de la Guerra Federal, la cual fue magistralmente dirigida por Ezequiel Zamora. Esta batalla se inició en 10 de diciembre de 1859, después de reunirse con su ejército en Guanare, luego de las batallas que libró con éxito en los llanos centrales, para crear un nuevo ataque y dominar totalmente a Barinas. Ezequiel Zamora y Juan Crisóstomo Falcón deciden trasladarse de nuevo a Barinas con sus fuerzas armadas, y son seguidos por el ejército central al mando del General Pedro Ramos, para perseguidor y batirlos. El ejército de Zamora se dirige por órdenes del caudillo, hacia La Palma a vigilar al enemigo, ya que el ejército de Ramos había pernoctado allí para avanzar hacia Santa Inés (sin saber lo que le esperaba allá), Zamora con creatividad e imaginación estudia militarmente el terreno de La Palma y vio las ventajas tenía el mismo para armar una estrategia, para acabar definitivamente con el ejército centralista.

La estrategia que armó Zamora consistía en una “acción retardatriz”, es decir, un movimiento de las tropas de Zamora en retroceso, repartidos en varios puntos:

 1) La Palma; 2) Trapiche; 3) Caño El Palito; 4) La Encrucijada y 5) Santa Inés.

Zamora colocó a sus tropas en líneas en cada zona antes mencionadas, cuyos terrenos eran difíciles de visualizar, con muchos obstáculos naturales… Zamora con esta estrategia quería hacerle creer al ejército de Ramos que en cualquier momento se podían conseguir a las fuerzas liberales y atacarlos en cualquier momento. La idea era que mientras avanzara Ramos, retrocediera Zamora, haciendo que los hombres de Ramos se cansaran de atacar, debilitarlos progresivamente, y que no pudieran descifrar sus jugadas; y el objetivo final fue el acercamiento de las tropas de Ramos hacia un territorio meticulosamente conocido y estudiado por Zamora, para que fuera destruido y recibiera las descargas dirigidas por Zamora de una manera sorpresiva y sin escapatoria.

Ese territorio conocido por Zamora y donde ocurrió esa gran derrota del ejército de Pedro Ramos, fue en el pueblo de Santa Inés. El triunfo de Zamora fue gracias a su estrategia muy bien planeada y por la gran imaginación que este poseía. Zamora logró engañar a las fuerzas del gobierno llevándolos a un camino sin salida, quedando alrededor de 300 moribundos del ejército de Ramos. Esto constituyó un gran desastre para las fuerzas armadas del gobierno, por el gran número de muertos y prisioneros. En cambio, las fuerzas de Zamora quedaron fortalecidas gracias a esa posición retardatriz que asumieron, porque ninguno de los ataques les llegó directamente a sus hombres. Zamora burló al enemigo y lo destruyó haciendo temblar a la oligarquía. Ese fue el gran triunfo de Ezequiel Zamora.

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE ZAMORA 

Zamora continuó con sus planes hacia el centro, su objetivo fue la de reinstalar el poder democrático en Guanare, Araure y pueblos cercanos; hasta que continuó su camino hacia San Carlos. Los defensores de San Carlos estaban enterados de todo lo que había pasado en llano adentro, de la derrota de la oligarquía y de su ejército en Santa Inés. La operación de Zamora en San Carlos comenzó el 3 de enero de 1860 y comentó sus planes a todos los revolucionarios de La Sierra de Carabobo, Llanos del Guárico y Sierra del Sur, en Aragua, en donde pidió colaboración a que se incorporaran junto con su ejército hacia el objetivo final: tomar Caracas. Zamora toma la plaza de San Carlos y poco a poco cayó el poder de la oligarquía allí. Los federalistas atacaron las fortificaciones y ocuparon varias de las plazoletas de esa ciudad. Esa acción fue esperada por Antonio guzmán Blanco y Juan Crisóstomo Falcón porque al ocupar la ciudad por el Ejército de Zamora, el pueblo proclamaría a Falcón Presidente Provisional de la República.

El ambiente en San Carlos olía a traición, Zamora no la intuía, pero no dormía tranquilo… creía que no le podía pasar nada malo después de salir airoso de tanta situaciones bélicas. A un mes de aniversario del triunfo en la batalla de Santa Inés, y esperando recibir una capitulación por parte de los defensores de San Carlos, éste salió a organizar dicha entrega de rendición, a San Carlos, temprano en la mañana. Luego se fue a casa de la familia Acuña en donde iba a almorzar pero tuvo que salir repentinamente y les dijo: “ya vengo…” Esas fueron sus últimas palabras… cerca de unas trincheras ubicadas cerca de la Iglesia de San Juan, territorio dominado por el ejército federal, muere Zamora el 10 de enero de 1860, a causa de una bala en la cabeza, cerca del ojo derecho, que provenía de quién sabe dónde… Se dice que Zamora fue vilmente asesinado por un Coronel de apellido Morón, y que los autores intelectuales del asesinato fueron sus “amigos” Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, por intereses particulares.

El pueblo no pudo creer lo sucedido, estaba consternado, el panorama había cambiado para el ejército federal y para el pueblo. Juan Crisóstomo Falcón tomó el mando de la Guerra Federal que terminó en 1863. Los restos del General Ezequiel Zamora se encuentran en el Panteón Nacional. Dentro de la memoria del pueblo venezolano siempre se ha recordado a Ezequiel Zamora, quien queda en la historia como un gran revolucionario, valiente y con mucho ímpetu. Zamora simboliza, como ningún otro prócer de nuestro país, la igualdad social y la insurrección armada para lograr esa igualdad, esa justicia entre todos los venezolanos. Ezequiel Zamora, es el gran líder y caudillo que impulsó la democracia de nuestro país y el trato justo hacia toda la clase humilde y campesina de nuestro país.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

-VILLANUEVA, Laureano, Vida del valiente ciudadano General Ezequiel Zamora, Oficina Central de Información, Caracas, 1975.
-BRITO FIGUEROA, Federico, Tiempo de Ezequiel Zamora, Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, Caracas, 1996.
-NAVARRO, Emilio, La Revolución Federal 1859 a 1863, Oficina Central de Información OCI, Caracas 1976.


domingo, 16 de enero de 2011

DOCTOR JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ



EL VENERABLE

José Gregorio Hernández Cisneros (Isnotú, Trujillo, 26 de octubre de 1864 - Caracas, 29 de junio de 1919), fue un médico y científico venezolano, solidario con los más necesitados, tanto que muchos latinoamericanos lo consideran un santo a pesar de no estar beatificado por la Iglesia Católica. Murió de forma trágica, cuando golpeado por un automóvil, cae al suelo y se golpea la cabeza con el borde de la acera, en la esquina de Amadores, La Pastora, Caracas, Venezuela, pueblo hoy integrado en Caracas. Sus restos reposan en el Templo de la parroquia La Candelaria de esta ciudad, después de estar por mucho tiempo en el Cementerio General del Sur. Era la tumba más visitada de dicho cementerio.

Actualmente está en proceso de beatificación y canonización, logrando en el año 1986 que el Papa Juan Pablo II lo declarara "Venerable".



José Gregorio Hernández Cisneros nació en Isnotú, una pequeña localidad ubicada en el estado Trujillo, en la cordillera Andina, en el occidente del país, siendo el primero de seis hermanos, hijo de Benigno María Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mansilla, de ascendencia colombiana y española respectivamente. Toda su infancia la pasó en su pueblo natal pues su padre era dueño de un comercio en la localidad, posición bastante elevada para el momento.

A los 13 años de edad, José Gregorio manifestó a su padre su deseo de estudiar la carrera de Leyes; sin embargo, su padre le convenció para que estudiara medicina. Para ello tuvo que trasladarse a la ciudad de Caracas para realizar sus estudios de bachillerato. Al llegar a la capital, inició sus estudios en el Colegio Villegas, uno de los más prestigiosos colegios de la época, el cual era dirigido por Guillermo Tell Villegas. Pasando su estadía dentro de las mismas instalaciones del colegio, el joven José Gregorio creó lazos de amistad con el director y su esposa.

El 28 de junio de 1888, Hernández recibe el título de medicina en la Universidad Central de Venezuela, luego de graduarse, el Gobierno de Venezuela le otorga una beca que le permite viajar a París, a los fines de profundizar su conocimiento en áreas más aplicadas de la medicina que para dicho momento no eran bien conocidas en el país.
Para noviembre de 1889 ya se encontraba cursando estudios en el laboratorio de histología de Mathias Duval. Durante dichos estudios, José Gregorio profundiza en las áreas de Microbiología, Histología Normal, Patología, Bacteriología y Fisiología Experimental, entre otras. Terminados sus estudios en esa ciudad, solicita permiso y se traslada a Berlín a estudiar histología y anatomía patológica y seguir un nuevo curso de bacteriología. Culminados sus estudios, Hernández regresa a Venezuela a fin de ingresar como profesor en la Universidad Central de Venezuela en Caracas, además, aprovecha para traer valiosos equipos médicos al Hospital Vargas. Fue él quien introdujo el microscopio en Venezuela por primera vez.

En 1891, el Doctor Hernández regresa de Europa, y en noviembre de ese año, comienza su actividad como docente en las cátedras de Histología Normal y Patológica, Fisiología Experimental y Bacteriología, de la Universidad Central de Venezuela (UCV) fundador de ambas, hay que destacar que al culminar sus estudios de postgrado en París y Berlín le fue delegada la responsabilidad de adquirir con recursos del Estado venezolano los materiales necesarios e indispensables para instalar "El Laboratorio de Fisiología Experimental" en Caracas, así como la adquisición de la bibliografía que fuera necesaria para la apertura de las cátedras mencionadas en la UCV, labor que cumplió con empeño, honestidad, y eficiencia propias de su persona. Fue él quien introdujo el microscopio en Venezuela, y muchos de los instrumentos que trajo de Francia, según el testimonio del Dr. Augusto Pi Suñer se encontraban en uso para su época. El 14 de septiembre de 1909 es nombrado profesor de otra Cátedra, esta vez la de Anatomía Patológica Práctica, la cual funcionó anexa al Laboratorio del Hospital Vargas, y de la cual se encargó hasta la creación de la Cátedra de Anatomía Patológica de la Universidad Central con asiento en el Instituto Anatómico y que fue regentada por el Dr. Felipe Guevara Rojas, en 1911.

Dr. José Gregorio Hernandez (1864-1919). Fotografía tomada por RATB de la original que se exhibe en la Academia Nacional de Medicina, donde el Dr. Hernandez ocupó el Sillon Nº XXVIII. Palacio de las Academias. Caracas. Venezuela.

No sólo fue el fundador de la Cátedra de Bacteriología, puesto que también fue la primera persona en Venezuela en publicar un trabajo de dicha disciplina, denominado “Elementos de Bacteriología” en 1906. La cátedra de bacteriología fue la primera que se fundó en América. Es con él cuando comienza la verdadera docencia científica y pedagógica, a base de lecciones explicativas, con observación de los fenómenos vitales, la experimentación sistematizada, prácticas de vivisección y pruebas de laboratorio. Introdujo el microscopio y enseñó su uso y manejo; coloreó y cultivó microbios; hizo conocer la teoría celular de Virchow. Fue además, un gran fisiólogo y un biólogo eminente, pues conocía a fondo la física, la química y las matemáticas, ciencias básicas y trípode fundamental sobre la que reposa toda la dinámica animal. Las aplicaciones prácticas de esas experiencias, las supo poner al servicio de la finalidad suprema de la medicina, que no es otro que curar enfermos y proteger la vida.


Su labor docente fue interrumpida en dos oportunidades. La primera cuando decide hacerse religioso en el monasterio la orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta, a la cual llegó el 16 de julio de 1908, y de la que regresó el 21 de abril de 1909, para que en mayo de ese año reincorporarse a sus actividades académicas en la Universidad. La segunda vez que interrumpió sus actividades docentes fue a partir del primero de octubre de 1912 cuando el gobierno dictatorial del General Juan Vicente Gómez decreta el cierre de la Universidad, ya que ésta se había puesto en contra de dicho tirano. En enero de 1916 al crearse la "Escuela de Medicina Oficial" que funcionó en el Instituto Anatómico en la esquina de San Lorenzo. Hubo otra corta interrupción, pero esta vez sin apartarse del ámbito académico, ya que en 1917 viaja a las ciudades de Nueva York y Madrid a realizar estudios; de sus Cátedras queda encargado temporalmente su ilustre discípulo el Doctor Domingo Luciani. Reinicia su actividad docente el 30 de enero de 1918 hasta el día sábado 28 de junio de 1919, el cual fue la víspera del trágico día en que ocurrió el accidente que le segó la vida.


ESQUELA DE JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ


Era conocido como un profesor culto (hablaba francés, alemán, inglés, italiano, portugués, dominaba el latín, era músico, filósofo y poseía profundos conocimientos de teología), exigente y se caracterizaba por la puntualidad en el cumplimiento de sus deberes profesorales. Formó una escuela de investigadores quienes despeñaron un rol importantísimo en la medicina venezolana. Discípulos de Hernández fueron el Dr. Jesús Rafael Risques, quien fue su sucesor en la Cátedra de Bacteriología y Parasitología, Rafael Rangel (1877-1909) considerado como el fundador de la parasitología nacional. Es sabido que de la mano de los Doctores Mathias Duval, Isidro M Strauss, y Charles Robert Richet, (este último el 11 de diciembre de 1913, fue galardonado con el Premio Nóbel de Medicina por sus investigaciones sobre Anafilaxia), los conocimientos teóricos y obtuvo el dominio de las técnicas histológicas, en boga para esa época, así como adquirió los conceptos básicos sobre la embriología, así como se encontró en posición de introducir en las últimas décadas del siglo XIX las ideas y el método experimental debido a Claude Bernard. Con estas herramientas adquiridas en Francia, Hernández introduce y establece el método experimental en Venezuela.


Aunque Hernández sólo escribió trece trabajos científicos, una cantidad poco numerosa, la Academia Nacional de la Medicina (de la cual fue fundador) le reconoce, que su trabajo reviste significativa importancia por: su capacidad como clínico de someterse al rigor del método anatomoclínico que la escuela francesa había llevado hasta el cenit en su aplicación (como en los casos presentados por Hernández sobre tuberculosis, neumonía, y fiebre amarilla). Su capacidad de manejar los recursos derivados de las técnicas complementarias de diagnóstico (los datos de la histología patológica, de la bacteriología, de la parasitología y de la fisiología) para lograr una cabal interpretación de los procesos patológicos presentes en el paciente. Su capacidad para crear hipótesis novedosas (los datos de hematimetría en los sujetos de nuestro medio, la descripción de una nueva forma de "angor pectoris" de origen palúdico). El Dr. Juan José Piugbó, de quien tomamos las ideas centrales de esta parte de este artículo, escribió muy sabiamente: “Su faceta religiosa con todo lo encomiable que sea considerada en el plano místico, no debe opacar el inmenso aporte que realizó a la ciencia médica venezolana".

A pesar de no ocupar algún cargo dentro del clero de la Iglesia, José Gregorio era un ferviente creyente del catolicismo, por lo cual de creer haber cumplido para con su familia, la ciencia y su país, decidió avocarse a la vida religiosa, en el año 1907 luego de discutir el caso con el arzobispo de Caracas para ese entonces, Monseñor Juan Bautista Castro, envía una carta al Prior de la Orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta cerca de Lucca, Italia. Por su parte, Mons. Juan Bautista Castro también envía una carta de recomendación al prior en donde le solicita la admisión de José Gregorio a la orden.

Habiendo cumplido con sus compromisos y también con su familia, a la cual se trajo a vivir en Caracas y la ayudó a encaminarse, Don Gregorio quiso llevar a cabo su vocación religiosa. Se embarcó rumbo a Italia con la intención de ser monje de clausura y así dedicarse sólo a Dios en la oración. En 1908 entró en la Cartuja de Farneta tomando el nombre de Hermano Marcelo. Pero nueve (09) meses después de su ingreso, se enferma de tal manera que el Padre Superior ordena regresar a Venezuela para recuperarse. Gregorio por su parte nunca cedió en su amor por la Iglesia y la vida religiosa. Decía que el sacerdocio es "lo más grande que existe en la tierra".


Llega a Caracas en abril de 1909 y ese mismo mes recibe permiso para ingresar en el Seminario "Santa Rosa de Lima". Sin embargo sigue anhelando la vida radical del monasterio. Pasados tres (03) años, decide intentar de nuevo. Esta vez se embarca para Roma con su hermana Isolina. Ingresó en los cursos de Teología en el Pontificio Colegio Pio Latino Americano pensando así prepararse para el monasterio. Pero una vez más sus planes se vieron frustrados por la enfermedad: una afección pulmonar que le forzó retornar a Venezuela. Don Gregorio ya no intenta más la vida religiosa. Comprende que Dios lo llama a la vida seglar. Asì que ingresa a la Orden Franciscana Seglar. Será un seglar católico muy ejemplar, sirviendo a Dios en sus hermanos desde su vocación de médico, pues así también se puede y se debe ser santo.


Por sus acciones, el pueblo venezolano constantemente ha venerado al Dr. José Gregorio, pidiéndole favores y atribuyéndole milagros, hecho por el cual la Iglesia Católica venezolana inicia en el año 1949 el proceso de beatificación y canonización por parte del Arzobispo de Caracas, Monseñor Lucas Guillermo de Castillo ante el Vaticano. Luego de iniciado el proceso, y completado los primeros casos, el Dr. José Gregorio es nombrado venerable por parte del papa Juan Pablo II el 16 de enero de 1986 y se inica el próximo paso que lo llevaría a la beatificación. De completarse el proceso, se convertiría en el primer santo de procedencia venezolana. Y el tercer beato este país tiene 2 beatos y varias religiosas venerables.

Santuario de José Gregorio Hernández - Isnotu (Edo. Trujillo)
La beatificación del Dr. Hernández es actualmente una meta que espera alcanzar parte de los feligreses católicos así como la iglesia católica venezolana, por lo cual, en diversas partes del país, se rezan diversas oraciones para pedir por el pronto nombramiento de José Gregorio como Santo.

ORACIÓN

Los creyentes de José Gregorio Hernández utilizan diversas formas para rezarle y pedirle favores como trabajos, amor, o la cura de enfermedades. La oración más popular es la que se transcribe a continuación, la cual viene en la forma de una petición para que Hernández sea convertido en santo.
Oh Dios misericordioso, que te has dignado escoger a Venezuela para ser la Patria de tu siervo JOSÉ GREGORIO, quien prevenido por tu gracia practicó desde niño las más heroicas virtudes, en especial una fe ardiente, una pureza angelical y una caridad encendida, siendo ésta la escala por la cual su alma voló a tu divino encuentro cuando recibiste el holocausto de su vida.
Concédenos que brille pronto sobre su frente la aureola de los santos, si es para tu mayor gloria y honor de la Santa Iglesia. Te lo pedimos por los méritos de Cristo Nuestro Señor. Amén.



Aunque por otra parte el rezo u oración diaria es la siguiente:
¡Oh Señor Dios mío que todo lo puedes!, y que habeís acogído en tu seno a vuestro amado siervo José Gregorio, que por vuestra gran misericordia le diste el poder de curar a los enfermos en este mundo, dadle, Señor, la gracia de curarme, como Médico Espiritual mi alma y mi cuerpo sí ha de ser para tu gloria. Te pido esto, ¡Señor Dios mio !, en nombre de tu amado Hijo quien nos enseñó a ORAR diciendo: "padrenuestro..."


REFERENCIAS CONSULTADAS